Vida y naturaleza en la obra poética de Juan Manz

Ignacio Mondaca

Intentar hacer una relatoría del quehacer poético de Juan Manz es tarea mayúscula porque sus libros son panal de luces que deslumbra, tanto por el extenso litoral que los contiene como por el universo temático y semántico que los excede.

Pretender resumir la aventura lírica de Juan Manz en unas cuantas cuartillas es una tarea que corre un riesgo enorme: el de adentrarse en un laberinto cuidadosamente construido en el que, embelesados por la filigrana de sus paredes, resulte fácil extraviarse.

Hablar de la obra de Juan Manz nos remite a un trabajo con el lenguaje que data de 1982 cuando publicó la primera edición de Oro verde. Este poemario marcará de alguna manera la trayectoria del poeta cajemense que despliega sus versos entre los surcos del pujante Valle del Yaqui; el heraclitiano río que lo nutre y su pernocta bajo los cielos claros y húmedos del sur de Sonora.

Orfebre de “la casta trigal”, para decirlo en lengua de Abigael Bohórquez, Manz abreva del milagro de la Naturaleza que provee de alimento y espíritu a la vida humana. Su universo semántico es el verde del trigo que rompe las cadenas de la tierra e irrumpe bajo el cielo buscando “ser mordido” en su avatar de espiga. Trigal en fuga que enriquece el cofre dorado de un sol que la voz poética nos presenta como amigo.

Manz reconoce la deuda con su patria de tierra cuando proclama en Herencia ciega:

He bebido, valle inmenso de tu vientre,

He arrastrado por tus surcos mis rodillas,

Y mis manos encallaron en tus manos,

Y mis venas navegan tus sentidos.

(…)

Soy objeto del milagro de la siembra,

Del cultivo y el agua de la vida

Este Oro verde, marca sagrada del origen, del surco vital del poeta, será también puente hacia trabajos posteriores como Padre Viejo y Tres veces espejo, de 1996, que clama en su

Dolor de andamio

(fragmento).

Este día vengo a escuchar la noche

la oratoria de la fauna

que vuela exacta y ordenada

Extendiendo su discurso de paloma

a jalar el arado azul

que labra el firmamento

Otros poemas de Tres veces espejo reverberan también en su semántica de campo agrícola: Así lo proclaman los poemas Fuente de Trigo, Soles, Trigo de carne o Equilibrio del agua.

La semilla de Oro Verde aflora densa y más elaborada en el poemario Padre Viejo, de 1999. Canto y lamento, tributo al génesis del Valle, epopeya de una tribu indómita que gravita en las palabras Itom Áchai, Padre Viejo. Sordo tambor que acompaña una cauda de imágenes que conocemos pero que ahora es reescrita y renovada: Cito un fragmento de Inédita Nave:

     Códice vegetal

espejado espejo en la vigilia de la harina

yergue la serpiente que se sueña mariposa

            en su paciente espera

no para morder, para ser mordida.

Diálogo de voces en los libros. Ahora salpicado con la sangre de la muerte. 1969, año infausto que Padre Viejo recoge como se recogen las letanías en los sepelios, memorizadas a fuerza de escucharlas una y otra vez. Cito un fragmento de Maso adormilado, la pérdida del padre amado.

Cuánto deseo de regresar te grito

hasta la memoria desamparada en el silencio

del sueño que ya cumplió tus 29

(…)

No hay modo de evitarte,

no hay mil trescientas una maneras

de soslayar en mi conciencia

este abril 30 de sol rojo y áurea espiga, otra vez triste.

Lejos van quedando, sin embargo, las líneas de aquel Oro verde fundante. Su modo y compromiso en Tres veces espejo y Padre Viejo preludian otra forma de entender la poesía. Se gradúa el poeta en el arte del verso, habiendo pasado ya por el octosílabo y el endecasílabo; ahora libre de las ataduras de las formas clásicas; ahora más diestro en el manejo del símbolo y la imagen.

Así lo preconiza en Agua reparada (2001) donde continúa el diálogo interior de los orígenes con Oro Verde y Padre Viejo. Mas sin embargo, con un clarividente peso del oficio que se afila y perfecciona.

En Para repasar el círculo, las reflexiones de esta voz que nos presenta Juan Manz entran en los terrenos de la filosofía, la cotidianidad urbana, la inherencia de quehacer poético, el amor de los esposos, la ventura de los hijos. Los temas se multiplican ahora con una intención reposada y una cuota innegable de sabiduría.

En el poema Polos dispares, la voz poética nos refiere:

La verdad,

qué privilegio nacer poeta,

     con la punta del alma

en una aguja.

Primeras andanzas

Y aquí regreso un poco en el tiempo. Quienes conocieron sus primeros pasos por el arte poética  sabrán de los poemas marginales, marginarios, de Juan, aquellos de valiente rima que fueron abonando en el camino la trayectoria del poeta: mástiles de cercos ganaderos: estoicos, permanentes.

En este tenor, en Dos tercetos, de junio de 1980, Poemas al margen evoca:

Porque se mojan tus ojos

Cuando les hablan mis labios,

Sé, que me quieres, mi niña.

 

Como se mojan los míos,

Al sentir en mis palabras,

La comunión de las almas.

Exhausta la temporada de su Oro verde, como la del trigo, en Con un rumor de canción llega nuevamente el hálito de la rima del inicio, el paulatino abandono de la métrica y la rima tradicionales se compensa en la búsqueda y la exploración.

Así lo hace ver Sueño de marea, decantado en octosílabos.

Como la brisa marina

que me estimula la piel,

va estimulando a mi ser

una caricia perdida

 Como ola que despierta

del sueño de la marea,

va despertándose en mí

la fibra que está dormida.

 Como el sol, al fin descubre,

de la sombra, azul el mar,

el azul del horizonte.

 Así, descubre mi alma,

del color de tu sonrisa,

su deseo de cantar.

Estos versos del inicio, si se nos permite este calificativo, nacen de un lirismo que seduce tal vez por su ingenuidad, poemas que brotan de este magma interno que muy pronto encontrará nuevos filtros donde escanciarse. Vallejo, Huidobro, Neruda, pero, como el mismo poeta confiesa, Walt Whitmann ante todo, poeta del universo natural y el aborigen con el que el poeta sonorense firma y confirma contrato de por vida.

Llegará entonces la poesía de Juan Manz del siglo XXI, la de un ojo que se desprende de su tierra, de la tierra, para asombrarse con la luminosidad de otras latitudes.

Panal de luces, a semejanza de Poeta en Nueva York, de García Lorca, presenta otra cara del mundo pero, ante todo, otra manera de mirar el mundo. Nueva York y el primer mundo son descubiertos ahora con versos conversos. La calle 42, la Zona Cero, Manhattan, el jazz, La marcha de los Santos, (Oh    when de Saints   fo marching in), Broadway, el restaurante italiano y Times Square aparecen ahora entre las líneas del asombro de la voz lírica.

Calle 46

            Manhattan

cercano a Broadway:

 un restauran afgano

            en plena babel de hierro;

una bandera estadounidense

de punta en lanza

pendiendo de su fachada.

presentándole sus respetos

al transeúnte en turno…

 Bien pudiste ser tú en aquel septiembre.

Igual que los vocablos yaquis de Padre Viejo, ahora los anglicismos despiertan la curiosidad y la sorpresa y son traductores de otros espacios para beneficio de este laberinto en construcción.

Lejos queda también el año de 1984, cuando Con un rumor de canción salió a la luz.

Cito unos versos de éste sólo para contrastar el modo  y la distancia

 Prefacio

 Doliente corazón, flujo en las venas

Alimenta mi ser con tu alegría,

Despiértale del sueño de las penas,

Recuérdale que existes todavía.

Regresando al siglo XXI: Tuve la fortuna de editar un poemario de Juan Manz, a propósito del homenaje que le tributó la Feria del Libro Hermosillo 2013.

Hablo de Trashumo de mirada. Madurez poética que encarna la voz de las estatuas: La del David de Miguel Ángel, mirada de viaje que se evoca a partir de la excelsa obra del escultor renacentista. El lector encontrará aquí el despliegue de un poeta contemporáneo, liberado de toda atadura formal y comprometido con el solo oficio de jugar a sus anchas con el lenguaje y sus connotaciones:

Y para qué mentalizo demasiado

para qué pienso tanto en las palabras

todos somos metemanos en el mito

y por eso

poseemos cierto poder

y certidumbre

cierta inclinación a creer

la historia que mejor nos cuente

 

Y para ser sinceros

en muchas ocasiones

escribientes o no

aspiramos a crear dioses

y en firme

juramos mano en piedra

que en nosotros alienta

una divinidad oculta para otros.

Imposible abarcarlo todo. He dejado de lado Balada de tierra adentro y a su hermana mayor Sonata de Tierra adentro, así como Molinar sin aspas, parte fundamental de la producción de Juan, pues los comentadores lo abordarán desde su propia voz.

Se quedan también en el tintero Dispensario y Madera la mañana porque no somos dueños del tiempo y habrá ocasión de detenernos en estos abrevaderos en otro momento.

Finalmente, queda una deuda pendiente: La prosa de Juan Manz. Tal vez sea prudente nombrarla prosa poética porque dos obras narrativas no publicadas de nuestro poeta, que he tenido la fortuna de leer y de las que no revelaré los títulos, aguadan el compás de las imprentas.

Espero que un día no muy lejano, Juan Manz decida publicarlas y nos sorprenda así con otras voces de su canto. A manera de colofón dejo esta muestra:

ANTECARA

“¡Padre, cuénteme al oído lo que mira, eso que desborda por los ojos ¿Qué ritmos febriles rasgan sus venas con música de fuego?–

 El príííncipe…  el príííncipe… monologaba como en éxtasis, dominado por la fiebre, aquel hombre todo fuerza que ahora yacía atado al lecho como si la vida, en un sobrehumano intento, aún quisiera retenerlo. Pero su espíritu ya trashumaba los limbos más delgados, donde el verde emite su instantáneo rayo y, en medio de la luz, se pierde horizonte en su linear en curva.

Sus nervios se aflojaron. En un postrer instante de alivio y lucidez, pareció descansar de un largo viaje en una cama mullida por esquilmos de trigo recién segado; al fin pudo recostar en ella el dolor que lo atravesaba desde la periferia hasta el fondo de su abdomen: tono hinchado en apretujada escala serpentina. Entonces sus pulmones inhumaron los últimos rescoldos de la fiebre, revolcándose en cenizas propias”.

 

*Texto leído en Ciclo de presentaciones de ESAC. Obra y trayectoria de Juan Manz Alaniz. Museo de Arte de Sonora. 14 de noviembre de 2018.

2 Responses to Vida y naturaleza en la obra poética de Juan Manz

  1. Nacho Mondaca consigue mostrar con palabra potente la obra de Juan Manz. El repaso no sólo muestra la obra sino el proceso que transitó Manz, no salta estaciones de la obra manziana y alecciona paso a paso la espiral evolutiva del poeta-hombre.
    No tengo dudas, es con mucho una de las mejores exposiciones de la poesía de Manz que he leído: la riqueza léxica, el genio de Mondaca en el riego perfumado de tinta polícroma, el conocimiento de los intríngulis de los libros de Juan Manz, el ojo poliédrico del escritor, poeta, editor, publirrelacionista y trovador liberal, así como la revisión crítica de las minucias o la contemplación del conjunto de los signos manzianos.
    A esta altura ya no sé si felicitar al poeta Juan Manz o al presentador Ignacio Mondaca, pues en esta efusión ambos descuellan con luces propias.
    Fuertes abrazos a ellos y gracias a Mamborock por ser el mensajero.
    Jesús Noriega

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