Un poema nacido de la tristeza, de una pérdida irreparable

Laura Delia Quintero. Foto: Juan casanova

Martín Salas

Con la intención de trazar la historia de la literatura Sonorense a través de las voces de escritores y escritoras, el ciclo Protagonistas de la Literatura Sonorense abrió un sendero hacia la obra poética de Laura Delia Quintero García, autora de Sobre las huellas del polvo (Casa de la Cultura, 1988), Construyo tu cuerpo (ISC, 1997), Caleidoscopio de Hai-kais (La Cábula, 2005), Escrito sobre el fuego (UNISON, 2007), Semillas de yodo y sal ( UNISON, 2007) y Galería de instantes (ISC, 2007).

La maestra de la PREVOCACIONAL y Licenciada en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora fue entrevistada por el escritor y periodista Carlos Sánchez el día 11 de abril a eso de las 5 p.m. en las instalaciones de la biblioteca Bartolomé Delgado de León de la Casa de la Cultura. El objetivo, brindar a los asistentes algo sobre la vida y trayectoria literaria de la escritora oriunda de Mazatlán, Sinaloa.

El Ciclo Protagonistas de la Literatura Sonorense inició el año pasado con dos escritores cumbres de la literatura local, los doctores Francisco González Gaxiola y Miguel Manríquez Durán.

Cabe mencionar que en 2007 Laura delia fue homenajeada en marco de la Feria del Libro de Hermosillo, he ahí la importancia de esta voz para las letras sonorenses. A continuación se enumeran los puntos que se consideraron más importantes dentro de la entrevista que se realizó y donde los espectadores también participaron:

El milagro de saber leer

Era 1948. Laura Delia Quintero García vivía entonces en Mazatlán, Sinaloa. Tenía seis años cuando hizo uno de los más grandes descubrimientos de su vida. En  ese entonces, su madre trabajaba como empleada doméstica para una familia acomodada. Era raro cuando Laura Delia podía acompañarla a sus labores, la mayoría de las veces la pequeña solía quedarse en casa a matar el tiempo con lo primero que encontrara, bajo el cuidado de una bondadosa vecina.

Un día, Doña Trinidad partió a hacer sus actividades como todas las mañanas, llevó de la mano consigo a su hija. Laura Delia, como todo niño de esa edad, ante el silencio, la soledad, empezó a impacientarse. Aburrida, empezó a explorar los rincones de una habitación. Puso atención a una revista que se encontraba sobre la mesa. En su pasta se dibujaba una niña con bucles, sombrero y vestido rojo de campana, zapato negro y calcetas blancas. “La tengo aquí, todavía en mi memoria, como si la estuviera viendo” expresa Laura Delia.

El libro le pareció tan atractivo que no pudo contener las ganas de hojearlo. Era un libro de muñequitos, ahora llamados comics. Los dibujos contenían unos globos con letras que empezó a deletrear por mera curiosidad. Laura Delia cursaba por aquellos días el primer año de primaria y se sorprendió al entender lo que ahí estaba escrito. Estuvo horas descifrando los diálogos hasta que terminó la historieta. La poeta cuenta el suceso como si se tratara de algo mágico, de un milagro: “Terminé con una gran alegría, con una gran satisfacción… apareció ante mís ojos el milagro de poder leer y  de poder entender lo que decía  la revista,  cosa que para mí fue como algo de magia… desde ese momento nació en mí el hábito de la lectura…”

De Sinaloa a Sonora

Nueve años tenía Laura Delia cuando llegó a la capital de Sonora. Su salida de Mazatlán no estuvo clara para ella en ese momento, fue años después cuando supo cuáles fueron los motivos que obligaron a Doña Trini a emigrar al vecino estado del norte. Aquella colonia no era un ambiente propicio para Laura. El lugar se encontraba en las periferias de la ciudad, arriba de una loma  llamada la “Montuosa”. Ahí la gente vivía a merced de las plagas por las marismas cercanas. Cuenta la maestra: “Todos los niños padecíamos de unas llagas que nos salían a consecuencia del calor y de la humedad”.

El lugar era una zona conflictiva como tantas en nuestra ciudad: Prostitución y drogas. Los pleitos no cesaban en aquel barrio. Tales circunstancias llevaron a la señora Trinidad a tomar esta decisión. En cuanto pudo consiguió un trabajo que costeara el transporte de ambas hacia Hermosillo. Esto no fue luego, ya que tuvo que indagar  bastante con alguna de sus antiguas patronas, hasta que una de ellas le dio señas de una buena oferta. Llegaron una noche en un vagón de segunda del entonces Ferrocarril del Pacífico.

La casa donde Doña Trinidad llegó para reunirse con su única hija, madre biológica de Laura Delia, era de la familia Coppel, ubicada en la calle Serdán, muy cerca de la esquina de Benavides. El letrero de El Banco Coppel estaba al frente de la calle y la casa familiar estaba al fondo. Laura Delia no tardó en perderse en las calles del centro, particularmente las que rodean el Mercado Municipal. Días después encontraron otro techo en una vecindad de la colonia San Benito, a unas cuadras del Hospital General.  Laura fue inscrita en la Escuela  Primaria Alberto Gutiérrez para que continuara sus estudios de tercer grado. Su acento cantadito, su uniforme gastado, le costaron una serie de malas pasadas por parte de sus compañeros de clase, quienes no la bajaban de “guacha”.

Así estuvo un mes, hasta que su madre decidió renunciar al empleo y cambiar de casa. Su nueva colonia, El Mariachi. Su nueva escuela, la Ignacio Ramírez, hoy CECYTES Mariachi, le brindó el calor que la anterior institución le había negado. Alejada ya de los prejuicios a los que se veía sometida por su clase social, pues   todos los niños y niñas en esa escuela vestían la misma pobreza, Laura Delia concluyó con normalidad sus estudios primarios. Desde entonces, comenta la autora: “Yo estoy feliz y encantada con esta tierra que me lo ha dado todo; refugio, educación, trabajo y mis mayores tesoros, mis hijos, nietos y bisnietos”.

El tango

Desde pequeña a Laura Delia le encantaron los poemas para niños con su “sonsonetito”. Mamá Trini era una mujer allegada al arte. Le gustaba mucho la música y sobretodo cantar. En aquellos días el teatro se presentaba en pequeñas carpas que llegaban a los pueblos a hacer sus presentaciones de dramas , comedías y sketches. Laura y su madre asistían seguido a eventos de este tipo. Lo hacían desde que estaban en Mazatlán. A Doña Trini también le fascinaba el tango, era inmenso el repertorio de canciones que conocía. Esto fue algo que influyó bastante en la prepúber Laura Delia. Hechizada por su métrica y musicalidad, adoptó esta forma argentina como uno de sus géneros musicales favoritos.

En primero de secundaria, durante una plática con uno de los maestros  de la entonces Escuela de Enseñanzas Especiales # 26, ahora la PREVO. Éste le preguntó sobre sus gustos musicales. Aquel señor enseguida descubrió el entusiasmo que el tango causaba en su alumna. Días después el mismo profesor llegó a su salón de clases y la mandó llamar desde la puerta, cuando ella salió a. su encuentro;  “Mira lo que te traigo” le dijo. Era un basto libro de tangos. Duró semanas con ese libro en mano, memorizando, encontrando la musicalidad y el ritmo en sus versos, admirando sus imágenes.

Muchos años después Laura Delia se explica con estos recuerdos su inclinación hacia las letras, particularmente hacia la poesía. Fue gracias al tango:

“…eran letras muy bien escritas y sobretodo, muchos de los tangos, la mayoría de ellos fueron escritos por grandes poetas argentinos. Eso yo no lo sabía, pero lo intuía. Me encantaban las letras, como se unían las palabras unas con otras. Pienso que desde allí se manifestó ese agrado, ese gusto por la musicalidad de la palabra.”

Alas de Búho

La vida profesional de Laura Delia inicia con una carrera técnica de cinco años para ser maestra de Adiestramiento Técnico en Industria del vestido- .En Esa carrera técnica no se llevaban ciertas materias necesarias para concluir la educación Media Básica, que permitiera acceder a la preparatoria. Sus estudios estaban enfocados, más que nada, en preparar al alumno para el autoempleo. Quien terminaba una carrera técnica salía preparado para el trabajo industrial. Una de las opciones de Laura, por ejemplo, era la de abrir un taller de costura donde se trabajara en serie o cadena. Sin embargo, ella empezó a trabajar como maestra de medio tiempo  en la misma escuela que estudió. Al paso del tiempo se casó y hasta enviudó. Con hijos pequeños y sin más ayuda que su preparación, se vio en la necesidad de continuar sus estudios para mejorar su situación económica

Así volvió a iniciar sus estudios de Educación Media Básica en la Escuela  Secundaria nocturna Club de Leones número dos. Posteriormente siguió con la preparatoria nocturna de la Universidad de Sonora.  En la última generación de su existencia, donde se graduó a mediados de 1977.. En un inicio quiso estudiar Leyes, pero no alcanzó ficha para la inscripción, ante esa dificultad, Laura Delia buscó otra carrera donde pudiera acomodarse, así fue como encontró la Escuela de Altos Estudios  donde todavía se estaban recibiendo estudiantes. El perfil de la carrera le prometía salir preparada como maestra de español y, como ella ya se encontraba dentro del sistema magisterial, decidió incorporarse e iniciar sus nuevos estudios universitarios.

Entrar a la Escuela de Letras fue un sueño para Laura Delia: “Yo nunca me hubiera imaginado que yo, Laura Delia, con treinta y siete años cumplidos, con cuatro hijos, viuda y con tanta responsabilidad encima pudiera algún día estar dentro de alguna de sus aulas como estudiante universitaria” . Terminó la carrera a los cuarenta y dos años. Ser parte de la Facultad de Filosofía y Letras fue un sacrificio que Laura disfrutó bastante. A base de mucho tesón, de muchos esfuerzos, logró sacar a sus hijos adelante, y al mismo tiempo se convirtió en una de las plumas más representativas de la región.

El principio del placer

Tenía diecisiete años cuando empezó a trabajar como maestra en la PREVO,  Allí conoció a otra maestra con la que trabajó en el mismo taller, con la cual  poco a poco entabló una buena amistad y a la que con el tiempo vino a considerar como una hermana, ya que convivieron por alrededor de veinticinco años. .Se preparaban para su jubilación, la cual, supuestamente, seria a los 30 años de servicio. Para esto, ella, su amiga, se  comprometió a construir una casita en Bahía de Kino, donde Laura Delia y sus hijos en su compañía, algunas veces acostumbraban a ir a casa de un pariente de ella. Todos estos planes se vinieron abajo cuando María Eduviges, que era su nombre se enteró que sufría cáncer de seno. La noticia cayó como balde de agua fría sobre ambas. Un año después la señorita murió.

La depresión invadió a Laura. Fue una muerte que le llegó “hasta la raíz”. No podía dejar que sus hijos la vieran en ese estado. Ante la represión emocional las palabras empezaron a rondar en su cabeza. Llegó el momento en que fue necesario sacarlas a la luz; tomó una pluma y una hoja, donde se desbordó el sentimiento. Esa fue la primera vez que Laura Delia plasmó un texto. No sabe si lo hizo mal, si le faltó o le sobró, el caso es que escribió su primer poema, “un poema nacido de la tristeza de una pérdida irreparable”, subrayó.

¿Por qué la poesía?

La poesía es el género que se adapta más a la personalidad de Laura Delia Quintero. A su forma de sentir, pensar e interactuar. Además, gran parte de los primeros talleres literarios que tomó en la Casa de la Cultura eran de poesía. Esto no quiere decir que la maestra deje de lado la narrativa. La narrativa le ha servido como una panacea, como un salvavidas que la ha aliviado en momentos difíciles. Se ha atrevido a escribir cuento, algunos han salido por ahí “como cuenta gotas”, menciona. Uno de sus iconos narrativos es Gabriel García Márquez. Específicamente dos obras, Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera: “Cuando entré a la escuela de letras no entendía de qué se trataba (Cien años de soledad) me parecía una lectura absurda, hasta tiempo después puede descubrir las maravillas del movimiento  literario del Realismo Mágico.”

Escrito sobre el fuego

Editado por la Universidad de Sonora en 2007, ha sido el libro que ha dejado a Laura Delia un buen sabor de boca. No quiere decir que sus demás títulos no le hayan dado gran satisfacción: “…cuando uno pare hijos, todos le parecen bonitos…” afirma irónicamente. Ella siente que es su producción más madura, y por lo tanto, con la que más se ha sentido cómoda.

Sonora y la literatura

Laura Delia opina que la literatura sonorense está tomando un auge que no había tenido antes. Admira las propuestas de muchos jóvenes y no tan jóvenes y de otros menos, menos jóvenes aún que se han involucrado en este ámbito. No le gusta entrar en favoritismos, por ello no habla de la obra de algún sonorense en particular, sin embargo reconoce una gran calidad artística en muchas de las producciones que han surgido los últimos años, donde se aprecia una magnífica manufactura ; tanto en narrativa como en poesía.

De Galería de instantes Laura Delia nos compartió los poemas Comparación, Conciliación, Nada de ti, y Cómo decirte.

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