Tres poemas para leer de noche

 

Bruno Herley

*

Esa mujer es negra,

tiene pelo de casquete corto

y botas para montar

¡Está viva!

¡Carga una nueve milímetros en la cintura!

 

Ese hombre va desnudo

en la marcha de los osos,

cuelga de su bigote

un cartel donde anuncia

una huelga de hambre,

la vende barata,

en el teléfono guarda los papeles

de propiedad.

 

Ese niño, parado a mitad de calle,

tiene el puño izquierdo

a la altura de su sien,

las personas le arrojan monedas

y piden un deseo:

porno duro en la cama.

 

Esa mujer empoderada

se masturba todas las noches,

el dildo -que el siguiente mes termina de

pagar- tiene escrita la frase

ius variandi;

su hombre sueña

profundo,

siniestro,

inmortal,

con esa palomita

que mira jugar todas las tardes.

 

Al este

la tarde desprende las nubes,

el sol desciende con la cara

hacia la noche,

tal vez alguien murió

y nadie lo sabe. La primavera

llegará.

 

*

Un beso

es una broma.

La casa incendiada

es estrella fugaz

en la estepa.

Tener hambre

frente a la mesa servida

es el desayuno gris

de todas las tardes.

Camino al río

intercambiamos los rostros

para sobrevivir un día más,

afuera

la miseria es comodina,

tiene olanes de colores

en la risa, acá

la sopa se consumió,

somos estatuas a punto

de derrumbarse

frente a los platos.

 

*

Las palabras

caen

antes de llegar.

¿Cuál es la necedad

de estar frente al desierto

contando las horas?

En el agua

el mar pierde latitud,

el sol

devora otro sol.

Perdimos el hambre y la sed,

estamos satisfechos.

Ciclos

en lugares comunes,

somos niños extraviados

en la plaza familiar,

nada nos salva

de la broma del hecatombe

en la habitación.

Estamos muertos y

hay que reconocerlo.

 

 

 

 

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