Toque & Tono, los pájaros que vuelan, el polvo que se levanta

Foto: Juan Casanova

Carlos Sánchez

Se germina el deseo. Porque la música es un gusanito con el que se nace. Y se cultiva, se desarrolla.

Luego el impulso hace lo suyo: se organiza la raza, se acuerdan horarios, se buscan espacios. Una rola, dos, tres.

Llega la necesidad de compartir. Buscar los foros. Encontrarlos. Óptimo escenario el Festival Alfonso Ortiz Tirado. Una plataforma para decir lo que del talento emana.

A través de las canciones, al compás de trompetas y acordeón, percusiones, sonido de timbales y bajo, el requinto. Un poco de jazz entreverado con cumbia. Ska para variar.

Toque & Tono es la agrupación musical oriunda de Hermosillo, y una rola desde su creación es un tributo para la ciudad que los cobija y vio nacer. Empero, ahora la otra ciudad, la mágica, la colonial que es Álamos, los recibe. En La alameda, (lindo escenario que advierte el paso cotidiano hacia el Mercado), en el marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) en su trigésima tercera edición.

Y no falta la postal presta en la que se convierte un vuelo de aves mientras el primer compás de notas despierta el impulso de las damitas de mezclilla que con sus movimientos llenan la explanada umbral del escenario.

Al uno dos tres marcado el compás con el movimiento de manos. Rompiendo el viento, sintiendo el retumbar del bajo sobre el pecho que es una ventana hacia el alma. El rasgueo que se convierte en sonido, marca la dirección de los pasos que se improvisan.

Toque & Tono es una banda con un buen de integrantes. Desde ahí el atino de hacernos saber que nos quieren decir la vida a través de la música, tocarnos y encender el ánimo de arrojarnos hacia el dancing.

Y atinan certeros. Si no, cómo explicar la enjundia del gordito moreno vestido de shorts y con una cerveza en la mano, dando lo mejor de sí, dejándose ir hacia el acantilado en movimientos, impulso inevitable al que conducen los sentidos.

Hacía algunos meses que no veía al César Burgos convertido en el polifacético que es. Esta tarde de domingo, de toques y tronidos, lo encuentro de nuevo. En su mundo que es la música, con las baquetas sobre los tambores. Con la elegancia rebelde que desgarra y proyecta en el rictus de su mirada. Es un pez que se revuelca en la arena. De tanta felicidad.

Así, solo así se logra transmitir el efecto verdadero que toda acción poética debe contener. La música se nos vuelca en todo el cuerpo, desde los intestinos y hacia el último de nuestros cabellos. Toque & Tono tiene la pólvora exquisita: enciende desde el primer asomo de canción. Y permanece la raza en movimiento. Porque la vida es un instante y celebrar procede, porque hay motivos y buen pretexto para hacerlo. Es la música.

Tengo una foto que hice con mi celular. Es la inocencia gigante de una niña sobre los brazos de su madre. La niña duerme porque las rolas son un arrullo. De estridencia generosa.

A un costado de la niña, los hippies que aún existen y acuden al FAOT, de mochila y en resistencia, construyen con sus cuerpos un halo de energía febril y pacífica, un polvo en carcajadas. Porque así lo marca el guión de la felicidad.

Y están allí los muchachos de la radio, transmitiendo en vivo. Qué bueno porque entonces la música debajo de la tarde, se hace presente en los más.

Un toque y muchos tonos. Los pájaros y su éxodo. Las ondas hertizanas y el festival. Cáiganle. Don’t let me down.

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