Teatro del mundo en diez días

Miradas del Festival Cervantino 2018. Andamios Teatro

Manuella Rábago

Lo defino como un viaje multicultural que rompe fronteras, fraterniza naciones y en el que nos une la misma necesidad: hacer teatro. Ya sea para hablar, decir, gritar, reír, gozar, mirar, sentir, horrorizar, llorar, soñar y suspirar.

Tuve la oportunidad de vivir un universo de posibilidades de contar una y mil historias, de vivirla en diferentes perspectivas y versiones.

Esa violencia que la compañía Scene Mess la vuelve poesía, con una mujer vestida de blanco salpicando sangre de su nación, me eriza la piel. Y me provoca gritarles que mi nación, mi estado, el lugar  de donde pertenezco también sangra, que desde que tengo uso de razón nací en un estado de guerra y que no para. Que no distingue hora, lugar y momento para activarse. Me siento avergonzada y confieso que Soy una traidora a mi patria, porque por mucho tiempo he permanecido pasiva, sentada con cierto desdén al no tomar una postura ante ciertos hechos socio-políticos en mi patria.

Está culpa, la consuela el hecho de ver la capacidad de denuncia idílica de la puesta en escena de la compañía Mladinsko, quién me recuerda un camino ya conocido, pero que lo fortalece con imágenes, sonidos que aturden y perturban, me hace reflexionar que ese es el teatro que me interesa, que el teatro es un ser vivo, latente, poderoso, un medio desde el cual podemos provocar, denunciar, encarar, reflexionar, confrontarnos a nosotros mismo y nuestra condición humana.

Pero no todo es dolor, guerra y sangre, también recuperé  la capacidad de asombro y alegría que un globo puede provocar, un globo que se desplaza suspendido en el aire por toda la sala del teatro, esa capacidad que lamentablemente se pierde con facilidad, sin duda alguna el espectáculo de “Air Play” es una caricia al alma que despierta a tu niña o niño interior, esa que no deja de sorprenderse con la sencillez y simplicidad que ofrecen los elementos del montaje, ese juego escénico con globos, telas, aire, brillos flotando que hacen la magia y te invita a seguir soñando, viajando con la imaginación y en libertad.

Y sí, viajo hasta un pequeño universo de marionetas de Salzburgo con “Hansel y Gretel”, en ópera, y me regocijo con la música, las risas, donde unos pequeños seres (títeres) nos muestran la complejidad de su mecánica y técnica de la puesta en escena. De la misma manera uno aprecia la sencillez y profesionalismo de los titiriteros que amorosamente regalan la mitad de su corazón para que esos pequeños cobren vida.Toda esta majestuosidad ocurre dentro del maravilloso Teatro Juárez, recinto de maravillosa arquitectura.

Continuando con los buenos sabores y suspiros de inspiración, en mi corazón y mi memoria se quedará el Teatro Estatal Drama Marjanishvili con su puesta en escena de William Shakespeare “Como gustéis” que despierta mis deseos más profundos de estar en la escena. Es esa obra en la que toda actriz o actor quiere estar, lo que la hace tan extraordinaria, es que es un punto de vista muy subjetivo y personal como lo es todo este texto, es que no existe la necesidad de leer la traducción de los diálogos. Los actores, los vestuarios, escenografía, iluminación, utilería, la disposición escénica rigurosamente cuidada, detallada y hermosa, logran una armonía, la claridad de la historia con un juego escénico en diferentes planos, donde los actores (todos, siempre en escena) se entregan con energía y convicción en todo lo que hacen, a cada segundo, en todo el tiempo en que se desarrolla la historia de principio a fin.

Finalizo con mi cereza del pastel “Kijote Kathakali”, de la India, puesta en escena que me cuestiona la existencia de un teatro milenario aquí en México, entre los análisis grupales, caímos en la conclusión que como tal no existe y que lo único que tenemos o lo que más se acerca al arte escénico prehispánico, es la danza, algo interesante para investigar.

“Kijote Kathakali” es una puesta en escena de coproducción India-España, donde se monta una versión de “Don Quijote de la Mancha” de Cervantes, con  una versión peculiar, pues se parte del Kathakali que es un arte único y global: hay música, cantada y con instrumentos de percusión, hay acción, el maquillaje en las caras, muchos ornamentos y colores en el vestuario para ayudar a la dramatización. Es una combinación de cuatro artes: música, danza, gestualidad, maquillaje y vestuario. Pero lo más importante es que no se habla. Los artistas comunican con la expresión facial, con los movimientos musculares, con los gestos de las manos, y la mujer (interpretada por hombres) habla con sus ojos. Los movimientos de las manos forman el alfabeto del Kathakalla.

Además de toda esta técnica tradicional y los elementos con los que se juega en escena, la interpretación del espectador se suma a este juego. Partiendo de la anécdota, las alegorías y metáforas que se plantean, el espectador hace su propia conclusión e interpretación (esa es mi conclusión). ¿Cuál fue la mía? Se plantean dos seres El Kijote héroe idealizado, valiente, fuerte, caballero,  galante, justo y libertador, Don Alonso Quijano; terrenal lleno de sueños, imaginación, amoroso con anhelos, que comete errores y tiene temores. Por supuesto que es mucho más complejo que esto que planteo, porque esto que describo es en medio de toda esta técnica Kathakali ya mencionada, que hace que la puesta en escena sea  un encuentro con tu yo espiritual y el terrenal. Es una puesta que en definitiva se tiene que vivir y gozar de manera personal, porque sé que me quedo muy corta con lo que estoy tratando de transmitirles con mi experiencia y lo que “Kijote Kathakali” ofrece a cada uno de sus espectadores.

He resumido mi viaje y vivencias en estos diez días viendo teatro del mundo en una frase: “El teatro es un lenguaje universal, que no ocupa subtítulos para su comprensión”.

AndamioSteatro

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