Sobre Diván de Mouraria: lugar de la memoria

Este libro es una larga pregunta en torno al “oscuro amor” con sus gacelas

Diana Bustamante

 

¡Amor, enemigo mío,
muerde tu raíz amarga!
Federico García Lorca

Con una flor
abierta entre los dedos
sobresalías
de pie
y había un abismo
entre tu vientre fértil de gacela
y la caricia ansiosa de mis manos.
Mario Bojórquez

Una negra raíz, una ágil gacela corriendo en el sueño del deseo, la noche del inalcanzable cuerpo amado, el odio y el culto a la postergación como un golpe adormeciendo la mano en toda su inutilidad, la sed del que ama, la memoria simbolizada en la cárcel de un diván como quien se vive pensando a sí mismo y no encuentra el sosiego sino un mar bravo de odio.

Este libro es una larga pregunta en torno al “oscuro amor” con sus gacelas, y a la experiencia lírica de una sensibilidad única e íntima hacia la gama de los deseos humanos con sus casidas, dos formas literarias arábigas que Lorca, en 1936, reinventaría al castellano con Diván del Tamarit donde uno de los temas es la figura amada como una duda permanente, contradictoria hasta la muerte.

También, en más de una ocasión la voz poética establece un diálogo con Hafiz, un poeta musulmán muy influyente y a quien se le reconoce el libro Diván con 500 gacelas, obra comparada con el Corán, aprendido de memoria y corazón por el autor.

Desde el título, no sólo se hace referencia a una tradición marcada en la historia, sino también a un lugar metafórico, un espacio donde habita la memoria y por consecuencia el olvido, del extrañamiento de uno mismo y del otro, de palabras que advierten, limitan, y sobre todo, palabras que nombran, que avivan: punto álgido en todo poema.

El libro está conformado por trece gacelas y nueve casidas. Desde “Gacela de antes del amor” –poema con el que comienza el libro– se puede notar la perspectiva abismal con la que el poeta aborda el tema de la figura amada: por un lado, la presencia de cierta imagen de gacela –quizá como el antílope– delicada y ágil, que estará presente en más de una ocasión y, por otro, el contraste de una furia animal, de partes del cuerpo que sugieren un cegador erotismo y una especie de doble efecto: el ansia de tocar y el miedo a ser tocado.

Porque mi ansia pule tu muslo proceloso
en tu tobillo crece la marca de mis dientes
gacela, nieve suave, mordisqueada y dolida.

Porque en tus flancos tiemblan los ijares, gacela
en tu pezuña ardiente crecen alas de fuego
gacela, aleve, salto, en mi lanza empalada.

Porque caricia atreve con su impúdica lengua
en tu vientre escaldado crece un jardín de espuma
gacela, amor, gacela, no te toque mi miedo.

Las gacelas de Mario Bojórquez muestran al amor como la arena movediza succiona a los cuerpos: algo de lo que ya no se vuelve, algo que inevitablemente daña y que devuelve la muerte que ha de devolver la vida.

Qué negra es la raíz
y qué amarga
y qué doliente
es la raíz del sueño
en donde tú, gacela
de pie sobresalías
con una flor abierta entre los dedos.

Por su parte, las casidas manejan un tema más apegado a lo que un Diván representa y que no por nada comienzan con “Casida del yo”: aquél sitio íntimo de la angustia más íntima, oscuro como una cueva que devuelve las sospechas del silencio y que contiene lo que cotidianamente no se dice más que en análisis, en el arte o en la poesía:

 ¡Ah!, sonrisa estudiada, aligerada, ensayada en el espejo
de lo que no digo.

Las casidas arden al ritmo del odio y nombran sin temor a la crudeza. Son un diálogo interno a la vez que compartido: hablan por uno y por todos.

Este veneno ya estaba en mí
en mi sangre
antes de mí, mi sangre ardió,
antes de mí, mi sangre envenenaba a otros,
mi padre y su padre y sus abuelos, todos heridos
hasta el principio primordial.
todos ardían como yo
todos arden conmigo.

Pero cuando se habla de otros, la voz rebota nuevamente hacia nosotros y no hay más que soledad, una verdad que nace de adentro hacia afuera y también viceversa, nuestra condena y paradoja.

Pero el veneno escalda la lengua más feliz
¡oh, tristes!
Hablo de mí, sólo de mí.

          Diván de Mouraria es un libro que llama al amor, que lo experimenta en toda su búsqueda, en su amplitud inasible, en el deseo de poseer al otro mientras la mano, la sangre y la sed lo comprenden lejano. Es la ilusión, un cantar entre ruinas. Y es también un libro que arde, que agarra por las palabras a las vísceras y las transforma en lo que hay que decir de todo lo que no se dice.

 

Mario Bojórquez

Diván de Mouraria

Gamar Editores

Colombia

2017

pp. 61

Aquí puedes conseguir el libro:

https://circulodepoesia.com/libreria/divan-de-mouraria

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