Un filme de mujeres para las mujeres

El sábado 25 de septiembre se celebró la 63° entrega de los Premios Ariel en donde la película de Fernanda Valadez Sin señas particulares fue la gran ganadora de la noche con 9 premios, entre ellos el Ariel a la Mejor Película. La ópera prima de Valadez cuenta la historia de una mujer en busca de su hijo, un menor de edad desaparecido en su camino a Estados Unidos.

En los últimos quince años, desde que inició la llamada Guerra contra el Narcotráfico, la violencia en México ha incrementado salvajemente. Hoy en día se estima que hay más de 90 mil personas desaparecidas en nuestro país. Tomando esto en cuenta, Sin señas particulares retrata la búsqueda de las miles de madres que buscan a sus hijos e hijas por medio de la experiencia individual del personaje de Magdalena, interpretada por Mercedes Hernández.

Es por medio de este personaje que se presenta la historia. Todos los demás personajes, en particular Miguel (David Illescas) y Olivia (Ana Laura Rodríguez) giran en torno de ella: la acompañan en momentos de su búsqueda, en sus visitas a las fiscalías, en medio de los trámites burocráticos, por entre su duelo. Sin embargo, buena parte de la película sucede solamente con Magdalena en la toma. Con esto, el filme se enfoca en las historias personales, en la importancia de concebir la tragedia y el dolor colectivo desde lo particular y desde la empatía, no como un montón de cifras.

Una búsqueda en conjunto

Esto es particularmente evidente por medio de la edición de sonido. El trayecto que recorre Magdalena desde que sale en búsqueda de su hijo hasta el final del filme está acompañado por los ruidos en el camino: su pisar por la tierra, el crujir del fuego, los ruidos de las ciudades y de las oficinas fronterizas. De este modo la película nos coloca en los espacios que habita el personaje La acompañamos en su proceso. Somos parte de su búsqueda.

Por medio de la búsqueda de una respuesta de Magdalena y la espera de Miguel, la película honra la lucha de las madres buscadores, la de los niños y niñas huérfanos por la guerra contra el narco, la de los migrantes, la de los deportados y los desaparecidos, al mismo tiempo que denuncia la imposibilidad de un gobierno por brindar justicia a tantas personas.

El que la producción de esta película esté realizada enteramente por mujeres es político. No sólo porque el cine creado por mujeres suele ser ignorado o invisibilizado, sino también porque se trata de una historia atravesada por la experiencia femenina y contada desde la misma. Así, por medio de la mirada de estas mujeres, concebimos la cruda realidad de lo que es vivir y morir en México.