Siempre he sido muy visual, descubro el mundo, como decía Goethe, a través del ojo

Enrique Estrada: lo que uno hace es un espejo de lo que uno es – Foto: Juan Casanova

Carlos Sánchez

Enrique Estrada es la filosofía puntual. Habla y con la voz esculpe diversas teorías. Un pincel constante es su mirada, la que le ha abierto los caminos del oficio que ejerce: la plástica.

Una de tantas conclusiones que me hizo reparar en su importancia fue la de “Cuidado con caer en el confort. Cuando uno se siente bien en un estilo o en una manera de expresar, hay que desconfiar”.

Buscar siempre debería ser una premisa fundamental, para no repetirse. Para explorar el arte de mejor manera.

La conversación con el pintor se da en contexto de Galería Eusebio Francisco Kino, de Casa de la Cultura de Sonora, en Hermosillo.

Enrique Estrada, (Tapachula Chiapas) regresa a esta ciudad donde su huella está impresa a manera de mural en la escalinata de Palacio de Gobierno.  Deconstrucciones en movimiento es el nombre de su más reciente exposición en la galería de marras, la cual permanecerá hasta el mes de mayo.

Previo a la conversación, el pintor lee el periódico, celebra una nota de portada que habla de Guillermo del Toro y su excelso momento. Celebra y a todas luces se atisba su pasión por el cine. Luego ocurre esta conversación:

–Enrique, ¿cuáles son los criterios para decantar esta exposición?

–Fundamentalmente es una serie determinada por el tema, Deconstrucciones en movimiento, y lo más reciente es el título. Lo primero que yo pensaba pues es una cosa sobre el movimiento, pero ya viendo la obra desarrollada, obra que por lo demás me ha tomado varios años en consolidar, me encuentro con que al cortar las imágenes primero planas y después en volumen, lo que hago es procurar verlas de otra manera. Es decir, se cortan y se acomodan de otra manera, y sin embargo son reconocibles. Entonces por eso es que considero que es una deconstrucción, no es una destrucción ni construcción, es la combinación de ambos. Y me doy cuenta también que eso corresponde mucho a una constante en mi trabajo casi desde que se inicia. Construir y después destruir, y eso que queda es finalmente lo que me complace, claro que es una muy riesgosa operación, qué bueno que no fui cirujano porque estaría en riesgo la vida de muchas personas. Por fortuna soy artista plástico y eso me ha permitido expresarme en el riesgo de la vida y en el riesgo del arte.

–¿Qué significa que su obra sea vista en varias regiones de nuestro país e incluso en varios países?

–Me siento un privilegiado por ser en mi trabajo, quizá la mayoría de la gente tiene un problema entre ser y realizarse, yo he tenido el privilegio de realizarme siendo en mi desarrollo profesional, no hay diferencia entre mi vida personal y mi realización. Un amigo muy brillante a quién quise mucho y ya falleció, hace tiempo y desde muy joven, se refería a eso, él era abogado y decía: Yo para realizarme tengo que desarrollar cuestiones de orden político, y me realizo muy poco como abogado, leo, escribo. En fin, era un hombre múltiple, pero me decía: Tú sí que eres un privilegiado, no tienes ese problema, esa dicotomía, en la medida en que realizas tu trabajo tú eres. Entonces me siento muy distinguido por ello. Y propiamente por la pregunta, en el sentido de la oportunidad de habitar distintos espacios a través de mi trabajo, yo creo que lo que uno hace es un espejo de lo que uno es, y en la medida que tiene uno esa oportunidad de ser visto por ojos distintos de los nuestros, pues también es una forma de establecer un diálogo, de comunicarse con los demás y de ver cómo nos ven. Yo creo que en ese diálogo es donde la cultura se convierte en una especie de crisol, somos mejores, no somos buenos por lo que hacemos, sino por lo que podemos comunicar con eso que hacemos, el público es el que completa la obra siempre, en la medida en que se establece esa comunicación.

–Partiendo del comentario que le hace su amigo el abogado, de su oficio como un privilegio, ¿cómo es que llega a su vida la plástica?

–Yo creo que el arte es un fenómeno muy antiguo, yo me siento, y no es una metáfora nada más, me siento ligado con los primeros pintores. Reorientando la respuesta, ¿cómo llego a ser pintor y escultor? Soy un escultor reciente, apenas unos cuantos años en el ejercicio de la escultura, aunque me haya llamado siempre el ejercicio de la escultura, igual pudiera decir del grabado u otras disciplinas. Pero, ¿cómo defino mi actividad profesional, cómo la encuentro? Yo siempre he sido muy visual, descubro el mundo, como decía Goethe, a través del ojo, mis padres eran gente que amaron el cine, a nosotros nos arrastraban a ver las películas, incluso las prohibidas, tengo recuerdos infantiles muy extraños, de películas que ahora he vuelto a ver, muchos años después, y descubro cosas muy raras, son sensaciones de adulto en un niño, es muy extraño, porque eso es lo que transmite una lectura literaria, un poema, o el propio cine.

Mi hija Rebeca, quien me acompaña en esta ocasión (tengo el privilegio de tenerla un ratito para mí) entra a aquí, ella era niña cuando yo estaba pintando el mural de Palacio de Gobierno de Sonora, y acudió a tomar clases de ballet, aquí, en Casa de la Cultura, entonces me dice: Fíjate papá, que ahorita al salir, me encuentro con un olor muy especial, muy peculiar. Y luego me pregunta: ¿Yo tomé aquí clases de ballet? Se recordó de cuando tenía seis o siete años, y yo digo: qué recuerdo, que estimulante, que bello recuerdo a partir de un olor. Nosotros manejamos nuestros sentidos, pero el del olfato es poco frecuente, entonces me encantó ese recuerdo.

Entonces cuando yo soy también un niño y descubro el cine y las imágenes, me siento tremendamente estimulado porque parte del mundo en el que vivo se da a través del filtro de estas películas que estaba viendo, y me he sentido muy identificado con Luis Buñuel, con esa aproximación que hace de el cine como un ojo que se cierra y que se abre, pero ya adentro, en el espacio íntimo de surrealismo según él y de un profundísimo realismo según otro. Me encanta lo visual, me encanta el mundo a través del ojo, sí yo no me concibo como un hombre ciego, a pesar de la sabiduría de algunas gentes a quienes celebro mucho: Milton, Borges, ciegos que nos iluminan, pero yo necesito ver, me siento obligado a ver y me defino como un hombre que ve, que observa y que atrapa el mundo a través de sus ojos.

–Regresar a Sonora en contexto de esta exposición, ¿qué significa?

–Significa una gran alegría, un gran calor, aunque yo sé lo que es el calor en Sonora, durante un largo tiempo estuve pintando en palacio de Gobierno, y soy un hombre muy delgado, cuando estuve aquí era un hombre muy delgado, los antebrazos me sudaban, el calor, pero es un calor muy estimulante, me siento muy contento de estar aquí y me siento muy contento de ver cómo se ha desarrollado Sonora, ver cómo crece a ojos vistas las personas, las ciudades, estoy muy contento.

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