Roselo y Julita: ir al teatro

Paco Alonso

¿Qué tal “Romeo y Julieta” con otro desenlace? ¿Qué tal final feliz en vez de trágico? Eso hizo Lope de Vega ¿Qué tal dicha en la desgracia? Eso hizo la GEN 17, su Roselo y Julita, una puesta en escena exhuberante de vida. Ve, vamos.

Me gusta ir al teatro y sincronizarme con los actores, desde sus cuerpos siento un jalón que me enraiza al mundo; en su pasión nos siento la sangre que se estrella al ser.

Encontré en el trabajo de la Gen 17 lecciones de bagaje: Shakespeare y Lope de Vega, Romeo y Juilieta y Castelvines y Monteses, comparten antepasados en un par de novelas italianas del siglo XV y a su vez, con un drama de Xenofante en que el juramento “amor o muerte” es central.

En la puesta en escena de Gen 17 encontré otra mirada al presente. Sorpresiva. “Teatro documental” llaman Diana-Anitza-Bernardo a su “¿Ya viste el agua que está llorando ai?” y de igual modo llama el director de la Gen, Rennier Piñero, a los recursos que emplea Adillo en la adaptación que les hizo de Castelvines y Monteses.

Yo preferiría llamarle “teatro de verdad”. Es lo que me da. Fuentes documentales cualquiera tiene, vivimos en un mundo mediado. Aquí, el documento sería la escena misma pues los testimonios son los que ellos recogen, lo que los miembros de la compañía confiesan. Ahora, qué cosa tan muerta es un documento, mientras la realidad vive en su escena.

Ellos sí vieron el agua

A ella sí le apuntaron

A mi compa sí lo mataron

Gen 17, Colectivo lo que Viene del Sol, no abusan, no caricaturizan, más sí quieren, sí pretenden, sí te dicen algo al oído que ojalá penetre y corra por nuestras redes como el móvil.

¿Es paradójico el poner en un escenario lo que se vive en la calle, en los pueblos? Me encanta que el arte no sea alienante. ¡Cuánto debe hacer el tragos para ser convincente y no idéntico a lo ya hecho en estos días! Debe sonreír sí, engañarte sí, sugerirte sí, confrontarte sí, mas desengañarse también pues no hay en sus espíritus ausencia de pretensión propia: también quieren ser felices y sólo esas almas fuertes reconocen en la catástrofe la dicha. La felicidad de la tortillera, la gracia de lo sencillo nos dio el sol; el ímpetu de las norteñas la vileza de nuestras juergas ns da el Gen.

Y es esa capacidad de reconocer la dicha en lo fatal lo verosímil. Hoy la tragedia la dan los periódicos, y lo solamente feliz… pues nadie.

Quizá estamos cansados de un cine, un escenario que se nos plantea desde la otredad, deja tú, una otredad que es modelo o joya de tu submundo que es la no-verdad el no-mundo. Tampoco nos inspira ese teatro, ese arte de lo local que nos miente pues nos imagina, nos estereotipa, se ufana de representar lo que les dijeron que somos ¿tons ellos no son? ¿dónde andan? ¿Es absurdo poner en escena lo que vivimos aquí afuera? Te diré que a veces no sé dónde ando, se me olvida el yo y te me pierdes tú, Roselo lo dijo: que conste que intenté la paz, que conste que intenté la paz, lo dijo cuando el peso de la pistola por mil manos sostenida, la pistola que es la historia le apuntaba y le redimía, él intentó la paz e intentó la paz hasta que no le quedó más que defenderse y con el peso de lo real

la separación ocurre,

Julita muere

mas por la vehemencia del deseo y por la astucia de las brujas, él vuelve lleno de gracia y ella despierta en plena oscuridad… y…

Hay que agradecer esos espectáculos que están llenos de sí mismos. Fui al teatro y escuché la mejor música del orbe, trabajadas voces nos dieron rango y sonoridad poco habituales en el barrio. Fui y vi a una monja hip hopear con toda la fe; me cagan los antros pero ellos hicieron un fiestón loco exagerado así así así que te dan ganas de pisar el acelerador fierro pariente por algo la coca y el brillo operan en el mundo. ¿Viste ese maquillaje? Hay una Meme detrás.

Ir al teatro y perder el verbo entre lo melódico de esos versos casi cantados ¿Será la distracción del embabosamiento o será que sí les falta caché? Eh de volver.

Ir al teatro y encontrar en tales versos las erucpciones de un amor larga plena y diversamente fabricado. Horacio dice que en cine sólo Psycho tiene dos clímax, meibi ji is raig, esta obra es una amor que desde el inicio te da bien recio. Cuánto tuvieron que pulirse estos muchachos, cómo le echan ganas.

Se acaba la función y el Murguía sale hecho sudor al patio central de la Zubeldía, sus papis se despiden ordenándole abrigarse. Katur llega y lo regaña, lo abufanda, “te estoy protegiendo”, lo manda pa dentro “me cae mal del Carlos que siempre hace lo mismo” hay amor en esta obra.

Supongo que sí fue una tragicomedia, a veces no sabía su agüitarme o reír, sublimarme o indignarme. Odiamos a los teatreros que estriden ruido y arranque, aquí yo vi un estruendo de presencia, movimiento en voz apalabrada. Fui engañado. Carlos me confiesa que su testimo es real mas es de otro actor “¿la com-praste?”. Yo que creí espectar un acto puro.

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