¿Qué pasa si empezamos a contar historias donde los hombres no maten?

Ana Francis Mor

 

L. Carlos Sánchez

Pasión o solidaridad. Vocación o militancia con las causas que irritan. Los feminicidios, por ejemplo. O todo esto junto como un impulso para actuar y decidir el rumbo de una puesta en escena.

Ana Francis Mor, es actriz, escritora, directora de escena. Pensadora y reflexiva.

Hace unos días visitó Hermosillo, ese lugar al que desde su voz califica de encantador, porque le encanta.

A Casa Andamios aterrizó con su bagaje. Para repartirlo y llevar a buen puerto el montaje escénico Las Matriarcas, (que se estrena el viernes 14 de junio).

Antes de trepar al vuelo que la llevaría de nuevo a su patria, Ana nos conversó a detalle sobre los motivos de su estadía en la ciudad del sol. Entre otras cosas.

Ana es una máquina de construir conclusiones, de volcar el pensamiento. Lo hace sin ambages, porque el conocimiento de causa es un camino ad hoc. Y dice:

“De entrada, Hermosillo es uno de mis lugares favoritos del planeta tierra, las mujeres de aquí me parecen fascinantes, poderosas, fuertes. El lenguaje propio de la región me resulta la cosa más divertida, interesante, poética. En la poética popular del lenguaje, que es lo mío, lo de Las Reinas Chulas, en término de la construcción y el lenguaje que hacemos con el cabaret. Me fascina venir, cada vez que puedo.

“En esta ocasión, invitada por la maestra Hilda Valencia, estoy asesorando el montaje de cabaret Las Matriarcas, incursión que hace Andamios Teatro, al cabaret y ha sido una verdadera delicia porque el proceso ha sido super inteligente, Andamios Teatro es una compañía muy seria, rigurosas con su investigación, son su quehacer teatral. Han hecho una investigación tremenda sobre ciertos personajes de la cultura universal y de la cultura mexicana, personajes femeninos que han sido tergiversados o que han sido narrados de una determinada manera, generando arquetipos super problemáticos para las mujeres, como La Malinche, como Lilith, como la propia Frida Kalo, María Izquierdo, Elena Garro, etcétera, que son figuras que conocemos poco, otras que pensamos que significan una cosa y no necesariamente.

“Entonces ellas se pusieron a la tarea de hacer esta investigación sobre estos personajes y yo vine a ponerle la cereza al pastel, a darle un poco la vuelta a las cosas para convertir su investigación en algo más cabaretero, que es lo mío, a colaborar en eso”.

— ¿Estamos avanzando en la equidad de género, en la inclusión de la mujer en un hablarnos de iguales o estamos retrocediendo?, lo pregunto por este contexto de feminicidios que se viven recientemente en Hermosillo.

— Pienso que estamos avanzando, sí hay una concepción que se está haciendo masiva y generalizada de que las cosas no pueden seguir igual, de que los roles que ocupamos las mujeres y los hombres se tienen que cambiar por algo más igualitario, y sobre todo, por algo más diverso y flojito. Hay muchísimos hombres que no quieren ser el macho proveedor, rígido, que tiene que no estar en su casa, que tiene que salir a conseguir el dinero a fuerzas, que no tiene que estar con sus hijos. Y hay muchísimas mujeres interesadas en la vida pública. Tenemos a partir de esta legislatura en términos políticos y de lo legal, la obligación de la paridad en todo el país. Tenemos un gabinete paritario en este gobierno, lo cual es un gran símbolo, todavía no sabemos si del símbolo las realidades van a ser buenas pero el símbolo es muy importante, en Sonora hay una gobernadora mujer, el símbolo es importante.

¿Qué hacemos con eso y cómo se transforma? Me parece que hay muchos factores que intervienen para que los feminicidios y la violencia hacia las mujeres se exacerbe. Por un lado tiene qué ver que ante este avance que estamos teniendo las mujeres, tan tremendo, y que pasa un poco como cuando te libras de la esclavitud, una vez que te quitas el grillete, que empiezas a caminar y dices: ah, caray, ya no tengo dolor de cuello, no hay manera en este mundo de que te vuelvas a poner el grillete. Las mujeres que ya están volando, que y se dieron cuenta, que ya están en este camino, no hay manera de que regresen, por más esfuerzos que haga el frente nacional de la familia por endemonizar lo que ellos llaman la ideología de género, por más esfuerzos que hagan unos diputados, senadores evangélicos pataleando y diciendo cosas como que las mujeres tenemos que cerrar las piernas para no abortar, por más que hagan, son patadas de ahogado, esto ya no tiene freno, ya no tiene regreso. Y es un movimiento mundial, en la propia región de América Latina lo puedes, ver, el movimiento de las argentinas está brutal, las peruanas, las colombianas, las venezolanas, las brasileñas, incluso a pesar de Bolsonaro, es un movimiento regional que ya no da pa’tras.

Evidentemente eso genera furia, enojo, hay una suerte de complicación con respecto a la corrupción, al negocio del huachicol, al momento de que se desmantela un movimiento mafioso, si no agarraste a sus integrantes, éstos cambian de giro, pero no ponen lavanderías, cambian de giro a traficar con mujeres, con niños. Estamos teniendo este fenómeno de insecticida que no funciona del todo, que mata unas cucarachas pero otras se van pa’ otro lado. Y por otro lado hay una suerte de exacerbación de la furia de muchos hombres que no encuentran cómo acomodar esta nueva realidad. Una falta sin duda del estado de aplicar una política explicativa, es decir, un buen amigo me decía es que hasta hace cinco años lo que se entendía como mira ese güey está haciendo su luchita con esa chava, hoy se ve como acoso. No entendemos a qué hora pasamos de una cosa a la otra y sí necesitamos que alguien nos explique. Tiene qué ver con dos factores, creo que los hombres, sobre todo los de mi generación que son los que conozco, le han huevoneado mucho pa’ ponerse a estudiar, porque el estado no me enseñó feminismo, lo aprendí yo. Sí me parece que los hombres están pasmados, que deberían juntarse en grupo y hablar de cómo se sienten, qué les duele, qué piensan de todo esto, qué piensan de que por todos lados les estamos diciendo que son ustedes quienes nos matan.

Todos estos movimientos de yo no soy un hombre así, de pero también las mujeres le pegan tantito a los hombres, se caen solitos, duran cinco minutos, no tienen ninguna fuerza, porque con nueve muertas al día en nuestro país, obviamente la urgencia está en otro lado. Me parece que es un momento de transición importante, sí pienso que el estado tiene que entrarle a una política pública que nos dé información, que nos hable desde otro lugar. Ayer justamente platicando con un funcionario público les decíamos que dos de las causas principales de muerte para las mujeres es que la mitad de los feminicidios la cometen nuestras parejas, y nueve de cada diez mujeres con VIH fue contagiada por su pareja estable, el noventa por ciento de las mujeres con VIH no son trabajadores sexuales ni usuarias de drogas, son señoras casadas, con hijos, con solo una pareja, eso habla de que estamos manejando el amor de la chingada, entonces valdría la pena que una parte de las políticas públicas vayan hacia allá, cómo estamos entendiendo hacia el interior de nuestras casas, nuestra intimidad, dentro de la puerta, ahí está el mayor peligro para las mujeres, es donde más nos matan, qué está haciendo el estado por eso, no está fácil, me parece que una app está buena pero es insuficiente.

—¿Cada vez que emprendes un proyecto pones la mira en sobre cómo va a incidir socialmente, o hay momentos en los que dices voy a hacer arte por hacer arte?

— Ahora me concibo como una contadora de historias, yo cuento historias, sea que me trepe al escenario, al escriba, la haga novela, la haga teatro, cine. Como yo vivo el arte es como un gran rompecabezas que nos cuenta cómo es el mundo, en ese gran rompecabezas cuenta una parte, y cada pedacito es una narrativa que alguien escribió, que alguien puso ahí, desde la pintura, desde las artes, y en ese sentido lo que yo miro como narrativa universal desde prácticamente todas las artes hasta hace cien años es una narrativa masculina y hetero patriarcal, entonces no es que yo haga narrativa femenina, es que estoy contribuyendo a que la narrativa universal sea universal, porque no ha sido universal, en ese sentido me parece que es lo que tengo que hacer, no me parece que el arte exista por el arte, no necesariamente cuando comienzo un proyecto, cuando estoy narrando una historia, pienso que mi historia tiene que ser feminista, no, eso ya me sale naturalito, hasta cuando respiro, porque el feminismo también es una práctica de vida, y como práctica de vida también es una práctica artística, pero tiene que ver con un cambio de paradigma y con un cambio de visión del mundo.

¿Qué historia queremos contar?, eso siempre me lo pregunto. ¿Queremos volver contar la historia en donde vemos a esos ocho reyes sobre el escenario que hacen la batalla de un estado contra el otro, las guerras y cómo se matan y la esposa el rey viene y trae un sandwich?, ¿o queremos contar la historia de todas esas mujeres que están dentro de las casas construyendo el mundo?, porque son quienes construyen a los hijos, quienes construyen la narrativa local interna, quienes construyen el contrato social desde las casas y que tienen mucho que decir y lo dicen de muchas maneras y que lo dicen en sus escritos que no están publicados y que lo dicen entre ellas en las cocinas y que lo dicen entre las otras mujeres en la convivencia cotidiana y que valdría la pena echarle un ojo a esa red narrativa, red pensándolo como una telaraña que se está construyendo y que sostiene al mundo porque las mujeres con el cuidado de las personas, con el cuidado de los hijos, con el cuidado de las casas, sostenemos el mundo, sostenemos la parte privada, íntima y amorosa del mundo y a mí me interesa contar esas historias. Las otras pasa que me dan un poquito de hueva porque me parece que están sobre contadas. Otra historia de cómo Alfonso Reyes quién sabe que… me wa dormir, güey. Otra historia del presidencialismo mexicano (Ana Francis emite el sonido de un ronquido), otra historia de cómo un hombre mata a una mujer, ¿te cae?, ya sé, la vivo todos los días, cuando camino y la pienso. Entonces, ¿qué pasa si empezamos a contar otra historia, donde los hombres cuidan a sus hijos, se quedan en su casa y son los cuidadores y vemos qué les pasa, vemos si es natural o antinatural, si se rompen o no, si hacen corajes, si les mejora el alma. ¿Qué pasa si empezamos a contar historias donde los hombres no maten?

2 Responses to ¿Qué pasa si empezamos a contar historias donde los hombres no maten?

  1. SERÍA O SERÁ UN MAGNÍFICO TEMA.CREO QUE HAY MUCHAS, PORQUE TODAVÍA SOMOS MÁS, LOS BUENOS QUE LOS MALOS, Y ENTRE ELLOS HAY MAGNIFICAS HISTORIAS DE HERMANOS, PADRES, ESPOSOS, AMIGOS, MAESTROS Y UNO QUE OTRO SACERDOTE,MUY BUENOS…

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