Pulgas, aventuras y mal olor: te vas a encariñar con Perro Apestoso

De volón pimpón nos dimos a la lectura. Perro Apestoso nació y creció en la basura, tiene más pulgas que tres perros callejeros juntos

Omar Gámez Navo

Es cierto cuando dicen los que saben que la realidad que ofrecen las redes sociales, o los videojuegos y, en la mayoría de las más recientes películas masivas que casi todos terminamos viendo (de súper héroes y esas cosas) sólo tienen un propósito: convencerte de que ganar es la única opción. Lo contrario o los puntos medios del éxito tienen cero cabida en esta nueva concepción de la vida. Y bueno lo anterior es una trampa mortal, porque… A ver no, no me compete hablar de eso. Debe ser muy degradante y terrible vivir siempre en el paraíso.

León, hoy en la mañana leí un artículo que trata de un libro cuyo personaje principal se llama Perro Apestoso… ¿Qué, y por qué apesta? ¿Dónde está el libro? ¿Se echa pedos ese perro? Bueno, el autor y el ilustrador son de Francia y creo que aún no han traducido todos sus libros al español. También se dice castellano y yo sé dónde queda Francia, papá.

Antes de un par de semanas Perro Apestoso bajó de un camión repartidor de paquetería y llegó a marcar territorio a nuestra puerta (ya saben cómo se manejan los canes). Tuve un poco de incertidumbre porque el primer libro de las aventuras de este chucho era de más de 45 páginas. Y es que el pequeño adicto a los caldos de su Nana apenas andaba en lecturas de menos de 15 o diez páginas.

Por otro lado, pensé que muy bien le vendría acendrar esa exquisita escatología que León estuvo practicando en esos días: pipí, popó, pedos, mocos… Así que ¿por qué ñoc?

De volón pimpón nos dimos a la lectura. Perro Apestoso nació y creció en la basura, tiene más pulgas que tres perros callejeros juntos; lo acompaña un fan club cuyos principales miembros son moscas; lo confunden con trapeador sucio a cada rato y obvio nadie lo quiere ni lo pelan. Es un poco mala pata mi compa, aun así tiene un corazón bien grande que lo hace dulce y afectuoso.

Yo sé que ya están pensando que esto que se dice de nuestro personaje no es digno de admirarse, o de mencionar, porque de seguro les da asquito. Pero verán, lo mejor de todo son sus aspiraciones… No, ni siquiera estas porque nuestro can vive y ya, y lo hace bien, como cualquiera que tenga o no logros (del tipo que quieras): se divierte, es un tanto feliz y resuelve su vida sin quejarse y, por si fuera poco, brinca paro a los que necesitan ayuda porque es bien buena onda y no hace alharaca de eso. Y ¿saben qué? Tiene aventuras que ya las envidiaría cualquier mamón enmascarado con el traje pintado con los mismos colores de la bandera gabacha.

¿No tiran dueños a la basura?

Pero no nos desviemos la mirada (birola); nos concentremos en las primeras aventuras de nuestro antihéroe. Resulta y resalta que pues el jediondo este pues quiere tener dueños que lo cuiden y le den croquetas. Pero en vez de eso se encuentra con una banda de secuestradores y la alfombra sucia que protagoniza este libro salva a una niña de esta banda de malosos y hay un final feliz… Y chirrín chirrín este cuento llegó a su fin.

A ver (al cine), de veras, uno se clava en saberse las primeras palabras que dijo tu ñiño o ñiña, pero te recomiendo mucho que te fijes en, por ejemplo, la primera vez que tu vástaga/o soltó la carcajada por leer algo. Pues con el primer libro de Perro Apestoso el niño chápano, no sólo se carcajeó sino que me tuve que aprender ese diálogo entre nuestro perro y su mejor amigo el gato Chaplaplá (ese gato que se quedó con la cara chata porque lo atropelló un camión cuando estaba chiquito y le quedó la cabeza como moneda):
-¿Jugamos al gato?
-No, porque soy un perro.
-¿Entonces al gato encaramado?
-No, porque no soy un árbol.

Cada vez que hicimos este diálogo León se carcajeó mucho. Hubo que decirlo muchas veces a petición del plebe. Lo que sea que signifique esto, estoy seguro (social) que es muy, pero muy bueno. Va a pasar mucho tiempo para que vuelva a ver algo mejor que la carcajada del niño Chipa Chipa.

Bueno ya, mucho verbo agotador. Nos llegaron, aquella vez, dos libros del Perro apestoso: uno en el que inician sus aventuras y otro en el que va a la playa. En este segundo la aventura se intensifica y… ¡Ya. Roña, tú la traes!

León y su papá dan a los dos libros que han leído de Perro Apestoso la calificación de cuatro pelusas recién sacadas del ombligo.

LA FRASE

“Ya sé yo que si he tenido hijos es para convertirlos en buenas personas que no le fastidien la existencia a nadie, pero nada me tira más para atrás en la sección infantil de las librerías que esos volúmenes ilustrados de pinta ñoñísima que llevan escrito por toda la portada «aquí se enseñan valores». ¿No es como meterles a tus hijos la medicina mezclada con el zumo? ¡Basta de utilitarismo! Así que, para rebelarnos, escogemos a menudo los libros más divertidos que haya, y si salimos mejores personas, eso es lo que nos llevamos; pero en ese orden”.

María Yuste Navarro.

Te regalamos una página de actividades de Perro Apestoso. Pica aquí: https://blackiebooks.org/wp-content/uploads/2021/02/PERRO-APESTOSO-ACTIVIDAD.pdf

Deja un comentario