Para ti no habrá sol, de Carlos Sánchez

 

El cielo tiene playas donde evitar la vida

y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora

Federico García Lorca

Ramón I. Martínez

Con este hermoso epígrafe se abre la más reciente novela del versátil escritor Carlos Sánchez (Hermosillo, Sonora, 1970) y puede ser la clave para entender el destino de la tribu yaqui, narrado desde la perspectiva de la niña que llega a joven, Sewa, narradora-personaje donde se incrustan otras voces, como su novio Nicanor, su abuelo Juan, su abuela Tula, y otros personajes de la historia testimoniada de una tribu que se resiste a morir, aferrada a su identidad, a su territorio, a su religión, a sus costumbres. Tal cual reza un fragmento del juramento yaqui: “En el puesto que has sido asignado, ahí te quedarás para la defensa de tu nación, de tu gente, de tu raza, de tus costumbres, de tu religión.” Con estas palabras, los capitanes yaquis dan autoridad a los nuevos oficiales, quienes agachan sus cabezas y responden: ehui (Sí)

Precisamente de las primeras palabras de dicho juramento, toma título esta novela “Para ti no habrá sol” en una clara clave de lectura de esta obra: El relato se torna en testimonio del cumplimiento del juramento desde tiempos inmemoriales de la resistencia heroica de la nación yaqui. El abuelo Juan rememora cómo su hermano Rufo fue abatido arteramente por las balas porfiristas y cómo nació en Hermosillo el barrio de la Matanza, porque se erigió ahí un matadero de ganado, cerca de la cárcel edificada en los últimos años por los yaquis esclavizados por el delito de ser yaquis. Sus mujeres se asentaron entonces en el barrio de la Matanza al pie del cerro de la Campana (al igual que la cárcel que hoy es museo del INAH) de cuya piedra se hizo el presidio donde los yaquis labraron su propia prisión a costa de sus propias vidas. La Matanza donde cada Cuaresma y Semana Mayor se hacen enramadas que ellos en su sincretismo llaman “Iglesias” y donde anualmente se renueva la identidad a través de las tradiciones y el baile de los Fariseos y los Pascolas.

Sewa va a la primaria cuando niña y le entrega un papel estraza escrito con carbón donde le confiesa a su abuelo que ella quiere ser cantante de Semana Mayor. Éste se conmueve hasta las lágrimas y la abraza. Le dice que se lo dirá a las autoridades tradicionales para que lo tomen en cuenta. También le dice que él ya presentía que ella estaba reservada para grandes cosas. Y que quiere que así de bonito escriba la historia de la nación yaqui, que él le contará.

Desde el principio de la novela se nos plantea la tragedia de Nicanor, estéril yaqui que desea hacer familia con Sewa. Y su pérdida marca a este personaje-narrador femenino tan bien construido por el autor.

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