Palabras de Francesca Gargallo acerca de Eve Gil

 

Ramón I. Martínez

El pasado 13 de diciembre, en la Escuela de Escritores ubicada en Pitágoras y Romero de Terreros, Francesca Gargallo presentó la más reciente novela de Eve Gil, Borrada de Dublín, editada en Asturias por la editorial Camelot de América. Nos dice Gargallo y transcribo: “Eve Gil no está casada con un estilo o forma literaria, Marguerite Duras diría que esta no es una novela: es un libro, porque contiene expresiones narrativas que hacen imposible reducirlo al género de novela.”

“Eve Gil es sumamente prolífica. He leído siete novelas de ella y puedo decir que he leído una mínima parte de ella. Borrada de Dublín es una novela sobre una violación narrada en primera persona donde la frontera entre sexo forzado, relación sexo afectivo y violación por momentos se borra y se confunde con elementos del entorno. Por elementos del entorno entiendo el poder que por admiración una estudiante puede confiar a su profesor.

“La novela abre con un símil que se ha escapado a la literatura escrita por hombres pero que aparece en la denuncia de la normalización de la violencia, en los estudios feministas. De la violencia toda. Las primeras que abogaron por no hacer de la violencia un número fueron las feministas. Una estrategia de terror: repetir el número de víctimas de la violencia sin hacer narrativa de quiénes eran, qué hacían, cómo eran las víctimas. Eve Gil acomuna el juicio moral, la mirada acosadora, de la sociedad libre con la sociedad encarcelada con la revictimización social que sufre una víctima de violación en un ambiente propicio al violador. No es que festejen la violación en sí, pero al final de cuentas protege y justifica al violador. “Altos estudios” (Letras) es el lugar del señalamiento cotidiano y de la humillación por haber acarreado el desprestigio al claustro que no acepta la denuncia por violación a uno de sus miembros”

“La protagonista se presenta desde el principio como la superviviente de una guerra perdida de antemano. El problema es que se trata de una guerra con muchos frentes y más de una víctima: estudiantes críticos, creadores literarios, un directivo gay y la niña producto de la violación. La víctima no sólo es la víctima narradora que al recuperar en la narración su presencia en la historia deja de ser la víctima de un borramiento sino que al hacer esto evidencia la existencia de una cantidad de víctimas por un ambiente. Ellos no son secundarios a la voz narrativa, más bien le dan carne y aspecto a la voz de una denuncia, crónica y literatura e introspección psicológica, presentación de un personaje autista a la vez que ineducado sentimental, sexualmente.”

“La novela no avanza hacia un hecho sorpresivo, no es una novela clásica donde uno dice ‘no sé cómo va a terminar y quiero terminar para saberlo’. El hecho está dado desde el principio pero avanza hacia desentrañar sus características que lo vuelve ambiguo para la ley patriarcal y sus jueces”.

Eve Gil, autora de Borrada de Dublín, dijo entre otras cosas que ésta es la novela que más dolor le ha causado escribir.

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