No es nada más la defensa de una semilla o una planta, es la defensa de una cultura

L. Carlos Sánchez

Y la realidad está allí. En esa pantalla que nos cuenta la intimidad, la cultura de diversas etnias del sureste del país.

El maíz en tiempos de guerra es más que un documental. Es, por así decirlo, un manual para comprender la importancia del maíz. Es la historia de resistencia de indígenas que apuestan por una cosecha orgánica, con los elementos que les dio ese acto sagrado que es la tierra. Es también la historia de recuperación de territorio. Es un grito prudente de celebración. Es la lucha férrea por permanecer con ese legado que dieron sus ancestros. La tradición cultural que se cumple a cabalidad.

El maíz en tiempo de guerra es también la claridad en las palabras de sus protagonistas. Es la fotografía un poema constante. Dan ganas de migrar, entrar a ese territorio y aprender y ejercer el amor a la tierra, a las plantas, el amor al maíz como ellos lo hacen.

Alberto Cortés, el director de este documental, visita Hermosillo en marco de Capacitación para Producción de Cortometrajes Documentales Polos Audiovisuales 2018 que organiza Instituto Sonorense de Cultura.

Alberto imparte el Módulo II de esta capacitación. Alberto, previo al cierre, estará proyectando en Sala Alejandro Parodi, el documental de marras. Sobre el contenido y algunos de los objetivos, versa esta conversación:

–Alberto, ¿en qué momento dices quiero hacer El maíz en tiempos de guerra?

–Vengo trabajando con grupos indígenas desde hace mucho, siempre he estado cercano a esto, estuve muy cerca de lo que pasó en Chiapas con el zapatismo, había hecho yo antes una película allí, y un poco ante la urgencia de lo que estaba pasando con los transgénicos y lo primero que se pensó fue hacer algo sobre el maíz en México, pero a diferencia de otros documentales que hay sobre los transgénicos que se dedican un poco a analizar qué es el transgénico, los peligros y todo este rollo, a mí me interesó irme por el lado contrario, ver todo aquello que se podía perder si el maíz transgénico entrase y contaminase el maíz. No es nada más la defensa de una semilla o una planta, es la defensa de una cultura, porque hay que recordar que México es centro de origen del maíz, eso quiere decir que aquí se inventó, se inventó en la zona de Mesoamérica, es una aportación al mundo, es uno de los tres cereales que alimentan al mundo junto con el arroz y el trigo, y le podemos agregar la papá.

La importancia del maíz para México es trascendental porque los grupos indígenas que han resistido hasta estos momentos, han resistido gracias al maíz. El zapatismo lleva veintitantos años de resistencia y autonomía y esa resistencia se las permite el maíz, porque en el fondo de todo, allí está un elemento de autosuficiencia, cuando menos el maíz está allí, eso les ha permitido resistir y aguantar embestidas muy fuertes. Ante este país que es muy racista y no lo reconocemos, me parece importante mostrar un poco cómo es la vida de algunos grupos indígenas, cómo han avanzado, cómo se están organizando y cómo tienen propuestas y muchas. Contra esa visión que se tiene contra el mundo indígena, sobre todo en los medios, donde nada más aparecen cuando está en una situación de riesgo, cuando vivieron algunas catástrofes, inundaciones, temblores, y siempre se lo ve como en una situación difícil, nunca los ves en su propio ambiente, en su propio trabajo, en sus propias casas, en lo mismo que buscamos todos: la posibilidad de la felicidad, de estar bien, esto me interesa mostrarlo, y la propuesta para con los propios indígenas, campesinos, era eso, hablar del maíz en su propio idioma y en condiciones favorables para que puedan platicar.

A ellos les pareció interesante la propuesta por la posibilidad de hablar en su lengua, hablar de lo que saben y que son muy sabios, porque siempre vemos a los indios porque hay un desplazamiento, porque están en una lucha muy particular, pero están fuera de contexto, en esta película lo que intento es ver eso: el maíz y todo la vida alrededor del maíz, y cómo son estas culturas muy particulares porque estamos hablando de los guirráricas, que conocemos despectivamente como huicholes, o de los mixes que también tienen su propio nombre que son ayuuk, y los mayas Tzeltales de Chiapas.

Fue un poco complicado encontrar a estas familias en las que todas trabajan el maíz de manera agroecológica, no usan fertilizante, no usan agroquímicos y trabajan la milpa, que eso es algo que tampoco está en la conciencia de México sobre qué es y cómo funciona una milpa. Todo eso fue lo que he querido mostrar y de alguna manera está en la película.

–¿Cómo se desarrolla esa capacidad de ponerse en los pies del otro y a través del ejercicio del periodismo, o del cine, decirle: habla tú, cuenta tu vida?

–Uno de los retos  que tiene el cine es que el cineasta logre que el espectador se meta a la historia, a las emociones, los sentimientos que están puestos en la pantalla y que no esté pensando cómo se hizo la película, o qué está pasando con la película, o ese posible protagonismo de los que estamos detrás de cámara. Me parece que aquí lo importante son ellos y que lo cuenten con sus propias palabras cómo es este proceso, y en ese sentido la aportación nuestra es esa posibilidad de estar muy cerca de crear las condiciones de confianza para que no les importe que esté una cámara allí. También depende mucho de quiénes estamos en el equipo, porque entonces también importa quién está haciendo la cámara, quién está haciendo el sonido, que sean respetuosos de una situación tan particular como es una familia indígena y un grupo de cineastas conviviendo y tratando de expresar algo juntos, porque eso es lo que tiene la película, estos campesinos saben lo que quieren decir, están conscientes de la importancia del maíz y entre ellos y yo y el equipo de cine compartimos la misma idea que es tratar de contar la importancia del maíz y cómo se trabaja el maíz en esos pueblos. La cuestión es cederles la palabra y la posibilidad de expresar cosas con la imagen.

–¿Cuál es el aprendizaje que te deja este documental, el convivir con los protagonistas?

–Muchas cosas. Conocer estos pueblos, estas personas, estos campesinos, te abre el panorama de entender lo que es este país, y su complejidad. El mundo indígena es muy complejo, ustedes lo saben con toda la presencia de pueblos indígenas que tienen, pero es como conocer al otro, darnos un espacio para conocer a esos iguales a nosotros pero diferentes, esos otros nosotros. A mí con este trabajo se me amplía el panorama de lo que es el mundo y entender que México es muy diverso y hemos sido muy racistas en nuestro compartir el territorio con todos estos pueblos. Estar allí y tener la posibilidad de contar historias de vida de ellos, es para mí muy reconfortante.

 

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