nadie

luis álvarez beltrán

…nadie es una palabra seca, sin jugo, luz ni género. sin género y sin sexo, porque aun el sexo individual involucra a una persona, alguien hay. nadie es una palabra hueca, vacía; sinónimo del espacio inmanente que ocupa la ausencia de todos y de todo. nadie no puede ser mujer. nadie tampoco puede ser varón. nadie no debe escribirse con mayúsculas jamás, ni con negritas, ni subrayado ni adornado con nada. nadie es  igual o lo mismo que ese punto minúsculo y redondo (que dicen que es el alma) que se advierte claramente cuando uno mira fijamente la transparencia inmediata del aire, punto inquieto de movimientos rectos y lineales, delante de los ojos, y que si lo queremos fijar es imposible, se mueve huyendo para reaparecer cuando miramos de soslayo, por el rabillo del ojo. lo miramos de fijo y lo podemos ver, moviéndose, pero no podemos seguirlo con la vista porque escapa. no espero que me entiendas pero yo sé que lo haces. mientras conservé la inocencia o cierta ilusión por el carácter diáfano y feliz de la existencia, siempre miré ese punto enfrente de mi cara, sobre todo en los momentos de alta soledad y de silencio afuera del patio de mi casa, en la calle o cerca del océano en las costas de Baja California. pero nadie es una palabra flaca, sin peso, omnisciente, que significa que la insoportable levedad del ser de la que habla Milan Kundera es ese lapso de existencia en que te mueves como extraño delante de miles de personas, al paso diario y cotidiano de cientos de seres humanos que en la calle pasan por delante y por detrás de ti, adyacentes, laterales, oblicuos, que igual podrían atravesar tu invisibilidad que aplastar tu insignificancia lene, aun cuando te anuncian ¡dos bolsas de cacahuate por diez pesos!, aun cuando promulgan “¡el fin del mundo está cerca, arrepiéntete!”, aun cuando te dicen por lo bajo “hola guapo, ¿quieres llevarme a un cuarto?”, aun cuando te gritan en la cara “¡el neoliberalismo y la globalización están acabando con todas las formas de vida del planeta!”. nadie es la palabra que activa el mecanismo de conciencia de que vas solo por el mundo. nadie es una palabra ligera y acaso liberadora, pero más temprano que tarde cobra un peso intangible tan fuerte que su opresión se siente desde adentro hacia afuera. nadie del otro lado de la cama. nadie del otro lado de la línea telefónica. nadie en la bandeja de correos electrónicos. nadie para comunicarse los domingos de mañana ni viernes por la noche ni feriados para pasar la tarde. nadie es ese lapso invisible que hermana al silencio con la distancia del ocaso, con lo extenso del espacio que agota los paisajes en el natural del ojo. nadie es el eco dialéctico de viajar en autobús, a solas, recorriendo el planeta contemplando el murmullo inaudible de lo inhabitado. nadie es la certeza de una promesa que no arriba a las manos ni aparece en la agenda y no se encuentra grabada en ninguno de los compartimentos digitales de tu dispositivo. nadie es el compañero constante de las encomiendas y de las diligencias. nadie tiene la forma de piedra irregular, de vidrio roto, de bote de cerveza vacío rodando en la banqueta (ícono posmoderno de nuestro paisaje urbano), nadie es la tierra suelta amarillenta que prospecta los pasos de un derrotero de trabajo a cambio de unos pesos… nadie es la respiración entrecortada, anodina, cuando hasta los desencuentros han sido clausurados. nadie es la cuarentena personificada y la entelequia nominal en que nos convertimos. nadie avizora un accidente de ninguna fortuna ni ningún hecho abrupto de ningún infortunio. nadie ha de tocar la puerta y a nadie se le ha de tocar (su puerta); nadie es ese con quien hablar un pensamiento elaborado, nadie espera en la esquina de ningún boulevard, nadie sentado al otro lado de la mesa del café imaginario. nadie es el fantasma que adopta tantas caras, incluso la tuya que lees esto. nadie anticipa el hastío del curso de las horas de la alta noche lunática-y-anticlimática. nadie puede hablar con los perros pero yo le hablo a los perros: tratan de decirme algo relativo a su hambre y yo les digo, telepáticamente, algo relativo a mi hambre, y ellos me entienden más que yo. nadie en la subida empedrada y curva que lleva a mi departamento compartido por otros don nadie como yo. nadie habita los ojos de mis compañeros de cuarto, nadie habita los ojos de los oficinistas que trabajan conmigo, nadie inunda la ciudad de compradores y de trabajadores afanados en subir por la vida, nadie tiene la cara, la voz, la actitud de miles de taxistas de ruta que vuelven a Tijuana una ciudad de zombies, nadie es una palabra que emula a decenas de miles de trabajadores de las maquiladoras que hacen titilar las luces de las tiendas, los cines y los centros comerciales los fines de semana, nadie llena los bailes gruperos de ritmos populares y las discotecas juveniles de las calles turísticas, nadie es la plétora de estadunidenses cruzando la frontera en ruta hacia el submundo de los giros negros de la Calle Coahuila porque allá sólo eres mayor y ciudadano hasta los veintiún años y acá ya eres alguien a la edad de dieciocho, ya eres derechoso de embrutecerte con tequila alterado y desfogar el sexo con la desmemoria de la degradación y de la decadencia en ocasión de risas descocadas e irracional razón… nadie es la turba que ondea y que oscila las calles y sus recovecos en pretexto del tiempo y ejercicio de prácticas consuetudinarias tan irrefrenables como impostergables: beber, bailar, follar, reír, saltar, drogar, vivir. nadie sobresale en el sopor y en el humor del zumo de la tarde, salvo el tufo y rescoldo de los avatares endinos. nadie se va conmigo, nadie es mi acompañante, de una punta de la ciudad a la otra y la región se vuelve transparente. nadie es el restaurante pero algo es. nadie es el semáforo lento pero algo es. nadie es el edificio abandonado y nadie es el aviso espectacular erosionado por el aire y los años, pero algo es. nadie es el automóvil pero algo es, nadie es la rueda de la fortuna, el monumento en la glorieta, el puente peatonal, el colegio privado, el club campestre, el hotel de lujo, la mansión millonaria, nadie es el palacio de gobierno y nadie es La Rumorosa ni La Bufadora, pero algo cada cosa es. nadie está aquí. le veo cada día. a veces se me figura tú. a veces se me figura tú olvidada de mí, tú olvidado de mí. a veces desaparezco y me convierto en nadie. a veces y por todas partes me vuelvo esa palabra: nadie. una palabra que es el pronombre de la palabra nada. nada es la conjugación impersonal (o personal) del sustantivo nadie. y nadie no puede ser un sustantivo nunca, ni un adverbio justo o razonable y nadie no puede de ninguna manera ser un verbo ni siquiera pasivo. si la palabra nadie se materializara, se verían cinco símbolos tan inconexos como disfuncionales, cinco figuras curvas, rectas o redondeadas, listas para darse la espalda, prestas a no mirarse o a darse ni una mano, desarticuladas, indiferentes, delgadas como entecas, oscuras como el color negro mate que inmemorialmente las escribe y las nombra. por eso y por casi todo, nadie tan sólo es esta condición de mirar hacia enfrente, a los lados, atrás, y saber que sólo se encuentra el pensamiento y cierta dosis pequeña de razón, de una realidad engañosa que parla idiomas que ya no entiendo más. nadie es una personalidad definida que ya se estudia bajo términos huidizos y científicos y no han dado con ella. esta enfermedad se llama nadie y está abrumando al mundo. nadie está azotando a las culturas y a las civilizaciones. nadie es una sombra que ha cubierto mi pasado, mi presente y futuro y mis descendientes ya presentan síntomas tempranos de esta enfermedad hereditaria. aparte de que mis hermanos, ya viejos, y mis amigos, ya grandes, sufren de este mal en menor o mayor grado, algunos ya se han muerto de lo mismo y otros han cambiado tanto que ya son irreconocibles incluso para consigo mismos. nadie ha tomado por asalto a la gente. nadie se ha metido a vivir en las casas. nadie escribe conmigo. aquí está. se me ha metido en la cabeza y no me lo puedo sacar. en eso se parece al amor; pero el amor, aun perdido, es un sentimiento feliz, dulce, y esto no; esto es un sentimiento hueco e infeliz, impersonal, un tumor invisible que se va comiendo las células de la ilusión. no me gusta hablar con nadie. no es sano. y todo lo que leo ahora es como si no lo escribiera nadie. vida ajena, pasada, ficticia, una maquinación, una composición insustancial, finalmente una noticia elaborada en formato de cine, de cuento, de novela, donde la mano del creador se vuelve ajena o crea una distancia infranqueable que no sé si tiene un motor estético, técnico o de plano mercantil, que hace que mi espíritu no se contacte en absoluto; ya se sabe que el arte (y las agendas sociales) de hoy pertenecen a los que necesitan ser reivindicados (y merecen serlo) pero la desconexión del mundo vuelve lejano todo, fragmentado, resquebrajado, prácticamente irreal. no veo a los esenios ni a los franciscanos entregando sus vidas para que la hambruna pare (o todos superamos la línea de miseria), y no veo a esa nueva religión sustituyendo al catolicismo cohesionando socarrona y soterradamente, maquiavélicamente, a las comunidades en un solo halo o atmósfera de la corrección, de la unidad y del conservadurismo equilibrado y excluyente de las buenas costumbres, la vida de los individuos ya no está programada de acuerdo a la experiencia de los abuelos y los padres porque esos ideales desaparecieron cuando los abuelos y los padres hicieron de su culo un papalote, o los que vinimos después no quisimos una vida igual o no la conocimos o damos marometas que nos dejan mareados y nadie hay que nos tome de la mano y nos levante a no ser que para esculcarnos los bolsillos, para amarrarnos e inmovilizarnos con una llave colonial o imperial o para volvernos carne de sexo y de mercado porque cada quien está muy ocupado tratando de saciar sus ansias y sus hambres animales y en eso se nos va la vida y en eso se les va la vida, sí señor don nadie … nadie quiere a nadie y ese es el verdadero amor que inunda tribunales y vende actas de divorcio como pan caliente. nadie se sienta junto a mí. los libros tienen cara de nadie y los abro y los leo, los conozco, los entiendo, los execro, los abomino, los río, los agradezco, los reconozco, los admiro, los proceso y los pienso, y luego se los platico a nadie. y nadie me responde. y en las noches se me cansa la vista, el cerebro, me duele la cabeza, me voy hacia la cama y nadie está ahí. siempre está ahí. y nadie se despierta conmigo. el agua que recorre mi cuerpo en el baño matutino es lo más parecido a una sensación que he experimentado en los últimos años. el agua es cristalina, es transparente; pero también es cierta. tan cierta como el viento, tan cierta como el aire. tan cierta como nadie. salgo a la calle y me voy a trabajar. nadie hay allí en ese páramo abierto de ciudad. nadie vive allí en esa libertad ancha y gratuita. nadie se ha apoderado de todo. nadie hace la guerra. nadie nos ha invadido. nadie me puede ver y luego irse de paso. nadie dice palabras que quieren decir algo. nadie  me ha poseído. nadie viene a buscarme. nadie ha venido a verme y yo lo he recibido. nadie lo entenderá.

 

https://www.youtube.com/watch?v=2q9_ZEtuTR8

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