Mi infancia fue el continuo mirar

Josefa Isabel Rojas Molina

Carlos Sánchez

La humildad es una manera de caminar la vida. Josefa camina despacio. Y observa cada rincón de la ciudad que la vio nacer, la ciudad que habita desde siempre: Cananea.

Josefa lee libros, escribe libros, firma libros con su nombre completo: Josefa Isabel Rojas Molina.

También reúne a la raza, conspira talleres, presentaciones de libros. Hace fotos y constantemente mira las vías del tren. Están a su paso en el recorrido habitual de su casa al trabajo.

Trabaja en la Biblioteca Buenavista del Cobre. Un mundo de libros la hace presa feliz todos los días. Y también conversa:

–Josefa, ¿cómo llega la poesía a tu vida?

–Ahora pienso y casi lo sé que fue a través del oído y de la vista, principalmente. Desde niña siempre estuve oyendo y ni siquiera me preocupé por entender, quise tener las voces, de mi padre, mi abuela hablando con mi madre, mi hermana con sus amigas, los truenos, la lluvia. Mi infancia fue el continuo mirar y así he seguido, queriendo ver todo, con gozo y maravillándome.

–¿Cuántos libros has publicado, y los títulos?

–Seis: Para que escampe, Casi un cuento, Detenerte tanto, Versiones del porqué, Detenerte tanto (incluye Enumeración de nuestra casa), y ¿Qué está haciendo el lobo?

–¿Qué experimentas cada vez que se publica un libro de tu autoría?

–Principalmente desconcierto.

–De estos libros, ¿cuál es el libro al que más cariño le tienes, y por qué?

–En todos hay razones para el cariño, con el primero recuerdo a Javier Machuca, a Darío Galaviz, por ejemplo. Hay textos de cada libro que me provocan  si no cariño, sí una atracción desconsolada e inevitable.

–Si estudiaste letras, y eres una escritora reconocida, ¿por qué no viajar, por qué decidir quedarte en Cananea?

–No sé qué responder a eso, pareciera que la carrera de Literatura nos preparara para ser viajeros indomables, algo así. A lo segundo responderé diciendo que por razones familiares que he considerado prioritarias, la subsistencia económica ha estado primero, y además le temo a la carretera cada vez más, con los gatos y las arañas, ha sido a la inversa, cada vez les temo menos. No es arraigo desmesurado a mi pueblo sino certezas. Quise, por supuesto, alguna vez, irme, a París, a Jalapa, a Tijuana.

–¿Tu oficio de bibliotecaria, es un privilegio, un espacio para alimentar la literatura?

–Desde hace más de veinte años ha sido mi principal fuente de subsistencia (fea palabra y la he utilizado dos veces, vaya). Un empleo hermoso, lleno de privilegios, el hijo de unos amigos me dice “la señora de los libros” y está bien, me parece. Es, también, por supuesto un espacio idóneo para alimentar la lectura, la escritura y las amistades duraderas.

–¿Por qué promover la literatura? Lo pregunto a partir de tu ejercicio constante en organización de presentaciones de libros, de talleres de escritura.

–Nunca he sido organizada a tal grado de buscar una razón para la presentación de escritores y libros. Hago lo que me gustaría que alguien hiciera por mí. He podido de tal manera conocer escritores (con todo lo que eso implique), ver a mis amigos, conocer sus publicaciones y acercar la literatura a los cananenses, gota a gota, despacito.

–Cuéntame cómo es un día en tu vida, tus rutinas, y cuál es el momento del día que más adoras.

–He estado trabajando mucho, durante este año más. Despierto temprano, me baño, desayuno y a caminar. Al trabajo en la biblioteca, allí paso gran parte del día, procuro comer algo, bebo café. En la tarde mi hermana pasa por mí y me lleva a la Preparatoria, donde estoy disfrutando al impartir Literatura II y también allí me hago cargo de la biblioteca. Salgo a las ocho, mi sobrina se desvía y va por mí y me lleva a Cananea Vieja, donde siempre he vivido, y prácticamente a hacer nada, ceno, platico con mi mamá, con mi hija, vemos tele, leemos y nos vamos a dormir, las tres. De lunes a viernes. El sábado estoy armando un círculo de lectura que será de 11 a 13, con preparatorianos principalmente, camino y a la una, las 13 y hasta las 15 tenemos el taller literario, todo en la biblioteca. El sábado llego casi a las cuatro a mi casa y  tampoco tengo ya ganas de hacer otra cosa más que leer, descansar. El domingo ni sé qué hago, lo único que sí sé es lo que no alcanzo a hacer, las domesticidades, ya sabes. ¿Momento que más adoro- feliz? Varios, mi día está lleno de momentos, me los regala mi hija, alguna llamada de mi hijo, el baño, qué grato, escribir en cuanto haya qué y dónde, leer en los huecos del trabajo, quitarme los zapatos, desvestirme.

–¿Qué es lo que más feliz te hace en la vida?

–Mi familia, mis hijos. La salud de mi hermana, mi madre.

–¿Qué otro oficio te habría gustado ejercer?

–Fotógrafa, pintora, música de pueblo.

–¿Cuál es tu libro favorito, que has leído, y por qué, cómo llego a tus manos?

–No es el favorito pero sí los primeros que recuerdo haber leído como libros, antes de ellos leí antologías en enciclopedias y fragmentos de obras, son Leonorilda (eleva el pensamiento a las alturas), de un pintor mexicano apellidado Guillén y El país de otoño, de Ray Bradbury. Luego, mucho después de maravillosos libros que en la carrera leí, llegó Rayuela y todo Cortázar, han ido llegando otros, tantos. He estado leyendo novela, sobre todo. Novelistas mexicanos, últimamente encontré (mis lecturas dependen en primera instancia, de la disponibilidad: leo lo que está a mi alcance –y es muchísimo) a Toni Morrison, así que es lo más reciente que he leído. Y todo lo que puedo. Leo.


Enumeración de nuestra casa

1

Paredes de papel
desvencijadas
Ladrillos de aire tibio
temerosos de caer
ante el menor aliento.

Ventanas de rocío dibujadas en la niebla.

La lluvia es la cortina
y el cristal es un respiro.

2

 El techo se nos hace nube a cada rato
y se nos viene encima
cuando hablamos fuerte
y si gritamos
nos cae en la cabeza encenizándonos
desde las uñas de los pies
al último cabello de la nuca.

3

No tenemos puerta
sólo este cruel candado
nos mete el pie si pretendemos
la salida.

Es una cerradura de vapor helado.
no se deshace su neblina
ni con alaridos
ni pedradas.
Con nada nos deja el paso libre.

4

Así está
la casa que se cae constantemente.
Así está la cama
sostenida por aguajes dulces.
Así estamos tanto
que flotamos
y la silla…

5

 Que se cae la casa
con todo lo que tiene adentro
con todos los gemidos
su piso
y sus helechos.

Se derrumba nuestra casa
el espejo empañado
y el espacio lento.

Se nos cae y las almohadas
nos asfixian
las veredas húmedas
que llevan hasta el sueño.

6

 Y a pesar de no dormir
y no tener el aire suficiente.

Aunque tenemos la ceniza
hasta en la lengua
la lluvia en el cabello
el papel aleteando en los oídos
el respiro encristalado en la mirada
y el ombligo lleno de agua.

A pesar de los derrumbes diarios
de las explosiones tenues
y del llanto…

7

Un candado de vapor helado
impide que salgamos.
no deja que corramos
cada uno por su lado.

Este candado con su llave adentro
no permite que perdamos
de los ojos
uno
al otro.

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