Memorias de un general

Memorias de un general. Foto: Humberto Anaya

L. Carlos Sánchez

Aquí se dicen las tribulaciones. Las empresas que no. El objetivo fallido. La derrota una y otra vez.

Aquí se expone la construcción de un personaje a modo, de cuando ya el otoño llega al nombre del ser, de cuando no queda más que la gana de compartir la historia personal, el paso por la vida, las aspiraciones inconclusas.

Esto es Memorias de un general, monólogo que actúa y dirige Dettmar Yáñez, desde la compañía de teatro Multicultural Sonora, y el cual se presentó en contexto de la Muestra Regional de Teatro Zona Noroeste 2019, en Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura de Sonora, en Hermosillo.

Con los elementos necesarios, ni una pieza de más, con la dificultad en su caminar, con el delantal que a priori sugiere el oficio del personaje, Dettmar Yáñez proyecta la existencia de Lupe Arrollo, y nos lleva en la oralidad a esas batallas por demás chuscas e irónicas de aquellos años de Revolución donde la traición al interior del ejército se hace siempre presente. Las zancadillas que impiden avanzar hacia el anhelado objetivo que es el gobernar a un país.

La ternura que no se dice, quizá por la ingenuidad en los avatares de Lupe, la siempre espontánea alegría que conlleva el error y el tropiezo, la inmensa dosis de biografía de ese capítulo excepcional que es la Revolución Mexicana.

La vestidura escenográfica, imágenes de antaño que nos provocan añoranza desde el recuerdo de un momento que solo guardamos en la memoria y por conocimiento de la historia inscrita en libros.

Felicita ver un tren en movimiento, con la cinta cinematográfica por demás desgastada, la yuxtaposición perfecta entre el pasado y el presente en la vida de un revolucionario cuya vida en decadencia tiene como desenlace el oficio detrás de un mostrador de carnicería.

El recuerdo de un movimiento epistolar hace que de pronto el público se convierta en personaje al leer el contenido de una y otra carta. La emoción de estar en el teatro y convertirse en un personaje efímero dentro de la obra. Eso está chingón. La inclusión.

Pero antes la historia de un reloj cuyo ladrón es tema recurrente para la mofa. Y sobre el desarrollo de la puesta en escena, las habilidades del actor se manifiestan al sintetizar desde su versión esa magnánima novela escrita en 1963 por Jorge Ibargüengoitia: Los relámpagos de agosto.

El desfile de personajes que interpreta el actor tiene en común la biografía de esa ala de derrota en la Revolución. Tienen también la gracia de un humor involuntario quizá, pero al fin humor que nos lleva de la mano a la sonrisa y divertirnos como espectadores.

No hay discursos de profundidad, porque nada tiene que ver la tragedia, o al menos la adaptación de la obra oculta esa tragedia interior de manera perfecta.

Debe ser que Memorias de un general se nos presenta como un receso al demasiado duelo de muchísimas historias actuales que se visten de desgracia. Empero la época que aquí se retrata y se vive, es casi idéntica a la que estamos viviendo en el presente.

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