Mea culpa… ó  Acuse de recibo

Foto: Bruno Herley.

Poema: Pabel Aispuro.

El hombre llena sus bolsillos de tizones y navajas,
para un viaje montado en un soplo de vino,
Arándanos y picafresa por si el olvido,
y mientras se pregunta porque duele,
o que parte de sí es la que duele,
la que en si desangra,
suena la hora en el tañido de la torre crepuscular,
(fracaso del Dios del Hombre)
y es cuando la agonía arrebata la castidad de su sombra,
la arrastra hasta el umbral del callejón más cercano,
que no por eso menos sórdido,
le mete mano, la insulta, le moja los senos.
él escucha impotente su respiración cansada,
de vano forcejear,
y gime y llora ultrajada por la soledad,
maldita soledad acostumbrada a acompañarle a todos lados,
sin visos tregua, o lánguida piedad lastimera,
ni tenues consideraciones bálsamo o placebos.
A veces se siente cansado como en el Walking arround,
pero no de ser hombre sino de ser tan imbécil,
con una amargura que dura, o que perdura madura,
y es casi al final que reconoce que cayó en su trampa,
que se enredó en sus tretas, que desconfió de sí,
que apostó contra la suerte,
y que la muerte le iba a aguardar,
paciente, indiferente,
ni polémica ni benefactora,
ni redentora ni circunstancial,
solo muerte, muerte a secas nada más,
y la urdimbre con que trama,
la improvisa al ritmo del son,
como un melancolérico jazz
que siempre termina en blues dolorido,
o mamborock por aludir a los ofendidos,
siempre pensando hacia sus abismos:
“no hay peor silencio,
que el que no se puede aguantar”.

PaBel AsIpUrO

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