Me gusta ponerme en los zapatos del otro

Dinorah Medina

L. Carlos Sánchez

José Solé es un sol, el más generoso. Dinorah Medina, quien es actriz, lo afirma. Y la frase inevitable conlleva nostalgia.

Dinorah tuvo el privilegio de trabajar bajo la dirección de Solé en el montaje de Un hogar sólido, de la extinta escritora Elena Garro. La más controversial por sus posiciones ideológicas.

Catita es un personaje que se inscribe en la memoria de la actriz que es Medina. El de mayor reto en su carrera. La que le hizo participar en esa gira a manera de homenaje de la dramaturga Elena Garro.

En corto, Dinora defiende la existencia del teatro como la mayor vocación, incluso por encima de los filmes, series o películas. Porque la inmediatez exige, y construye adrenalina, la concentración más óptima.

En corto, Dinorah conversa los argumentos de su vocación que es actuar.

–Dinorah, ¿por qué el teatro?

–Es hermoso. La verdad es que siempre bailé, desde niña la danza: mis clases de ballet, de contemporáneo, de jazz. A los diecisiete años entré a un taller en Casa de la Cultura de Sonora, cuando estaba en la prepa. Entré para probar, porque me llamaba la atención, y me enamoré del teatro. Xicoténcatl Gutiérrez fue mi maestro, y allí pude ver que el teatro es un mundo diferente, del que me gusta la idea de ponerme en los zapatos del otro, vivir otra realidad, representarla, y sobre todo sin juzgar que es lo que más me seduce, el nunca juzgar al personaje. Eso me enamora, y la inmediatez, no hay segundas oportunidades, o das bien tu función o la das bien, aquí no hay corte ni edición, aquí es el momento, lo vives solo una vez.

–En esta inmediatez que es el actuar, ¿qué ocurre en tu interior que yo como espectador no puedo ver?

–Los actores, al menos yo, tenemos que estar alerta en todo, estoy en el personaje pero yo Dinorah nunca me abandono, porque tengo que cuidar a mis compañeros, tengo que estar alerta a mi luz, a mi espacio, a la utilería, al cómo me voy a mover, estar atenta al texto, al pie que me dará mi compañero, si tengo que improvisar: lo hago. En el escenario se vive la dualidad de si estoy en mi personaje, sí, y estoy sintiendo y viviendo y pienso como él, pero también estoy consciente, no te puede ganar el personaje, no puedes perderte, debes estar atenta a todo: alguna indicación, que si el compañero te da una señal o el productor y director está entre piernas y te da una indicación de algo que surge en el momento. Cuando entras a un equipo donde hay comunicación, las indicaciones las entiendes sin palabras.

–El cuerpo es un instrumento para expresar, ¿tienes establecidas premisas de qué es lo que le quieres decir al espectador, a la sociedad?

–Eso depende del proyecto. Me gusta que el personaje me rete, que la obra, el tema, me rete y que yo pueda transmitir algún mensaje. Cuando me hablan de algún montaje lo primero que veo es el texto, es básico, no puedo aceptar una invitación sin que sienta que no me puedo casar con el proyecto. Porque de lo contrario, si no estoy convencida o segura, eso lo siente el espectador, cuando un actor no está convencido de su trabajo, se siente en el escenario.

–¿Cuál es el texto que más has sentido?

Un hogar sólido, de Elena Garro. Es un texto maravilloso, me gusta y me llega, y además fue parte de un proyecto a manera de homenaje nacional a Elena, donde tuve la oportunidad de trabajar bajo la dirección del maestro José Solé. Ha sido el proyecto más trascendente en el que he trabajado, me ayudó y aprendí muchísimo y el texto es maravilloso. Mi personaje, Catita, una niña de cinco años, cosa hermosa, maravillosa.

–¿Qué enseñanza te deja Catita?

–Mucha alegría, mucha chispa y al mismo tiempo nostalgia. Recuerdo y se me eriza la piel, me encanta ese personaje. Creo que el vivir y disfrutar la vida y que estamos vivos y que tenemos una oportunidad que la tomas o la dejas.

–¿Tú la tomas?

–Yo la tomo.

–¿En qué teatro fue este montaje?

–Estuvimos de gira en diferentes teatros, la hemos presentado en el Venustiano Carranza, en el Teatro Silvia Pinal, en algunos teatros del Politécnico, esto es una gira justo por el homenaje nacional.

–¿Alguno de los dramaturgos de cabecera?

–El libro que más me gusta y que leí desde chiquita, es Madame Bovary, de Gustave Flaubert, creo que las acciones que toma Madame Bovary para seguir y la vida que llevó, me gusta, sobre todo porque lo leí de niña y lo retomé después y me fueron cayendo los veintes.

–¿Qué experimentas en el instante previo a tercera llamada?

–Mucho nerviosismo. Del bonito, del ya quiero, donde la adrenalina está al tope, en la ansiedad de quiero vivirlo, sacarlo y voy.

–¿Y al final cuando cae el telón, qué te pasa?

–Felicidad.

–¿Qué significa el aplauso?

–Para mí es amor. La satisfacción más grande.

–¿Algún personaje que te haya frustrado?

–No. Todos me han retado y todos han tenido su proceso. Justo con Catita le batallé, ha sido de los retos más grandes. Pero siempre lo he logrado.

–¿Cuál es tu mirada para con Elena Garro?

–Es un ejemplo. Ella continuó con lo que amó, cuando haces lo que amas debes de continuar y no permitir que nadie te oprima.

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