Me gusta más el hecho de generar justamente estados, que compartir secuencias de movimiento ligadas a otras cosas

Relieve. Foto: Juan Casanova

L. Carlos Sánchez

Desde la infancia su mirada estuvo puesta en la danza. Bailar como una consigna, como una inercia. El camino inequívoco.

Hoy Kenia Noriega ha hecho de la danza contemporánea, su profesión. Su propuesta es parte del programa general de Un Desierto para la Danza, edición 26.

Lo que propone, ahora mismo lo dice:

Relieve surge a partir de una exploración del sonido, de sus diferentes capas y texturas que lo conforman y cómo en ello vamos encontrando momentos de saturación o de aparente vacío que van conformando relieves, en el sonido y a partir de esto cómo se relaciona o dialoga con el cuerpo generando movimiento.

“La música es creada en tiempo real, el performance es en colaboración con el colega Yersi Molina, quien se encarga de la parte sonora, es en tiempo real, insisto, y se va generando una partitura de sonido que genera la estructura de la pieza en movimiento”.

Bailar

“Siempre supe que quería ser bailarina, de niña cuando me preguntaba y tú que vas a ser de grande, yo siempre decía bailarina o patinadora o gimnasta o algo así, jamás dije maestra, ingeniera, nada. A parte empecé en la danza desde los cinco años, estudiando jazz y tap, desde ahí me quedé para siempre. Cuando entré a la secundaria varias de mis maestras habían ingresado a la licenciatura en artes, entonces supe que la danza se podía hacer de manera profesional, a partir de ahí dije: yo voy a estudiar danza. Claro, después vienen las dudas, los miedos que te mete la sociedad, que de qué vas a vivir, qué vas a hacer, eso no es una carrera, pero uno se aferra y aquí andamos”.

–Kenia, ¿cómo has desarrollado la danza contemporánea, en qué te focalizas, cuáles son tus temas?

–Creo que desde el inicio mi perspectiva ha cambiado mucho, porque desde el inicio, ingresando en la carrera yo seguía enfocada en lo contemporáneo que era algo nuevo para mí pero seguía pensando que podía seguirme dedicando al jazz y al tap que era en lo que había estado durante muchos años y me encantaba y me sigue encantando, pero durante el transcurso de la carrera que comienzas a ver otras cosas, que los maestros te comparten cosas diferentes, que vienes a ver Un Desierto cada año, o que te enteras de un curso en otro lugar o que tal coreógrafo está presentando una pieza allá y empiezas a buscar más, con los medios, te vas nutriendo y cambia por completo la perspectiva, creo que yo comencé desde una danza desde donde tradicionalmente se conoce con mucho movimiento porque me encantaba  moverme, sentir el cuerpo, generar otros estados, y ahora también pero busco otras maneras, quizá más relacionadas al performance, me gusta más el hecho de generar justamente estados, que compartir secuencias de movimiento ligadas a otras cosas, sino buscar generar momentos que te saquen de lo ordinario o cotidiano, creo que por ahí estoy en este momento.

–La trascendencia que te representa ser parte de esta edición de Un Desierto para la Danza, ¿cuál es?

–Para mí realmente es un orgullo, me siento agradecida por la oportunidad que se ha empezado a abrir los años más recientes hacia los jóvenes, que también estamos generando otros movimientos o desarrollando la danza de hoy. Para mí eso es muy importante.

 

 

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