Matrimuerte

César Cañedo


Hoy me llegó un mensaje de mi hermana
seco, contundente,
que decía en dos palabras
que mi madre había muerto.

Lloró la tarde en pleno de distancia,
calló un jilguero por respeto ajeno,
bajé la vista al barro que umbilica,
corrí al pozo vacío de tu ovario,
saqué palabras agua de placenta
y habló por mí la voz del primogénito.

Madre,  qué caprichos de piel y enfermedades,
de tiroides y dudas te asaltaron
para no abandonarte.
Mayita, hija de la Maye, dueles
pero el dolor ya estaba
desde antes de tu parto y de mi llanto
que duró cinco años.

Dueles cuando opusiste
toda la fuerza de tu genealogía
a mi fuerza brutal de jotería
y me lanzaste espadas de defectos
y profesaste el peor de los futuros
y condenaste a un hijo a no ser tuyo.

Dueles cuando cubierto
por mi sábana de miedo
te observaba de sangre y amenazas
perder llorar caer del ring maridos
y soñaba con ser tu enmascarado
porque tan indefensa, tan noqueadable
no entendía cómo
mi firme madre se volvía de plumas
ante el gallo encrespado
de la mírrica alcohólica.

Dueles de fantasía un mundo
que negaba las verdades
de una familia inútil
y silenciaba todo lo que espanta
al pintar trapos sucios
sin lavarlos ni en casa.

Y, madre, de dolor se fue formando
tu estampa en mi memoria que te exilia
de mi joven venial y aprendizaje.

Amá, te ofrezco ahora
romper con esa herencia de silencios
y te doy por un canto de ofertorio
el dolor de las noches como forma,
la escásica ternura como siembra,
un pacto perdonado de vinagre
que emana todo de mi en paz contigo.

Desde la luna y los astros, amá,
se auguraba que lo nuestro era imposible
y aún así de puro amor y ganas me tuviste,
y el “yo no te pedí que me tengaras”
de balbucear pasó a verso en tu firmeza,
en tu corrección burlesca que lastimó
mi piel adolesciento.
Y me llegó también la rebeldía
por pura oposición a tus designios
y también fue mi voz y te agradezco.

Remátriame de tiempo renovado,
de ser crepuscular en un encuentro
que redima la fuente con el cántaro.
Hablo de frente hacia tu estirpe muda
y me libero de una carga adusta,
porque madre, también, me diste el cuento,
la fuerza de atrapar peces en ríos,
la esperanza de amante caosfulgente,
la atenta crianza del cachorro humano,
la machaca, el trigal y a mis abuelos.

Amá, no duelas más
porque si no amamanto
de tu áspera leche
que nutre cuando amarga,
jamás hubiera escrito
amado y ofrendado
un tiempo reconcilio en el que vivo.

Del poemario Inversa Memoria (Valparaíso México, Círculo de Poesía, 2016)

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