Los confines de la arena, de Imanol Caneyada: A diez años de su publicación

Luis Álvarez Beltrán

 

Siento un profundo desprecio por los abogados,

para quienes absolutamente nada –y menos la justicia-

posee un valor inamovible.

Homicidio pitagórico.

Imanol Caneyada.  

 

            En el mes de mayo de 2010, en el taller de Editorial Garabatos del licenciado Emilio Robles Burgos, se terminaba de imprimir un libro de apariencia sencilla y corte regionalista, con el incipiente peso de 97 páginas, pasta delgada, tamaño media carta más o menos, y dirigido a un mercado que aspiraba acaso a las fronteras de la entidad y poco más allá; por aquellos años aun se respetaban los tirajes de mil ejemplares en las colecciones del Instituto Sonorense de Cultura. El libro del que hablamos es un cuentario de Imanol Caneyada (San Sebastián, España, 1968), Los confines de la arena (ISC, 2010), a la sazón Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo 2008 (concurso también conocido como Juegos Trigales del Valle del Yaqui). En un ascenso meteórico que incluyó triunfos en el Concurso del Libro Sonorense 2005 y 2008, género novela  y el Premio Regional de Cuento de Ciudad de la Paz 2010, el autor español-sonorense sentó las bases para, en la siguiente década, dar el salto a las grandes ligas de la literatura con editoriales de clase intercontinental.

¿Por qué es significativo y pertinente referir este libro al cumplirse diez años de su publicación? Podríamos decir que lo es porque hay que mantener encendido el diálogo de la literatura, y qué mejor motivo que un libro trascendental en la trayectoria del mejor escritor sonorense de los últimos veinte años. O porque, independientemente del autor, Los confines de la arena como libro de cuentos es una propuesta rica e interesante que merece la pena abordar para examinarlo temáticamente y para destacar las virtudes que saltan a través de su lectura. O porque, en lo general, en este continente literario (aprovechando los nobles y generosos portales electrónicos) debe prevalecer un espíritu de intercambio, de exposición de ideas, de abordamiento de tópicos que abonen en una exposición mayor –y de ser posible mejor- acerca de los valores y baluartes de la literatura sonorense y sus autores. En conclusión es pertinente y significativo retomar la obra de Los confines de la arena porque forma parte (junto a otros trabajos) de una época y una etapa de la literatura sonorense y mexicana que el tiempo fiscalizará y sopesará en un igualmente significativo valor y hay que dar constancia de esta obra de arte como acontecimiento que nos atañe o que nos corresponde. Y porque Imanol Caneyada merece desde hace muchos años cada vez más lectores y en ese tenor más estudio sobre su obra.

Imanol proviene y en todo caso es el hermano mayor de una pujante generación de escritores sonorenses, particularmente avecindados en Hermosillo, que desde muy jóvenes (extraordinariamente jóvenes) no solamente comenzaron a destacar en la escena literaria estatal sino más allá de los límites de la entidad, además de que irrumpieron como autores con voces, estilos y temas renovadores y provocadores de la narrativa y la poesía del cambio de milenio. Nombres como Manuel Llánez, Omar Cadena, Ricardo Solís, Iván Ballesteros, Josué Barrera, Hugo Medina, Alejandro Ramírez Arballo, Iván Figueroa, Iván Camarena, Carlos Sánchez y otros, mención igualitaria merecen las autoras Evelina Gil, Maria Antonieta Mendívil, Cristina Rascón Castro, Silvia Aguilar Zeleny, etc. que no solamente han tenido presencia constante desde el nacimiento de este siglo en la actividad literaria y editorial de nuestra región sino que asimismo transformaron la novela, el cuento y la poesía emanada de este Estado.

Sin formar un movimiento unificado poético o narrativo, amigos entre ellos la mayoría, desde una cercana camaradería hasta entrañables compañeros de oficio, cada uno desde su imaginario y su interminable e incansable dedicación al oficio, han cosechado los frutos de su talento y desvelada labor, convirtiéndose en referentes importantes –interesantes- del quehacer literario estatal, regional, nacional. Algunos emigrando al centro del país o a los Estados Unidos, pero una gran parte de ellos permaneciendo aquí, en la tierra de las tortillas sobaqueras, los burritos de carne con chile, los tacos de cabeza, la cheve y las mujeres braveras en el mejor sentido de la idea.

Pero volviendo a Imanol y a Los confines de la arena podemos empezar diciendo que es un libro ganador de un Premio Nacional de Narrativa. Para poner las cosas en contexto, aun son pocos, pero cada vez más, los títulos emanados de narradores o poetas de estas tierras que logran tal laurel e Imanol lo consiguió durante la emergencia de un gran número escritores talentosos en la escena nacional: Antonio Ramos Revillas, Rodolfo J. M., Alberto Chimal, Antonio Ortuño, David Miklos, Luis Jorge Boone, Federico Vite, todos los genios en potencia de la Generación del crack liderados por Volpi, y una infinita horda de otros escritores veteranos pujando por alcanzar esos juegos trigales. Vale decir que en el transcurso de lo poco que llevamos del milenio, el crecimiento de la actividad literaria a nivel local y nacional ha sido exponencial y así mismo lo ha sido la irrupción de autores jóvenes y de toda edad que cada vez deben encontrar y desarrollar temas, estilos y propuestas más originales, arriesgadas, creativas y profundas para emerger a la superficie de la luz y el aire editorial mexicano (y hasta local) en un mar de escritores y obras cada vez más poblado y competido. De ahí el mérito del fuelle y el talento de Imanol en esa edad decisoria de su trayectoria. Se abrió paso en una profesión difícil y exigente (muchas veces financieramente suicida) donde su característica notable ha sido la de crear profusamente y, lo más arduo, cada vez hacerlo de manera mejor.

Los confines de la arena es un quehacer narrativo de diez cuentos de corto y mediano aliento (relatos de entre cuatro y dieciocho cuartillas) que abordan un claro hilo conductor: Un pueblo del desierto y la frontera norte de México, llamado Santa Cruz del Bordo. Un pueblo caluroso, arenoso, en la curiosa geografía entre el mar y el desierto, un pueblo de migrantes y narcotraficantes, un pueblo de taqueros y agentes aduanales, un pueblo de policías estatales y municipales de perfiles oscuros, un pueblo de mujeres braveras en la cama, en el vocabulario y al momento de jalar del gatillo. De Santa Cruz del Bordo se derivan los temas, espinosos social y políticamente a partir de la realidad del México democrático y extraviado del cambio de milenio, que retratan por medio de estas microhistorias de un homicida con una ética particular que aparte de una ira irrefrenable e intransigente, tiene la mente fría para calcular su venganza: La afrenta no es menor. Su hermano fue víctima de un lobo con piel de oveja. Homicidio pitagórico es un cuento redondo, donde los haya, y se convirtió en el relato de cabecera, representativo, de la propuesta de Imanol hasta volverse celebre (fue publicado en las revistas La Línea del CosmonautaAltanoche y en las formidables antologías de Nitro/Press Lados B Narrativa de Alto Riesgo (2012) y México Noir (2017). La soltura de la pluma de Caneyada, el punzante ritmo de acontecimientos oscuros propendiendo a una tensión a la alza y un clímax que sorprende al lector en su avidez, de personajes narradores lúcidos hasta la seducción, todo se deja ver de forma superlativa en este cuento inmejorable. Mención equiparable por la factura previa del vasco-hermosillense en su obra Tiempo de conejos (ISC, 2006) novela de intriga y decepción en una aventura que lo mismo hace guiños al arte y sus motivos, que se sumerge en la verdadera cara del México y el Hermosillo conservadores y perversos, a partir de una ficción realista bien dotada de sorpresas y duras y sesudas reflexiones de hábil articulación. Un libro espléndido para los amantes de la buena novela.

Así, Homicidio pitagórico abre las puertas de este libro ganador (para el lector).

El desfile de historias del pueblo que es Santa Cruz del Bordo, que si fuéramos porfiadamente indiscretos diríamos que es un lugar con inconfundible dedicatoria para quienes conocemos el lugar y sabemos las escalas profesionales de Imanol, pero eso se lo dejamos al lector: Santa Cruz del Bordo lo mismo puede ser un pueblo como muchos en la frontera norte mexicana o puede ser el heterónimo que se supone que es. El lector lo disfrutará por igual sin ese dilema menor o adivinará la urdimbre; entonces se prosigue con un cuento sinuosamente climático: Un saxofonista forma parte de un grupo de jazz de un bar de la frontera; su esposa es el leit motiv de su cielo y su infierno; el músico, cuyos conocimientos acerca de la música rebasan con mucho sus logros personales y su situación actual, relata su propia celotipia y el triángulo amoroso que desata su muy particular pandemónium: la noche de cuestión ha de enfrentarlo con su rival de amores con resultados que se reservan al prurito del espectador: Usted lector. Gran parte del valor del relato se encuentra en la precisión y riqueza descriptiva del planteamiento del asunto: Imanol escribe con una agudeza de erudito del jazz y una capacidad intimista propia de un cuento bien logrado.

En Picaresca de los perros el personaje narrador alude una anécdota plena de cotidianeidad y realismo, porque la buena literatura (y la grande también) tiene ese mismo origen: Nos narran (narran nuestras vivencias y animadversiones); nos remiten a cosas, lugares y situaciones con las que nos identificamos y de repente nos preguntamos si no somos nosotros los del cuento; de forma que este breve relato nos lleva a querer saber desde el párrafo inicial de qué se trata eso de que en una calle de un barrio de una colonia pobre de un pueblo del desierto, los perros callejeros son una comunidad con vida y universo propios. Texto divertido y esperpéntico.

El relato denominado Los dueños de la noche es un relato escalofriante. Perfectamente trazado a partir de la realidad de los fraccionamientos periféricos y de interés social de las ciudades del México moderno, donde el crimen y la drogadicción son un binomio que se confunde y cruza para un coctel nefasto, la historia retrata dos postales: un hogar donde una joven pareja vive para servir en todo a su hija recién nacida –adentro de la casa- y el mundo externo traducido en el acecho siniestro e implacable –apenas por fuera de la casa- de un asaltante asesino sin escrúpulos que se encuentra en la puerta tratando de forzar la cerradura y acometer con un infierno la calma precaria de ese hogar incipiente. Sólo el joven y titubeante padre, con zozobra y arrojo, advierte ese peligro.

Niñas peregrinas es un cuento abierta y efectivamente erótico, pero narrado desde los límites expresivos de la sensualidad bien entendida, sin vulgaridad gratuita o bajezas adjetivas, que habla de una adolescente terrible y desbordantemente impúdica donde se describe el poderío que irradia una chica desde sus dotes físicas en el marco de un medio ideal: un colegio privado. Sin falsos tapujos, el relato habla de algo que salta a la vista y que se demuestra desde hace muchas décadas en los corredores de las escuelas de media básica y media superior en nuestras sociedades, con un referente innegable en la cultura norteamericana y transfronteriza: El despertar sexual, complicado y complejo, o socarrón e incontenible, propio de muchas adolescentes y que constituyen un témpano de tabús morales, religiosos, sociales y escolares con implicaciones por todos conocidas. Un cuento que asesta un tema para muchos escabroso con su ágil esgrima y la espada desenvainada que es su pluma, Imanol Caneyada, en este ramillete de buena orfebrería de flores ominosas y crueles.

A la mitad del texto de marras, surge como otra pequeña obra maestra de la mejor manufactura el libelo titulado Un problema de abasto, donde otra vez la cotidianidad y los personajes de la calle son material precioso para la construcción de una ficción genial. Si la broma que todos conocemos acerca de los sabrosos tacos de carne de perro o de carne de gato que venden en la carreta de la esquina, se han vuelto parte de la cultura popular, hay que leer este relato para de una forma divertida y con un elemento de sorpresa propio de los cuentos ganadores, ser testigos de la forma en que el talento de Imanol tensa el arco para clavar una certera flecha en el arte de figurar historias y darles su justa concreción llevando los elementos de la realidad un paso cuantitativo y cualitativo más allá de lo convencional. El reputado y extraordinario escritor Francisco Hagenbeck incluyó este relato en su antología de lo mejor del cuento negro “La renovada muerte” (Ed. Grijalbo, 2019) y ya desde Los confines de la arena constatamos porqué. Un cuento para todo lector, y eso dice bastante.

White trash es un cuento que triangula a una mujer policía, a una familia disfuncional y al fenómeno del racismo de la Patrulla Fronteriza contra los migrantes mexicanos y centroamericanos que cruzan ilegalmente el cerco de los Estados Unidos. El entramado del cuento, si no singular por lo menos apela a un recurso polifónico que habla de los riesgos y variantes que ejerce el autor, con una respiración acompasada donde fluye una narración plena de rasgos y de descripciones que precisan la historia, además de una conjunción de eventos que hablan de trabajo a conciencia y dominio para su consecución por parte del autor; alterna los derroteros de una chica que practica, a contracorriente, el duro oficio de guardiana del orden en un mundo de hombres y un territorio de violencia, machismo, corrupción, donde el texto detalla las lógicas pasadas y presentes de esta particular; después sus padres, sus hermanos y un inesperado y oscuro sujeto que aparece y se apodera del centro del núcleo familiar debido a circunstancias de dinero que inclinan la balanza a su favor, entre tanto alguien está disparando a los  migrantes cuando trepan el cerco fronterizo para alcanzar el suelo (sueño) estadounidense… por azares del destino la mujer policía ha de  tener que hacerse cargo de uno de los ignotos y sureños muertos, pero no sólo eso: Se dispondrá a indagar acerca del francotirador del otro lado de la línea.

Cuando uno lee a Imanol Caneyada se está leyendo no sólo a un periodista avenido a escritor (o aun portentoso escritor que juega de verdad al periodismo) sino a un ciudadano con un agudo ojo crítico respecto del hecho social y la cuestión nacional; sin embargo, lo que lo desmarca de los autores que se conforman con pintar literariamente una buena historia surgida de la realidad, es que en el caso de Imanol sus personajes ficticios reclaman vida propia, autonomía, pensamiento, reflexión y desempatan el simple y sencillo copycat o fotocopiado del periódico al cuento, entonces el libro, la novela, el cuento, se quedan siendo cuento, libro, novela, y no al revés: No son textos literarios hijos de la realidad y que no aportan nada extra, sino son buena literatura impregnada de realismo social, y se distingue uno de otro: Una cosa es la realidad y otra cosas son los libros de Imanol Caneyada. El fuerte de los libros de Imanol no es la realidad que retratan o interpretan; el fuerte de los libros de Imanol es su escritura única que le dota de otro sabor a la realidad, con muchas más capas que las de un periódico, una revista, un artículo, una crónica o un boletín de prensa: Llevan el contenido humano de la realidad.

En el mismo sentido de la idea, las historias, los hechos y los personajes de Imanol Caneyada son de una oscuridad dura, realmente negra, nunca, o casi nunca, dan una concesión al lector, no son en ningún momento complacientes (al menos no abierta  conscientemente, acaso en un punto de la historia y como aderezo parcial y delicado de un personaje, femenino acaso, con debilidades humanas acaso, con momentos donde el corazón recobra su lugar y piensa, hace conciencia, acaso) dando la fuerte impresión de que leer a Imanol puede resultar desolador, pero una desolación fruta de la claridad, el conocimiento de causa, y una verdad tan dura que ni siquiera tenemos la fuerza para soportarla. De eso está lleno Los confines de la arena y prospectivamente la esencia de muchas de las obras de Imanol. Tenemos entonces a un narrador, un pensador, constante, consistente, congruente, con una visión de la naturaleza humana que si bien reviste oscuridad y cierta desesperanza, tiene la capacidad de ilustrarnos con ficciones auténticas y presentadas con recursos genuinamente literarios, hechos e historias tan desconcertantes, sangrientas o desalmadas, que a vuelta de telediario o nota policíaca el verdadero mundo, las personas de carne, hueso y domicilio, nos hacen corroborar que en realidad Imanol Caneyada es un cordero que se queda corto en sus evoluciones o en su descripción del humano de hoy, porque los hechos del mundo de hoy: la maldadsin límites de hechos que bañan de luto e iniquidad a las comunidades de frontera a frontera, son tan horrendas y bizarras que se quedan en categorías de indecibles, inenarrables, en contraste a las obras de Imanol. El terror de México es inenarrable, es indecible. Y sin embargo (ahí tienen).

Estos es: la realidad supera a las ficciones de Imanol; al mismo tiempo, acordemos que las ficciones de Imanol retratan fielmente la realidad de hoy pero la describen desde un arte consumado: el poder narrativo y la exquisitez verbal.

En Los confines de la arena no pueden faltar el relato de un narcotraficante en problemas, historia de traición, abuso de poder, excesos y ajustes de cuentas, contado con el vértigo de la acción constante, propiciando una lectura donde los hechos ocurren al instante que el lector serpentea los renglones, velocidad de autos, noches de huida, cruces fronterizos, dando lugar a un tour de force sorpresivo, emocionante, atroz; La balada de Everardo Galleto es el nombre del cuento; y, por otra parte, en Asesinato con chayote otra vez es el personaje narrador quien nos conduce a otra historia en Santa Cruz del Bordo: El corresponsal de un periódico del Distrito Federal asiste a la frontera soleada, arenosa y calurosa al extremo, a solventar la nota sobre el extravío de una tonelada de cocaína, la muerte de un funcionario de seguridad estatal y el misterio que envuelve una ejecución que cuenta con una inequívoca testigo que significará la verdad o la fatalidad para este reportero. Las cosas que suceden en los confines de la arena de nuestro país son claramente reflejadas en este cuento superior: Los gobiernos locales, el crimen organizado y un ambiente periodístico cuyas plumas se venden al mejor postor, son caldo de cultivo que utiliza Imanol Caneyada para narrar sin pelos en la lengua. La capacidad de síntesis que logra este libro para describir una realidad particular compleja y geográficamente bien localizada y circunstanciada, es lo que hace de este libro un producto literario importante, significativo, pertinente de lectura para su disfrute y para su consideración intelectual y de cultura general. Es un libro con agendas, y no todos lo son. El cuento final de esta obra se titula Escarmientos y proyecta a Imanol Caneyada como narrador en su más cruda interpretación del alma humana. Si el descenso a los infiernos es un tema presente en toda la narrativa fundamental que se precie de serlo, este es el ejemplo por antonomasia. Los derroteros de la vida de un hombre, su proyecto de existencia, su anhelo troncal de casarse y tener hijos, rápidamente se topa con la significación y el empoderamiento de una mujer que quiere ser dueña de su propia vida, al menos del uso de su cuerpo; en ese sentido, el afán por subir en la vida presenta dos caras de una misma moneda: Las oportunidades y el precio de ese éxito. En un país corrupto y en un mundo donde los individuos topan (topamos) con la ignominia de los principios traicionados y con la muerte de los ideales básicos, los personajes de este cuento navegan entre sus anhelos de felicidad y su debilidad de la carne para resistir la tentación del placer, sea este monetario, profesional, material o sexual. Todo tiene su precio y todo fin justifica sus medios. Pero siempre algo sale mal. El perfume de la infidelidad y el vaho de los grandes montos de dinero robado por la corrupción se hacen presentes aquí sublimando al lector en una historia donde seguramente, en un momento dado, quisiéramos estar en el lugar de alguno de los personajes, y una historia que, por otra parte, a nadie nos gustaría vivir. Kudos y pulgares arriba para Imanol Caneyada en un libro indispensable en su colección de éxitos.

Los confines de la arena, probablemente agotado en su edición impresa, pero presente en todo el sistema de bibliotecas públicas del Estado de Sonora, se puede leer en PDF en versión digital en la página Biblioteca Digital de Sonora. En esta temporada de confinamiento y cuarentena. En esta Jornada Nacional de Sana Distancia, ahora que predomina la moda de leer en pantalla, le recomendamos leer este libro de cuentos.

Si no, yo tengo uno disponible.

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