Literatura Sonorense: El ruiseñor metálico, novela de Víctor Gutiérrez Gándara

…entonces dices ‘muerte’ y todas las zarzas del tiempo enroscan tu alma

Emil Cioran

Luis Álvarez Beltrán

Ganadora del Concurso del Libro Sonorense 2016, la novela El ruiseñor metálico (ISC- Editorial Universitaria UANL, 2018), ópera prima del joven escritor jalisciense avecindado en Sonora, Víctor Gutiérrez Gándara (Guadalajara, 1990), es una interesante propuesta narrativa con más de un elemento destacado para considerarse como opción de lectura.

A la sazón de la literatura de género que permea en la actualidad, El ruiseñor se abre de capa con un excelso acierto presentando a un personaje femenino que nació con un pene entre sus piernas. No estamos hablando propiamente de una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre; sino de una mujer, hermosa por cierto, que accedió a esta vida con un inesperado bulto carnal en la entrepierna que le condicionará la existencia en el capital rubro de las relaciones interpersonales.

Novela ágil, breve hasta la reconsideración del género (rayando en la noveleta, el cuento largo), el texto, cosa de agradecerse, se limita a decir lo que quiere decir en un juego de pocos acontecimientos, pero llenos de insights (introspecciones, análisis) que sustentan sentido y trama.

La historia de amor de Julia y Julio, exenta del proceso de flirteo y seducción característico de la novela tradicional, describe con cabal acierto las características de las relaciones sociales, sentimentales, sexuales, interpersonales de esta generación, de este milenio. Como parte de una literatura del desencanto ya consolidada y asumida, la novela de Gutiérrez Gándara da por hecho la desintegración familiar y que los jóvenes desde muy temprana edad enfrentan al mundo de forma solitaria, sin demasiados asideros o sin asideros a secas, implicándoles ello un carácter que aflora en pensamientos irónicos pero también una entereza que conmueve y entraña porque hay algo que los ha despojado de esperanzas rosas y dan a entender que saben muy bien a que se atienen en su mundo. Su angustia es sincera, a flor de piel, pero no está desprovista de coraje y arrestos físicos y psicológicos.

La historia se divide en dos: La primera donde Julia, el personaje femenino pero subnormal de acuerdo a los estándares generalmente aceptados por la especie humana, narra sus días de conocer a Julio. Se presenta ante el lector narrando en primera persona del singular y en un primer capítulo lleno de contrariedades, suelta la bomba que es la apuesta de este libro: – Pues… ante cualquier circunstancia debes saber que nací como varón.

Vale decir que la fuerza y la emoción, la entraña de este libro, corresponde a la parte de Julia, quien pone corazón, nervio, cuerpo y encanto para seducir y dejarse seducir por Julio, en un amor a primera vista lo suficientemente convincente como para saber que, probablemente, no  tiene ningún futuro. Pero acá las sorpresas se suceden. Julia se deja llevar por un pequeño pero significativo descenso a los infiernos, no hay mal que por bien no venga, donde el vacío creado la llevará a reflexionar concienzudamente acerca de su caprichosa pero inconveniente naturaleza, su condición ante los demás, sus perspectivas personales de cara al futuro en más de un aspecto fundamental y a, dolorosamente, tener que encarar los prejuicios de un mundo que la aplastará por cuestiones de discriminación y de género, cuestión honda que nos lleva al centro de una realidad que aún se cuenta como asignatura pendiente en el mundo occidental: qué tan tolerantes somos, qué tan incluyentes somos, qué tan humanamente progresivos somos en el terreno de las cuestiones de género y en los derechos humanos ultimadamente. En esos avatares, Julia conoce a una exacta contraparte que se convertirá en alguien importante para la praxis de años venideros.

Personaje entrañable y fascinante, Julia tiene por amigo imaginario a un ruiseñor metálico que la visita durante sus soledades y que la ha acompañado desde su adolescencia. Este curioso personaje aporta el twist literario que toda obra narrativa sugiere indispensable, refresca la trama, la condimenta, la dota de humor y siempre deja colgado en la mente del lector sus posibles intenciones ulteriores y lleva a preguntarse de qué vienen sus símbolos. Uno no puede parar de leer a Julia en sus vicisitudes y en sus derroteros, en sus horas azules. El lector quiere a Julia porque es diferente y porque es una guerrera frágil y valiente.

En la parte complementaria, Julio, el galán se apodera de las líneas hasta el fin de la novela. Todo cambia: los párrafos se hacen extensos, aparece un personaje masculino más bien ordinario, pasivo en algún sentido, malhumorado como indistintamente se llega a ser cuando un adolescente convive con una madre molona y tradicionalista, torpe como el amante púber que aspira a ser en su rito iniciático, equivocado en sus decisiones más significativas como la de elegir pareja y casarse; por lo demás, un personaje que sólo cobra interés cuando aparece Julia en el epicentro de su vida.

Los derroteros de la historia de amor de Julia y Julio son breves y son fugaces pero son hondos, profundos, intrigantes, porque en sí son dos chicos que no han llegado aún a los treinta años, o apenas lo hicieron, cuando se cierra la novela. Esto quiere decir que esta novela es la historia parcial de la vida de dos jóvenes que no han llegado a la parte crucial de una vida normal, la madurez o la mediana edad, narradas por un escritor que al escribirlas tenía a lo mucho veinticinco o veintiséis años, con todo mérito y talento. La historia no queda a deber pero queda un leve sabor de querer haber figurado cómo resolverían sus dilemas ambos personajes. Aunque el libro se resuelve poéticamente y con una justeza graciosa y suspensiva no solo aceptable sino de buen gusto.

Para contextualizar este evento literario, la salida a la luz editorial de esta obra apenas en noviembre de 2018, ya antes ha habido escritores veinteañeros que se han llevado los lauros del género de novela en el Concurso del Libro Sonorense con anterioridad. En su momento Gerardo Hernádez Jacobo en 2006 accedió a su carrera de escritor con Dos píldoras azules. Poco después, en 2008, Claudia Velina Reina instituyó a las mujeres como parte del presente y el futuro de la narrativa sonorense con su obra Esto no es una pipa. El nogalense Salvador Alejandro triunfó con Sociedad anónima de identidad variable y por medio del Programa Editorial de Sonora, Tania Yareli Rocha se estrenó como autora con Ambar: Morir por ser perfecta.

El común denominador de todos estos libros es que, aunque formalizan la obra de estos autores, los inscriben en el continente literario o el mapa sonorense y mexicano de las letras, al ser obras juveniles se trata todavía de narradores en ciernes, de escritores en proceso de evolución, de escritores aprendiendo a ser escritores (no obstante escritores ya), por lo que tales libros tienen ese común denominador de los libros juveniles que publica el Fondo Editorial Tierra Adentro por los últimos treinta años. Libros generalmente breves con la inherente limitante en el desarrollo de contextos históricos o geográficos (cuestiones que no tienen por qué ser indispensables, pero se desmarcan); pero cuentan con la virtud de presentar de forma aguda una cuestión humana palpable y palpitante. Vale la pena adentrarse en estas ficciones y otorgar su justo valor a estas propuestas. En su momento la ahora joven veterana Eve Gil también ganó este concurso con El suplicio de Adán (CLS 1998) una obra que aún espera el dictamen final de sus lectores, porque apenas se editó gracias a la gestión de Josué Barrera en la coordinación editorial en años recientes.

Sonora ha contado con cabales novelistas como el fallecido Sergio Valenzuela, portentoso artesano de ficciones históricas, Carlos Moncada, seguramente el decano de los narradores sonorenses en la actualidad, el finado Miguel Méndez es considerado como uno de los narradores chicanos más importantes del siglo XX y es paisano de El claro,  Santa Ana, y parte del censo de novelistas lo ocupa también el rocaportense Guillermo Munro;  actualmente la novela sonorense cuenta con piedras angulares como Imanol Caneyada, autor perteneciente al Sistema Nacional de Creadores de Arte (FONCA), Carlos Sánchez que ha estrenado su segunda novela Para ti no habrá sol; el mismo Gerardo Hernández Jacobo y Carlos Padilla, entre otros. Las mujeres, destacando al par, postulan a María Antonieta Mendívil, las mismas Eve Gil y Claudia Velina Reina, de forma que el género tiene un saludable presente y un promisorio futuro para la letras de este noroeste desértico y contemplativo.

En posteriores colaboraciones abordaremos los exponentes del género de cuento, que se proyecta con la misma o mayor fuerza dentro de la literatura estatal y nacional.

Celebremos la lectura leyendo El ruiseñor metálico del novel talento Víctor Gutiérrez Gándara.

 

https://www.youtube.com/watch?v=6Ejga4kJUts

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