Linderos

 

L. Carlos Sánchez

Porque el arte sintetiza. Y en un espacio minúsculo cabe la universalidad del pensamiento, el quebranto del proyecto de vida dicho desde el cuerpo en movimiento.

El quebranto es la propuesta de Linderos, coreografía que dirige Carolina Ferrá, y en el cual participan Isaac Peña con la música (en vivo), Ramiro Airola y Carlos García como bailarines, Jéssica Contreras es asistente.

Lo vimos y reaccionamos, padecimos, en el contexto de Viso Out Festival 2021, en la explanada del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora.

Un migrante, un indigente, la calle y sus consecuencias, un pinchanzo en la vena, la fuga en pleno tráfico citadino y nocturno, cuando el viento frío nos hostigó. La postal ad hoc mientras la danza nos halaba con ese mecate de la emoción. Y el doler del otro dentro de nosotros.

Un cuerpo y dos. El uno mismo. La solidaridad, la empatía, el córrele que te alcanzan. Que nos alcanza la muerte, que nos reclama la vida. Allí, en ese páramo desde la imaginación, porque la dirección así lo propone, en ese trazo del ir y venir.

En la escena están ellos, los caídos en desgracia, en la expectación estamos nosotros, impávidos, que el pestañeo no nos interrumpa la visión. La tecnología es un juego perfecto de la analogía, porque mientras los bailarines obedecen el curso de la historia que ya emana desde sus cuerpos, una cámara proyecta (a manera de vigilancia) la agonía permanente de los personajes.

Estamos bajo vigilancia de la autoridad que es enemiga, del gabacho hermano mayor de los días que son los dueños de la América del Norte, y lo que ocurre lo pueden observar desde el confort de una butaca, en el interior de sus oficinas.

¿Y nosotros? Nosotros también esa noche de Linderos acudimos a la cita del en vivo, y mientras en el vientre un calorcillo incómodo nos picaba constante, a nuestra diestra esa proyección nos informaba sobre la existencia de la indiferencia. Porque vemos y nada hacemos. Incluso cuando algo pudiéramos hacer.

El arte así, un contar de la tragedia, y en lo que a mí respecta, el tema de Linderos me queda pintadito, porque me revive el contenido de aquel primer libro publicado bajo mi rúbrica, las crónicas de la desolación, idénticos los personajes de esta coreografía con los personajes que desfilan por las páginas del libro de marras. La misma suerte, similitud y constancia de que la vida a veces cambia, a veces: nel.

Puedo decir, por lo pronto, que sí, el arte sí, ese llamado a la reflexión que a la postre se convierte en transformación. Porque sucede que si no actuamos en solidaridad con estos seres caídos en desgracia, por lo menos tenemos la oportunidad de acudir y apreciar las propuestas de quienes ponen el dedo en la llaga: Cayo de sal producciones, por ejemplo.

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