Las vacaciones

Reinaldo García Blanco

*

Las vacaciones
No teníamos noción del verano.
Paladeaba en silencio los sombres sonoros:
Taguasco
Lebrije
La Sierpe
Carrabayaná
Estancia Lejos
Palma Sola
Y un camión enorme que nos llevaba por caminos vecinales
Y luego unos caballos miniaturas
prestados por la familia Fatabella.
Después era un tren que nos dejaba en Florencia.
Otros primos venían por nuestro equipaje.
Había un cerro de arenisca y pájaros que no gorjeaban.
Un abra parecida a una ensenada sembrada completamente de trigo. Y aprendí para siempre la palabra trigo. Mis tíos lo trasladaban en un carromato cargado de sacos enormes y amarillos.
Hombres que con un silbo
Atraían a las aves
Que cazaban y llenaban sus costales.
Eran días áureos y yo no lo sospechaba. Rodaba un aro por el camino de cascajos y era medianamente feliz sin saberlo.
Para esa fecha las tardes eran calizas.
Mi padre se reencontraba con la cerveza y tuve miedo de la Turba y el mundo pendía de un hilo y de la maestranza o la calistenia de sus brazos.

 

*

La ciudad comienza a despertar. El ruido crece. El aroma del café se confunde con el bullicio de los niños rumbo a la escuela. Aunque en realidad la semana inicia en domingo es el lunes en que comenzamos armar y desarmar la vida.
En nuestro Centro Loyola la vida empieza el lunes. Es como recomenzar el camino lleno de esperanzas, reflexiones y visiones y experiencias de vida.
Nos sentamos en círculo. En el limonero del patio un gorrión reclama las migas de pan mañanero. Vienen los primeros abrazos y preguntarse por la familia, los asombros y las buenas luces que nos acompañaron el fin de semana. Un lunes con resonancias poéticas del venezolano Aquiles Nazoa: Madre, pequeña fábrica de amor, mansa esposa del Tiempo, milagro de tu carne fue darles forma humana a las tinieblas y recoger la noche en tus entrañas para levantarla como una espiga hacia la aurora. //Yo lo sé, yo lo sé, porque mis ojos, yo lo sé, no han conocido estrellas más suntuosas, ni mañana más claras, ni flores más augustas ni en fin nubes, como las que aprendí desde tu cuerpo a mirar a través de tu mirada.

 

Reinaldo García Blanco (Sancti Spíritus. 1962). Poeta y escritor radial cubano. Ha publicado entre otros: Perros blancos de la aurora (Editorial Orientes, 1994); Adiós naves de Tarsis (Ediciones Vigía, 1995); Instrucciones para matar un colibrí (Ediciones Santiago, 2002 y España, Diputación de Córdoba-Ediciones Unión, 2004); Campos de belleza armada (Ediciones Unión, 2007), ganador del Premio Casa de las Américas 2017, en el género de Poesía, por su poemario “Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa”.

Leave a reply