Las risueñas

 

“Sonríe y el mundo sonreirá contigo, llora y llorarás solo”
Charles Chaplin

Aldo León Flores

Carroñeras, sucias e inhumadas. Ninguno de estos adjetivos describe su rasgo más distintivo; su sonrisa. Con sus hijos, su pareja, el sol ¡hasta con sus enemigos! Las hienas tienen la risa a flor de piel, tanto que hasta cuando están enfurecidas o tristes se  les dificulta esconder su risueña naturaleza. Pero el resto de los animales, recelosos y tímidos,  no comparten esa naturaleza.

Mientras la mayoría de los animales comen dejando parte de la víctima ellas trituran hasta el último hueso, devoran vísceras, cartílagos y nervios en señal de agradecimiento pues detestan  desperdiciar comida. Contrariamente a lo que se piensa no son animales carroñeros, cazan la mayor parte de su alimento, pero nunca está de más aprovechar lo que los demás dejan. Conocedoras del ciclo de la vida son previsoras de sus altibajos, por ello, en señal de agradecimiento, devoran todo.

Son una mezcla de todo lo que se detesta, tal es el hecho de comer animales en descomposición. Envidia pura ¿acaso el resto de los animales no la haría si su organismo lo resistiera? Si tuvieran la potencia para destazar el alimento tal lo hacen ellas, ¿no lo harían? Estómagos débiles que no digieren nada, mismos que los proveen de la necesidad de cazar diario. La hiena los mira y ríe con más ganas.

Caminan solitarias por la estepa, a pesar de sonreír al resto de los animales, éstos las repelen, no pueden soportar como otros seres pueden ser tan despreocupados por la sobrevivencia. Haya tormenta, sequía u ventisca…ríen. No tienen otra opción. Ser exiliadas por dar una sonrisa a la adversidad.

Su risa no es burla, es un saludo malentendido. Tal vez de ahí parta todo.

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