Las Matriarcas: una cantina reshula

 

Las Matriarcas. Foto: Ana Isabel Campillo

Heriberto Duarte Rosas

Cuando entré a la cantina el sábado no sabía que me deparaba el destino. No arrojé una moneda al aire para decidir.  No lo planeé. Me sorprendió la noche.

Cabaret Las Matriarcas. La mesera salió a atender las mesas, cerveza y cacahuates para todos. Agarré asiento. De soslayo vi el piano y un pianista. Esto se va poner bueno, me dije.

Con una parodia de Bella Ciao, empieza el musical. Cuatro mujeres y hombre salen entre las mesas cantando y subirán al escenario. Advierten y presumen que esta cantina está reshula, más chula que el Club Obregón (conocido lugar del centro de Hermosillo). Que estamos todos en la clandestinidad porque la cantina fue clausurada. Que esta es nuestra cantina de confianza. Que no tengamos miedo del inframundo ya que es parte de nuestra nación.  Y que, por si fuera poco, seremos atendidos por las muertas. Bien muertas. Y feministas.

Cuando entré a la cantina el sábado no sabía que Lilith, la misma, la primera esposa de Adán, nos ofrecería clases sexuales y confesiones. Tutoriales para el orgasmo femenino, el cual, no se debe tomar a la ligera, Que rico y que sabroso, cantaron todos.

No sabía tampoco que Elena Garro, mientras destroncha mariguana y se forja, nos contaría desde sus ojos picarones, como Octavio Paz la golpeaba porque en su voz, nunca supo ser una chingona. Porque las mujeres son mejores calladitas y que “si eres inteligente mija, ni le digas a nadie”.

No me imaginé que la Malinche, o bien y mejor, Malintzi; nos educaría con que eso de la identidad nacional la traemos perdida. Y que la neta, hay que sacarnos ese Hernán Cortés que llevamos dentro, porque es un rencor que no nos deja. Que fue tra-duc-tora y no una traidora. Y si la historia quiere reclamar algo que le reclame a su padrino que la vendió. Que dejen de estar chingando a su madre y que mejor chinguen a su padre. ¡Chinga a tu padre Cortés!

La cantina está llena de sorpresas. Ahora José, que es un experto en violencia de género nos cuenta de los feminicidios, cuáles son y cómo son y cuántos el cometió. Y que no le gusta tanto la sangre, porque “ya muerta la mujer ¿Quién limpia?”. Toda la maldad en sus dientes y en sus ojos. Y nunca lo agarraron, porque aquí donde vivimos, no los quieren agarrar.

La novedad es que María Izquierdo y Frida Kahlo, ahora andan pintando uñas porque a pesar de la censura, hay que chambear.

AndamioSTeatro, logra con una inteligencia filosa, desde el Teatro Cabaret, hacernos reír con el dolor. Un discurso potente tratado de manera admirable.

Esta cantina es la última función de Lunas de Urano 2019, cerrando en su casa, con la casa llena.

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