Las manos llenas de palabras

Pájaros dormidos. Fragmento
Pájaros dormidos. Fragmento

Una reseña sobre Para ti no habrá sol

Josefa Isabel Rojas Molina

¿Qué nos lleva a contar lo verdadero? ¿qué nos impulsa a crear ficciones? Los escritores pudieran, tal vez, decírnoslo.

Carlos Sánchez nos presenta una novela:  Para ti no habrá sol (Ebetchi’ibo kaa taataria ayune).

En varios pueblos de nuestro México hay un barrio llamado La matanza, la razón para tal nombre en cada localidad, radica en que, metódicamente se mataron animales, en gran número. En La matanza, en Hermosillo, se formó, casi sin querer, un asentamiento humano.

Sewa, habitante del barrio formado sobre la sangre y con personajes producto de otras sangres nos obsequia su historia; y la historia de Nicanor, el pescador que quería volver a ser un danzante de venado, el huérfano que usaba un rosario de torote y que se fue, se fue persiguiendo el coral.

Tiempos difíciles esos, los de la novela, tiempos difíciles, los que los historiadores han rescatado y gracias a los cuales nos llenamos de impotencia, porque conocer lo que se hizo y se sigue haciendo contra los más vulnerables, en este caso los yaquis, enoja y duele.

El que escribe tiene un legado, el legado de las vidas que le contaron y que necesita relatar, porque tiene las manos llenas de palabras y los ojos de lágrimas por el dolor que habita en los personajes que le pueblan el pensamiento porque “Esto de vivir tranquilos se nos niega”, como bien dice Juan, el abuelo, tan parecido y no a ese Don Juan de la literatura chamánica que a un escritor peruano hizo famoso.

Había que hablar de Fermín, el Pascolita, huy, qué llorar; de Lino, el bailador, y muerto; de los perdidos y sus madres, de Saila. Había que decir de la patria que es el barrio y el alcohol, metanfetaminas y la violencia que lo empantanan.

Sewa, la narradora, es también asidua a las bibliotecas y nos dice: “Por eso es que acudo a la lectura (…), por eso la recurrencia a los libros (…), porque es la palabra el mejor relajante para el alma.”

Son tiempos difíciles estos, ni que discutir. Por eso hay que sujetarnos a la literatura para no naufragar. Leer esta novela y conocer del juramento yaqui, hermoso conjunto de palabras; empatizar o no con las historias y los seres humanos que las habitan…

Reflexionar en las palabras de Sewa: “Quizá mi recuerdo es solo un pasaje que me invento, porque ¿qué otra cosa ha de ser la memoria sino también una invención?”

Eso es la memoria. A rescatarla.

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