La tragedia de los osados

Misuki Takaya

Héroe es todo aquel que se atreve a desafiar a las fuerzas superiores: a la naturaleza, a los dioses, incluso la muerte. Así aquel que osa sobreponer su espíritu más allá de la pobreza, el hambre, la mirada desviada de los que “sí viven bien”, también merecen ser llamados héroes.

Un desfile de personajes desgarbados y jodidos, aparece en la carpa (el auditorio de la Casa Hoeffer), cuando el escenario no podría ser más mísero, el grupo coloca una “mísera” instalación de cartón, trapos, y los restos de una silla de rueda.

Aún en medio de la penuria, surge la salvación: bendito Teatro; que por medio de la convicción nos presenta otras posibilidades.

Esta puesta en escena dirigida por Mariano Sosa, ofrece una historia dentro de otra historia: Teatro dentro del teatro. Así en esta convicción eleva a estos personajes a: Dioses, reyes, quimeras, oráculos y héroes.

El destinos, disfrazado de casualidad, pone en mano de estos personajes un texto, es así como comienza: Epístola a Belerofonte.

La dirección propone un contraste con la obra de Orlando Quijada, el texto ganador del Libro Sonorense 2017 en la categoría dramaturgia. Olvidémonos de las batas blancas y recitaciones solemnes y vayamos a tonos jocosos, fársicos, al clown y la caricatura; en todo momento tenemos claro que esta es una obra hecha por mendigos que encontraron un texto y que a su vez están en otra obra. El montaje no demerita en ningún momento el rico y complejo lenguaje propuesto por el dramaturgo, está siempre presente y se hilvana armoniosamente. Como resultado tenemos una obra generosa, rica en recursos actorales y con un buen ritmo.

La producción es a primera vista simple, pero tanto la dirección y los actores y actriz han sabido dar peso a cada elemento de utilería y escenografía. Del cartón un pegaso, de la silla de ruedas un trono y de una grabadora el llamado del oráculo.

Así, entre risas, se hace presente la tragedia de Hipóos, guerrero exiliado de su reino y estigmatizado con el nombre de Belerofonte por haber asesinado accidentalmente a su hermano, se envuelve en la conspiración de dos reyes para su propia muerte. Por medio de una epístola, el Rey Preto solicita a su suegro, Rey Lóbates, la muerte de Belerofonte, por solicitud de su esposa, la reina Antea. Al recibir al guerrero, el padre de Antea pone a prueba su fuerza y su destreza.

Corresponde a una crítica más espesa y detallada analizar cada una de las partes de esta puesta, uso de recursos, así como de su dirección artística. Por lo pronto puedo decir, que la riqueza de este montaje está en la genialidad de crear una convicción paralela al texto, que suma a su significado.

La ficción como balsa que nos une en comunión. El volver los ojos a aquellos que consideramos pobres y el repensar el concepto “alta cultura”, si es que esto existe.

Aprovecho y mando un abrazo al elenco: Danny Desband, Diana Renée Gerardo, Ivan Valenzuela y Jacinto Carrasco, a Angélica Castillo en la producción y a Mariano Sosa en la dirección; en todo momento el disfrute, el gozo de permitirse jugar y de hacer lo que nos gusta: Teatro.

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