La Sociedad Scardo*

Esto es una ficción. Todo el asunto del coronavirus.

 

Luis Álvarez Beltrán

 

 

La Sociedad Scardo no tiene nacionalidad; no tiene ideología,

no tiene religión. No tiene límites.       

 

Taylor Caldwell

 

            Esto es una ficción. Todo el asunto del coronavirus.

            En todos los magnicidios resueltos y no resueltos, desde una sombra ignominiosa, ignota y aparentemente lejana, se encontraba la secreta mano de la Sociedad Scardo.

            Detrás de las guerras mundiales, con décadas de planeación, con la misma paciencia de maduración de las civilizaciones y los ecosistemas naturales, con ese sabio elemento de la visión transgeneracional, de largo plazo, los amos de la guerra, los fabricantes y los vendedores de armas, actúan. Desde el último cuarto del siglo XIX, la Sociedad Scardo ya sabía y trabajaba hacia la evolución de una gran guerra en Europa, la Primera Guerra Mundial; la Segunda fue sólo una extensión de la primera.

            En la mayoría de los golpes de Estado, como cabeza propiciadora, implacable y demoledora, la Sociedad Scardo patrocina y determina y después factura las ganancias: Domina el globo. La Pangea.

            Formada por financistas potentados con toda capacidad de anonimato, por magnates petroleros no susceptibles de declarar su nombre ni de mostrar su cara, por fabricantes y vendedores de armas jamás identificados y teniendo como empleados insignificantes a los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y sus satélites del Reino Unido, Australia, Sudáfrica, Israel, y con representantes con voz pero sin voto de los poderes de facto de Italia, España, Francia, Alemania, Holanda, Rusia, Brasil, Japón y hasta este siglo XXI los primeros empoderados chinos, la Sociedad Scardo vela por los intereses del mundo: Sus intereses.

            La proliferación de un virus incontrolable pero que no ponga en peligro la especie es la medida justa para el cambio en el orden mundial. Sacudir los mercados financieros hundiendo a la industria tradicional hasta ponerla de rodillas. Hordas de desempleados al paso de semanas. Desquiciar en el mediano plazo el sector agro-alimenticio, agro-industrial, a nivel mundial hasta encarecerlo y desabastecerlo globalmente y desatar el pánico y la desestabilización social en la mitad de los países del mundo, equivalente a un 40% de la población mundial, con el inevitable lastre de la hambruna mortal. Desmadejar regímenes e incubar guerras civiles o escisiones intestinas de compleja o imposible solución al grado de inhabilitar los mercados internos aun en los países con recursos suficientes para sobrevivir. La paralización social. Todos esos efectos maniatando simultáneamente a todos los países en menos de un año calendario.

            El ensayo del año 2009 con el brote del virus de la gripe A (H1N1) mostró el camino a seguir. Sólo había que perfeccionar la idea y emplearla a fondo.

            ¿Por qué?

            Otra vez la ecuación multifactorial.

            En primer lugar la sobrepoblación y el agotamiento de los recursos naturales que pone en peligro todas las formas de vida del planeta.

            En segundo lugar la crisis del cambio climático como extensión de la primera.

            En tercer lugar la crisis terminal de los sistemas de seguridad de todos los países de occidente. Millones de jubilados pensionados en todos los países del primer mundo, cobrando su retiro, quebrando los fondos de pensiones y estrangulando las finanzas públicas, aunado al aumento de los años promedio de vida de cada habitante para una pérfida combinación. Limpieza no racial, pero generacional.

            En cuarto lugar el sobrecalentamiento de la economía mundial, la sobreproducción y la sobredemanda, y su eventual e inevitable recesión con un ciclo de caída largo y pronunciado y sin una recuperación pronta o segura visible en el corto o el mediano plazo. Habría que acelerar la caída, precipitarla, para trabajarla con mejor margen de maniobra en el tiempo y desde un escenario de devastación inducida para una reconstrucción más mediata.

            En quinto lugar el agotamiento del modelo neoliberal y la necesidad de establecer otra forma de economía política que contrarreste las fuerzas que han vuelto progresivo el desarrollo económico en la mayoría de los países del sistema mundial poniendo en riesgo la hegemonía prevaleciente los últimos tres siglos: La de los oligarcas burgueses. Urgente revertir la tendencia de la economía de la inclusión y con rostro humano y provocar una contrarrevolución conservadora que haga prevalecer el stablishment.

            En sexto lugar, los signos de acoplamiento de las nuevas generaciones en el ámbito de la tecnología aplicada a la comunicación y a la producción, binomio que genera sinergias con capacidad autorreguladora y de efectos progresivos en los mercados de consumo y de inversión tendientes a concebir, desarrollar y consolidar un sistema social donde se prescinda de los gobiernos y eventualmente de las fronteras geográficas, por lo tanto también de los mercados tradicionales y sus formas y actores.

            La Sociedad Scardo vela por los intereses de un mundo donde existe un grupo exclusivo de privilegiados y han visto cómo los signos de la civilización apuntan hacia un cambio cualitativo que puede dar lugar a un nuevo paradigma global de cara a la primera mitad del siglo XXI: el año 2050.

Y el posible fin del mundo como lo conocemos… si no se hace algo.

            Después de setenta años de imponer el modelo Banco Mundial – Fondo Monetario Internacional como el mango de la sartén de las políticas económicas de los mercados emergentes, ganar la Guerra Fría, homogeneizar la ideología del mercado, el modelo neoliberal y la democracia representativa como forma de gobierno en todo el orbe para incursionar en los mercados estratégicos de todos los países, los negocios jugosos; ahora las oscuras reuniones de la Sociedad Scardo, distinguidas por su carácter analítico y su mano implacable para aplicar medidas, pero con un ADN monstruoso de no dejar nada a la incertidumbre, acusan desesperación por asestar un mazazo parecido al de 1929 para ahondar la profundidad de las diferencias entre los unos y los otros, los ricos y los pobres, en la eterna lucha de clases concebida como única y valedera verdad en el estudio de la Historia y en el análisis de la sociología y de la antropología.

             Si la Sociedad Scardo fue capaz de eliminar al único estorbo de su candidato presidencial, el torpe y pusilánime Wodrow Wilson  perfecto para sus propósitos a inicios de la segunda década del siglo XX; si se deshicieron de los Kennedy en un momento álgido de las revoluciones democráticas, en medio de independencias africanas y pugnas por el desvelamiento de las verdades de fondo del “sueño americano”, dicha sociedad secreta, patrocinadora de la formación del Estado israelí, mano intelectual detrás del asesinato de Anwar el Sadat, Mahatma Gandhi, Indira Gandhi, Olev Palme, Yasser Arafat, Luis Donaldo Colosio; ya era tiempo que abandonara sus quirúrgicas intervenciones ‘nacionales’ para figurar una conflagración de efectos globales, permanentes, ‘una solución semifinal’ de alcances transversales en la forma y condiciones de vida de los ciudadanos del mundo: Otra vez un porcentaje considerable de la población mundial habría de morir; otro porcentaje interesante debía pauperizarse no solo nominativamente sino debía quedar reducida a una calidad indigente, excluida en todos los sentidos. Los países tendrían que comenzar desde cero y desde el reducto de sus propias cenizas económicas. Lo más difícil en el sistema económico mundial prevaleciente es contar con un sistema de salud universal y gratuito para la población; nadie lo tiene, por lo tanto la emergencia de un virus mortal altamente contagioso haría colapsar a todos los sistemas de salud de todos los países del mundo a menos que estos sacrifiquen todos sus recursos financieros e incluso tecnológicos para tratar de salvar a su población. Apuesta perdedora: Salvar a los sistemas de salud de los países del mundo significa un suicidio de sus finanzas públicas y ulteriormente un suicidio de las economías nacionales. Una jugada maestra de la Sociedad Scardo. Cuando los sistemas sociales colapsan y empiezan los estallidos sociales, ahí entran los fabricantes y vendedores de armas y ahí es donde los tiburones de los fondos nacionales de inversión se adueñan de los sectores estratégicos de las economías de los países en quiebra. México = Pemex. Brasil: Petrobrás; un largo etcétera.

            La prueba de la existencia de la Sociedad Scardo fueron los improbables triunfos electorales de George W. Bush en el año 2000 y todavía más increíble, el de Donald Trump en el año 2016. Las mentes maestras de esas proezas electorales sólo pueden surgir desde esa anónima oficina. La Sociedad Scardo fue la sede secreta donde fueron ungidos todos los gobernantes estadistas de corte neoliberal de América Latina de finales del siglo XX y principios del XXI, todos ellos con una historia negra e impune en sus respectivos países. En realidad siempre trabajaron para la Sociedad Scardo y para los potentados locales avecindados en dichos países y protegidos por dicha secreta entidad innombrable. Se les distingue por sus miles de millones de dólares, rostros adustos, agendas ultrasecretas. Personalidad impenetrable.   

            La Sociedad Scardo le dice a Estados Unidos que ellos van a crear el virus y lo harán brotar, lo soltarán, en China para generar una guerra diplomática con aristas inmediatas de guerra comercial y de liderazgo global. Ya antes la Sociedad Scardo ha avisado a sus potentados chinos y al conjunto de los países involucrados también, que habrán de soportar los efectos perniciosos de este proceso y que en el largo plazo ellos usufructuarán, aves y perros carroñeros, el nuevo orden tras la conflagración: Sobre los restos de los países devastados por el virus mundial, al igual que en las guerras, una nueva clase dominante tomara el lugar de la oligarquía nacional con implicaciones de ganancias ilimitadas, infinitas. Todos los países del mundo representados en la Sociedad Scardo han aceptado el plan y absorberán los costos de esta catástrofe renovadora, mayoritariamente consistente en la muerte de sus ciudadanos, sus doctores y sus enfermeras, aceptando de antemano que lo más frágil son los regímenes de gobierno, cuya sustitución será inevitable pero totalmente cosmética. Todos los grupos de poder adscritos a la Sociedad Scardo están de acuerdo y dispuestos a emprender el plan porque saben que su estirpe, su clase, su grupo, no sólo sobrevivirá sino que aumentará y mejorará su posición; sólo tienen una unánime inquietud: El fingimiento.

            ¿Cómo harán para hacer creíbles las teorías, las explicaciones sobre el virus, cómo se generarán los muertos, cómo se enumerarán los contagios y cómo se detendrá a la prensa en su afán de conocer la verdad? ¿Cómo se contendrá a la población, a la comunidad científica en su fuerza incontenible para desenmascarar un entramado así?

            ¿Existirá el virus en verdad o será todo una charada que iremos montando por medio de directrices obligatorias dictadas a los mandatarios y sus secretarios?

            Los oscuros hombres de la Sociedad Scardo responden sin gesticular:

            Las dos cosas: Existirá el virus y también se manejará una charada.

            Ante la inexistente pregunta acerca de quién generará el virus, quién lo creará, el vocero indistinto y ocasional de la Sociedad Scardo replica sin ser solicitado:

            Está listo. La ciencia no reconoce nacionalidad.

            Los periodistas serán informados a satisfacción. Con virus y también con charada.

            La población se postrará ante el virus, alarmándose y escandalizando; pero se refrenará en tiempo y en forma, y también serán adjudicadas muertes relativas a causas asociadas o susceptibles de manipulación. La gente desde su imaginario creará su propia psicosis producto del manejo oficial de la epidemia. Los márgenes de acción de la sociedad civil serán controlados y delimitados por medio de un cerco de contención legal y sanitario. Su seguridad será la inacción: Su impotencia también. Un juego doble (y perverso).

            ¿Estará en peligro la especie? Pregunta alguien indistinto por mera curiosidad.

            Hay una posibilidad que escapa a nuestras manos. Pero no. Seguramente no.

            ¿Habrá una vacuna, una cura?

            Ya la hay. No se liberará el virus sin que estemos asegurados nosotros y los nuestros. Una vacuna y una cura. Lo que se ha creado en los laboratorios es el paquete completo pero sólo se liberará el virus. La vacuna y la cura no se distribuirán ni se liberarán hasta que no haya remedio entre nuestra clase y nada más. Tendremos muchas pérdidas nosotros mismos si nos descuidamos. Viviremos aislados de forma temporal y luego definitivamente, en la etapa final.

            ¿Y los verdaderos doctores, investigadores y la comunidad científica del sector real? ¿Qué los impedirá de encontrar la cura y la vacuna.

            Cuando lo hagan será demasiado tarde. Será incontrolable, inmanejable.

El coronavirus SARS-CoV-2 o síndrome respiratorio agudo grave, y su enfermedad respectiva Covid-19 fueron autorizados y liberados para esparcirse en el cambio de año de diciembre de 2019 – enero 2020 en China. Una vez en circulación y reconocido el riesgo de epidemia y pandemia, la alarma ha de generar la caída de la primera ficha del efecto dominó: El cierre de aeropuertos y fronteras, después las medidas de alarma consistentes en el aislamiento social y en el confinamiento generalizado, únicos verdaderos remedios preventivos para este tipo de enfermedad. Después el cierre de actividades económicas y de inmediato el crash o caída de las bolsas mundiales como primeros efectos explotables para el saqueo de los mercados: la especulación bursátil financiera para cambiar de manos millones de títulos de compañías líderes internacionales. Cambio de manos de la propiedad de compañías centenarias, milenarias, en cuestión de unos días, un escenario predecible y programado donde se pesca a río revuelto. Muchas compañías multimillonarias se declaran en bancarrota antes del tercer mes.

            El virus creado con las características especiales para matar a los pacientes con morbilidad, jubilados y pensionados ya no susceptibles de seguir desangrando los sistemas de seguridad social de Francia, España, Inglaterra, Italia, los Estados Unidos, pero lo suficientemente inofensivo para atacar y no causar síntomas ni consecuencias en poblaciones jóvenes y fuertes (sanas), ellos serán los pauperizados que escribirán los libros de lo que conocieron antes de la pandemia del virus y en lo que se convirtió después un mundo que de la nobleza tecnológica pasó a una nueva forma de semi esclavitud y de sometimiento ideológico y prácticamente fisiológico: Los nuevos pobres del siglo XXI, herederos de la calamidad de la pandemia, se alimentan prácticamente de basura. El empleo conocido como tal pasará a ser un servilismo por comida. Por comida chatarra. La educación privada y la salud privada serán prohibitivas para el setenta por ciento de la población. Se cobrarán todos los servicios de Internet hasta volverlos inaccesibles a los pobres y se crearán ciudades-burbuja donde vivirán los privilegiados del país y el resto vivirá por fuera, en las periferias, sin servicios públicos y sin medios de cambio o circulante. La violencia y la defenestración humanas serán el nombre del juego y nueva forma de vida en las afueras y sus registros no se generarán ni se informarán: No habrá conexión entre ese proceso clandestino de supervivencia y el verdadero mundo subyacente de los privilegiados. La ley del más fuerte será una ley sorda y sin testigos de cargo en los montes y cerros de la pauperización. Sólo se perpetrará y a los muertos los tragará la tierra.

            El virus que no amenaza a la especie de todos modos consume a un porcentaje de ella que primero se calcula en un cinco por ciento. Cuarenta millones de víctimas del virus. La renuncia final a combatir el virus y las reformas a la constitución que darán lugar a las ciudades-burbuja adonde sólo se accede con certificado de no contagio y no morbilidad, no sólo será el ideal de la nueva forma de vida sino además garante de la conservación de la especie humana. Los ejércitos ya no le hacen la guerra a otras naciones sino que guardan las fronteras internas de las ciudades-burbuja ante el acoso de los ciudadanos externos que tratan de acceder por comida porque no tienen agua para cultivar ni medios para obtener medicinas ni víveres: han sido relegados a las orografías más áridas y se sabe que allí la aniquilación entre humanos es tan rápida como en las eras de barbarie de los siglos más oscuros de la Alta Edad Media.

            La Sociedad Scardo resguardará la ecología del planeta pues se erradicarán las macrociudades, prescindiendo de toda industria consumidora de recursos naturales no renovables. Se detendrá la explosión demográfica de los últimos cien años y se piensa llegar al año 2100 con alrededor de tres mil millones de habitantes (y no los veinte mil millones proyectados). Se abolirán los sistemas de seguridad social y el desempleo global dará lugar a alrededor de setenta y cinco movimientos armados alrededor del mundo generando la muerte de al menos quinientos millones de personas. Más de cincuenta países se subdividirán y otros tantos serán anexados a otros más grandes, no por voluntad de los últimos sino por la descomposición e inoperancia de los primeros. Unos cuantos idealistas subversivos pacíficos tratan de llevar un registro, una historia articulada de la evolución de estos acontecimientos, pero su labor será casi imposible, reprimida, porque de una época de total disposición de información, se pasará a una de eliminación, negación y destrucción de la información.

            Se tiene conocido que la Sociedad Scardo tiene preparados una infinidad de virus a su disposición con los mismos efectos o más graves. A eso se refieren con lo de las guerras biológicas.

            La Sociedad Scardo tiene ideas y tiene ideales; no razona o no piensa en términos de individuos, de dinero, de territorios, de recursos materiales, minerales, humanos… piensa en un orden de las cosas y esa es su lógica. Todo lo demás son instrumentos. Son medios justificando un fin.

            El proceso ha iniciado. La resistencia no funcionará, está atada de manos, atenazada, atemorizada. El virus permanece y no se extingue. Los humanos vivirán aislados si han de pervivir.

            La Sociedad Scardo no tiene nacionalidad; no tiene ideología, no tiene religión. No tiene límites.       

                

*Nota del autor: La Sociedad Scardo fue originalmente mencionada por la escritora inglesa Taylor Caldwell en su novela Capitanes y reyes (1972, Editorial Grijalbo). En una nota final del libro, la autora habla de la existencia de dicha sociedad y alude que ese no es su verdadero nombre, que la Sociedad Scardo es un nombre ficticio (que ella utilizó en su libro) de una sociedad secreta que existe verdaderamente con esas características y que atenta contra los países y contra los ideales de democracia, libertad e igualdad de los individuos.

 

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