La realidad del bulo

Ilustración: Bruno Herley

Bruno Herley

Facebook anda buscando como deshacerse de las noticias falsas, al igual que Google y otros gigantes de la informática e información, el problema aquí es saber cómo apreciaran qué es falso y qué verdadero; no basta las realidades impuestas. Sólo hay que tomar en cuenta un caso: la supuesta injerencia rusa en las elecciones de estados unidos. A pesar de que WikiLeaks y Julian Assange (quienes dieron a conocer la información) [1] afirmaron que la filtración que puso en apuros a la candidatura de Hillary Clinton provino de fuentes distintas a las rusas, se sigue pateando el pesebre y repitiendo hasta la saciedad que fue Rusia y su amado líder quienes violaron la democracia gringa: el bulo se difunde como peste.

Un bulo es la propagación de una noticia falsa, según la definición de la R.A.E.[2] En las redes sociales es común encontrarlos con intenciones comerciales o políticas. Muchas veces los compartimos, enganchados por la coyuntura en la que son expuestos, basta un clic y… ¡vualá!, nos unimos al conjunto.

Las redes sociales son nuestro capital social, buscamos la pertenencia por medio del palabreo informatizado y practicamos la homofilia para mantener nuestro sistema de creencias acorde al grupo que pertenecemos. Esto provoca que el bulo sea una ruta de información por vía periférica, hace sentirnos, hasta cierto punto, protegidos por una tribu y desarrolla la confianza en nosotros mismos; la información puede ser falsa, sí, pero ¿a quién le importa?, la otra persona al otro lado de la pantalla ha hecho clic en nuestra “información” o la compartió. En las redes sociales, como vehículo de nuestra sociedad, el bulo es un pivote, aprovecha la ponderación en el aspecto visual y la rapidez: ¡sólo bastan unos cuantos vistazos al smartphone para acceder al mundo!

La única manera de combatirlo es contrastar la diversidad de las fuentes informativas. La consecuencia de hacerlo puede ser, tal vez, una patada en el trasero para arrojarnos al destierro, o, en el desengaño, nos lleve a ponernos una pistola en la sien. Tal vez, la mayoría de los bulos, vienen de esas granjas de clics de las redes sociales para incentivar el uso de las mismas. Sólo Dios sabe. El mundo es un rompecabezas que no sabemos su principio y final.

[1] http://www.elmundo.es/internacional/2016/11/03/581b24efe5fdead2448b4582.html

[2] Diccionario de la lengua española. R.A.E. http://dle.rae.es/?id=6HojyGw

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