La obligación de nombrar

Foto: Nahatan Navarro

RICARDO SOLÍS

Entre las no muchas noticias agradables que nos ha dejado este año, se encuentra la nueva aparición de Matar. Crónicas desde el infierno (Ediciones Proceso, 2020), del escritor y periodista sonorense Carlos Sánchez (Hermosillo, 1970); un libro con el que el autor ganó hace una década el Concurso del Libro Sonorense en el género de Crónica y que ahora nos presenta con un subtítulo explicativo y ocho textos más que engrosan este ya de por sí nutrido “coro de los sin nada” que apunta en su texto introductorio Javier Aranda Luna.

Por supuesto, lo primero que quisiera resaltar es que aunque se trate de crónicas, cada una de ellas se sustenta en un relato que se construye a partir de los testimonios de quienes matan, aquellos que han llegado a convertirse en asesinos y, precisamente, desde los datos que brinda una entrevista se hilvana cada historia, en un lenguaje descarnado que no por ello debe dar la impresión de que la forma se “descuide” y sucumba ante la “desnudez” de lo que se nos cuenta. Nada más lejos de eso.

Crónicas, sí, este es un volumen que las contiene, pero entre ellas, a manera de remanso divisorio, Carlos Sánchez ha incluido textos breves –zarpazos de uno o dos párrafos– en los que se mata también, pero la clave del relato se halla en los datos omitidos, en el silencio circundante tras la palabra que revela de dónde viene o surgió aquello que se nos dice para, así, detonar una amarga sorpresa de estilo que incomoda la entraña. Por esto, sospecho, Sánchez ha organizado, ordenado o secuenciado de una manera notable (quizá mejor que en cualquier otro de sus libros) esta serie de escritos a través de los cuales podemos asomarnos a esos baldíos de la existencia donde rara vez posamos los ojos (ya no digamos la subestimada nariz).

Ahora bien, si destaco detalles “formales” que aprecio en el libro de Sánchez, no puedo dejar de coincidir con sus no pocos lectores en que, a pesar del alto grado de elaboración, lo que nos atrae de estas crónicas es el golpe sensitivo que proveen, la violencia con la que pueden recordarnos que –como destaca Eusebio Ruvalcaba– también se escribe desde “la alcantarilla misma de la vida”.

Pero, para seguir con Ruvalcaba, no queda ahí lo que el escritor sonorense consigue hacer patente; Matar. Crónicas desde el infierno representa asimismo una inmersión en un lenguaje desasosegante, un universo cercano en el que las cosas no resultan extrañas sino evidencia de una cotidianidad que “obliga a nombrar” lo que en ella acontece, como bien apunta el autor de Un hilito de sangre, un acierto al que sumaría yo que este libro, por su capacidad de ponernos a prueba, se necesita “leer de pie”.

Al final, queramos o no, en cada uno de los asesinos que desfilan por las páginas de este libro de Carlos Sánchez hay “algo” que puede llamarnos y obligarnos a reconocer que no somos ajenos al cosquilleo de un arma, al seco sonido de la piel atravesada por un metal afilado o la simple contemplación de cómo cesa el respiro y se transforma la mirada de los moribundos. Sea como sea, si topa con esta nueva edición, atrévase a leer porque no habrá de arrepentirse.

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