La memoria debería ser un motor para dotar de vivienda a la gente que lo perdió todo

Entrevista a Georgina Cebey

Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

Georgina Cebey (Ciudad de México, 1982) es maestra en Historiografía y ganadora del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos en 2017, con lo que se llevó a cabo la publicación del libro Arquitectura del fracaso (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2017), una revisión de algunos edificios significativos para la historia de nuestro país. Con estilo desenfadado, ameno y con mucho humor que llega al sarcasmo, la lectura del libro comprueba la fuerza ensayística que tiene la autora. Sin duda, el libro se convertirá en un referente en estudios de arquitectura y de historia del arte en el Siglo XX y en los inicios del caótico Siglo XX.

Les presentamos una entrevista que contiene el mismo humor y la pluma aguda de una escritora de la que ya esperamos leer el próximo libro.

Óscar Alarcón. Después de leer Arquitectura del fracaso, me quedo con dos sensaciones: la primera es la de estar frente a un país enorme culturalmente hablando, y la segunda, que ese mismo país parece intentar progresar una y otra vez sin éxito, como si nos mostraras un México post apocalíptico pero del que ningún mexicano se dio cuenta de cuándo se terminó la nación. ¿Cómo te sentiste tú al terminar de escribir el libro, qué sensaciones te dejó?

Georgina Cebey. Pese a ver Arquitectura del fracaso ya publicado y sentir que un ciclo terminaba, mi percepción es que seguimos acumulando historias espaciales que dan cuenta de una ciudad viva, que respira, relatos espaciales capaces de construir metáforas o imágenes de lo que somos.

Pienso, por ejemplo, en la remodelación de la Glorieta de los Insurgentes, algo que sucedía mientras el libro se editaba. Imposible pasar por alto el terremoto del 19S y todas las memorias de los edificios que ahí cambiaron, pues en cuestión de segundos nacieron decenas de historias de fracasos arquitectónicos que ya no estaban en ese libro. Al mismo tiempo, ver que la ciudad ya es otra, que los fracasos se acumulan, me deja enganchada. Siento que con este proceso también generé un modo de ver el entorno construido que me obliga a investigarlo y cuestionarlo constantemente.

ÓA. En ese mismo tenor, ¿es México “el sitio de un futuro echado a perder” y no sólo la Glorieta del Metro Insurgentes?

GC. Creo que más que el sitio de un futuro echado a perder, México es el territorio en donde el futuro es un motor tan potente, una promesa tan arraigada en nuestro imaginario, que a través de él es que pueden justificarse y emprenderse proyectos que a simple vista ya son descalabros.

¿De qué otra manera ver por ejemplo, el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México? Basta abrir las noticias cada mañana para seguir el caso de un proyecto opaco, plagado de fallas, incluso inviable pero que pese a ello se construye con todos los recursos de un país en crisis. Sobre un terreno de fango, sobre un lago milenario, el proyecto más ambicioso de este sexenio se hunde día a día. El futuro no ha llegado y ya podemos ver cómo esa promesa se cimienta sobre un fracaso.

ÓA. En el libro aparecen algunos ejemplos de la arquitectura mexicana que han usado algunos partidos para validar no sólo sus obras sino sus acciones cuando han sido gobierno –entiéndase particularmente el PRI y al PAN–, en un ejercicio de la imaginación, ¿cómo crees que sería la arquitectura de MORENA?

GC. Es una excelente pregunta, llevo días imaginando. Toda mi vida ha transcurrido en la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad de México. En 2014, Ricardo Monreal asumió el cargo de jefe de esta delegación por MORENA y creo que en su administración lejos de observarse levantamientos arquitectónicos con el sello de MORENA, los habitantes de la delegación fuimos testigos de una gestión del espacio vergonzosa dominada por una corrupción rapaz, tal vez ahí hay algunos indicios para imaginar.

En un ejercicio que iba de la risa al lamento, vimos las mismas calles pavimentarse una y otra vez, acabados de calidad deplorable y una gestión de obra desigual. Los vecinos observamos el levantamiento de edificios altísimos solapados por la delegación, que también promovieron la expulsión de muchos de los antiguos residentes y la disminución de servicios básicos. Aunque en la corta gestión de Monreal no vimos obras de arquitectura oficial, emblemas espaciales de MORENA, sí pudimos percatarnos del rumbo de las prácticas espaciales del partido.

Por otro lado, el edificio de la Delegación Cuauhtémoc es una mole de cemento brutalista en cuyos interiores se abren laberintos de escritorios destartalados en los que se acumulan papeles polvosos a la espera de recibir un sello. Sería interesante ver qué pasa con este lugar en el futuro. Imagino que la arquitectura de Morena no será vistosa, ni estéticamente novedosa; tal vez sea una arquitectura que provenga del reciclaje de viejas estructuras pero que no por eso dejará de promover prácticas de corrupción.

El proyecto de descentralización que propone López Obrador es una buena oportunidad para imaginar un desarrollo espacial en el resto del territorio nacional pero como con todas las promesas electorales, el futuro es incierto.

ÓA. En cuanto a los lugares de memoria, ¿cuáles son los lugares que te interesaría estudiar –o que has estudiado– y que no aparecen en el libro?

GC. Como comentaba en una de las preguntas anteriores, a veces tengo la sensación de que las historias del espacio vinculadas con la memoria siguen acumulándose. Me interesa mucho el tema del memorial al 19S. Me inquieta todo lo que le rodea: ¿tiene sentido un memorial para honrar a las víctimas cuando aún hay gente totalmente ignorada por las autoridades viviendo a las orillas de sus casas caídas? ¿Cómo poner punto final a un suceso que sigue generando reclamos todos los días? En este sentido la memoria debería ser un motor para dotar de vivienda a la gente que lo perdió todo, y creo que lo que propone Mancera es un ejercicio estéril.

Hay cientos de construcciones ilegales solapadas por un regente que lejos de proponer vivienda para los afectados, acude a la práctica del memorial como un acto político, desligándola de su potencial de rememoración. Pretender una inversión de 14 millones de pesos en un memorial es un escándalo, no tener certeza del destino de los fondos para la reconstrucción debería ser un asunto que nos obligara a todos a reclamar cuentas.

También hay una convocatoria para que se presenten proyectos y me pregunto qué tan ético es para un arquitecto participar en un concurso que lejos de proponer una solución para los afectados, invita a poner punto final a una tragedia en la que una vez más, los ciudadanos experimentamos la displicencia de nuestros gobernantes. En este ejemplo, la memoria parece ser tratada como propaganda.

ÓA. El ensayo “Monumento a la Revolución, el tiradero emocional de la desgracia mexicana” se abre con múltiples referencias a la figura de la madre, una que el gobierno de Miguel Alemán se encargó de establecer y que se fue desarrollando en otros discursos, como el cine, la escultura. La estatua a que haces referencia en el libro es de 1949; Daniel Lezama pintó un cuadro que se titula “Alegoría de la bandera” en 2004, ¿de qué manera puedes leer los puentes que se tienden entre la obra de Lezama y tu ensayo?, ¿a qué crees que se deban estas correspondencias?

GC. Tu analogía me parece brillante. Nunca había pensado en la obra de Lezama que, como apuntas, desarrolla una narrativa similar a la que se dibuja en el ensayo del Monumento a la Revolución. Los puentes más evidentes tienen que ver con la idea de la formación de un Estado que acude a la figura materna que simbólicamente proporciona cobijo a una nación que luego de la Revolución comienza un viaje largo para definirse como tal. Creo que las correspondencias entre el discurso pictórico de Lezama, el espacial, incluso el de la identidad gráfica de instituciones como el IMSS tienen que ver directamente con la intervención de un estado benefactor en la creación de símbolos que reforzarán la identidad de un nuevo estado nacional que incluso permanecen vigentes hoy en día.

En el Día de la madre el país se paraliza, rendimos culto a una figura de sumisión y cuidado que durante siglos ha encontrado diferentes representaciones (de construcción o resistencia) en la pintura, en el cine e incluso en las propias telenovelas.

ÓA. La ciudad moderna[1] es una ciudad de multitudes, y con ello se va desarrollando la conciencia colectiva, el metro es un ejemplo de ello, ya que es “la imposición de la conciencia nacional”, como lo dices en la página 31, pero ¿qué ocurre en los lugares donde no hay metro?, ¿cuáles son los espacios de esa imposición de la conciencia nacional que percibes en el resto del país, digamos Puebla, Tepic, Mexicali, que son ciudades disímbolas?

GC. Creo que no hace falta ir al transporte público. Las arquitecturas hegemónicas apuntan a esta conciencia colectiva desde muchos ángulos: un museo es gran ejemplo de ello, los mercados, los palacios de gobierno también lo son.

En Ciudad Juárez, Pedro Ramírez Vázquez proyectó el Museo Fronterizo en 1962. Si analizamos toda la obra de este arquitecto, un constructor del Estado, podemos ver cómo estos ejercicios de identidad a través del espacio no son exclusivos de la capital y se diseminan por todo el país.

Pienso que el Museo del Barroco en Puebla podría darnos muchas pistas sobre estos tipos de discursos espaciales que apuntan a la conciencia colectiva. Lo que aquí tenemos es un museo de Toyo Ito –Pritzker japonés– que busca convertirse en ícono cultural de la ciudad olvidando casi por completo su contenido e incluso su relación con el entorno. Leí hace poco en Twitter a alguien que proponía que el del Barroco era un museo a la “gober precioso” y me parece un punto de partida maravilloso para cuestionar esta obra y ver cómo opera un discurso político que apunta a una colectividad, a la identidad barroca de un estado, pero que al mismo tiempo parece olvidarla por completo.

ÓA. Vista la ciudad desde lo alto, todo parece homogéneo, algunos historiadores del arte coinciden que dibujar un mapa era semejante a la perspectiva que tenía Dios sobre la tierra, ¿es la arquitectura un resabio de los dibujos de los mapeos de las ciudades.

GC. Creo que la arquitectura implica un registro en muchos niveles, desde diferentes escalas. La historia cultural de la arquitectura podría comprenderse como un mapeo social y cultural de las ciudades. La historia visual de la arquitectura es también un mapeo de las representaciones que la urbe produce.

ÓA. Todo retrato pornográfico de Yunuen Díaz lo obtuvo en 2015, Aves migratorias de Mariana Oliver lo obtuvo en 2016, ¿qué representa para ti haber obtenido el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos en 2017?

GC. Obtener el premio fue una gran sorpresa y al mismo tiempo motivo de múltiples alegrías. El Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos significó cerrar un ciclo, una investigación que estuvo cocinándose durante varios años y que por fin tuvo salida editorial.

Al mismo tiempo, creo que este premio tiene el mismo tono del libro: ahí donde hay buenas intenciones existe también la oportunidad para fracasar. Me explico: hace casi un año me avisaron que había ganado, sin embargo desde entonces no he recibido el premio. Gané pero parece que perdí. Pronto estaré dando más detalles…

ÓA. ¿Cuál de las artes te llama la atención, aparte de la arquitectura?

GC. Soy historiadora del arte y mi tema de estudio ha sido la arquitectura. Sin embargo, recurro constantemente al cine, a la pintura, a la fotografía e incluso a la literatura para nutrirme.

Todo producto cultural es objeto de lectura en mi trabajo. Me interesa también el sonido, últimamente estoy obsesionada con la vida acústica de los edificios.

[1] El término “moderna” lo uso para referirme a las ciudades que comienzan a desarrollarse a inicios del Siglo XX, como la Ciudad de México.

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