La literatura les ha dado una vía de escape y se ha convertido en un pasaporte a la libertad

Carlos Sánchez

Elva Macías cuenta la historia de un poema. De cuando niña creció en una tienda de pueblo, de sus padres. “De esas que venden papelería, ferretería, telas finas. De vez en cuando había también, plátanos que traían del rancho”.

El poema se llama De tela y de papel. La lectura fluye. Las espectadoras, reaccionan con sonrisas ante el remate lúdico, los versos de la elocuencia.

Elva Macías, poeta chiapaneca, recibe un tributo en la XXII edición del Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de Junio, en Hermosillo, Sonora. En este contexto visita la cárcel de mujeres, en compañía del periodista José Luis Martínez y la escritora Mara Romero.

José Luis Martínez saca de la chistera el bagaje, cuenta la historia de un escritor que vivía en la miseria, y quien en su delirio, ante la desesperación del hambre, decide que un botón de su camisa puede ser prenda de valor.

José Luis reseña lo paupérrimo de la condición del escritor, las muchachas pueden ver la miseria del personaje que ahora visita la cárcel, imaginar a ese escritor que a la postre se convertiría en Premio Nobel de Literatura.

Mara Romero muestra la edición de un libro como resultado de talleres de escritura en la cárcel, La letra escarlata. Manifiesta su alegría de estar allí, de reencontrarse con algunas de sus alumnas.

Al filo de la mañana la palabra es el punto de encuentro. Las experiencias, las locaciones, dichas en versos, desde la voz de Elva, son un dulce en la boca de las internas. En la mirada se escribe la entereza del encuentro.

Como estaba previsto, el intercambio sucede. Las morras, integrantes del Taller de Crónica que auspicia Instituto Sonorense de Cultura, desempacan sus textos, los comparten.

Leen y en ocasiones es inevitable el quiebre de la voz. Porque las historias son reseñas de sus vidas, la exposición de lo que han sido y son.

La tertulia se manifiesta por demás interesante. Los invitados, Elva, José Luis, Mara, hunden sus oídos en las oraciones. Disponen sus miradas con el interés de un niño que desea saber adónde van los caminos que las chavas comparten.

Fabiola, Paola, Amely, Yomara, Claudia, María, Rosalía, Lupita, Carmen, Nayeli, Mónica, Benicia, Sylvia. Las voces internas como una exploración, con la valentía que significa el darse.

La honestidad en Elva Macías como una reacción. Felicita y subraya la importancia de la autenticidad. “Ya quisieran muchas escritoras tener los argumentos que ustedes tienen”.

José Luis Martínez les informa que por más pulcro que sea un texto, en cuanto a técnica, si no conmueve, no sirve de nada, si no comunica, es intrascendente. Lo dice como aval del contenido en las historias que las muchachas compartieron.

Ya en corto, después de las fotos de rigor, la alegría de un pedazo de pastel, el agua fresca, el intercambio de abrazos, José Luis concluye:

“Agradezco mucho la invitación, porque me da una enorme lección de cómo a través de la palabra estas mujeres le han encontrado un sentido a su vida, cómo la palabra las acompaña y están menos solas, quizá no menos tristes, pero menos solas, sí.

“La literatura les ha dado una vía de escape y se ha convertido en un pasaporte a la libertad. Cuando se escribe se es libre: se imagina, recuerda, piensa, sueña y hace valorar lo que se tiene”.

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