La literaria convicción de que cada cabeza es un mundo que está mal

Carne de Cañón, de Federico Vite

Luis Álvarez Beltrán

Federico Vite es un maestro de la narrativa. Se ganó su lugar en los primeros planos de las letras nacionales a muy temprana edad. Ahora, en la plenitud de su carrera, cada obra que publica significa un regalo para los amantes de las buenas letras.

Con un acervo que incluye la controversial novela Fisuras en el Continente Literario, en que aparece como personaje central Octavio Paz, tratado por Vite de una forma no sólo no solemne sino hasta irrespetuosa y divertida, el narrador hidalguense presenta no sólo la sorpresa de un absurdo atrevido; su pluma esgrima siempre concisión y fuerza en sus historias. Su forma de contar es firme, breve y a la vez efectiva, agraciada. Todo lo hace interesante, agudo, fácil, no pasan muchas líneas antes de que siempre esté ocurriendo algo emocionante.

Imaginar a Octavio Paz con la ambición de robarle a alguien la novela que él nunca escribió, para apropiársela y publicarla a su nombre, es la clase de maquinaciones bien logradas que le han merecido a Federico Vite su protagonismo en el presente literario nacional.

Tal vez su experimento más triunfal y magistral es Parábola de la Cizaña, una novela corta que se lee de final a principio, si se gusta, o de principio a final empezando por la última página… que es una especie de resumen bíblico pero adaptado al México de hoy, con su respectiva apocalipsis, un muestrario de personajes a quienes el mal y la locura tocan transversalmente y cuya redención posible llega muy tarde o a un precio demasiado alto. No hay salvación posible o es mejor lograr salir del libro para aceptar que la visión de Vite se parece mucho a las noticias de los diarios o que definitivamente la realidad supera a la ficción o la equivale. Parábola de la Cizaña asombra por la precisión de un relato de estados alterados que deja al lector afectado de buena manera en el sentido de disfrutar el genio del autor que en su imaginación hace corresponder la vieja historia hebrea con el telediario de las nueve de la noche; y de mala manera por la estupefacción que equipara a una historia que parece (lo que parece es) jalada de los pelos y al mismo tiempo se corrobora a la vuelta de la esquina de todas las colonias periféricas de los centros urbanos de nuestro todo México. El pulso de la ficción de Vite es el pulso de la realidad del México Negro y del México Rojo de nuestro cada día. La virtud perversa de Federico Vite es convertirlo en materia de literatura con un toque de fineza y poesía: las psiques se proyectan, las almas se despeñan, los cuerpos son Carne de Cañón… la condición humana y su fatal balance de fallas, de defectos, de faltas, de culpas, de pecados, de crímenes, conflictos. La literatura es conflicto, igual que el periodismo.

Puede ser que la diferencia entre Vite y el periódico es que este último está desprovisto del estilo literario, la fascinación, el tejido narrativo que hacen al cuento y la novela. Su justa concisión, su libre descripción, la intimidad que vuelve cómplices, amigos, entrañables conocidos, al personaje y al lector. Toda lectura es una lectura única, especialmente la lectura literaria, por encima de la lectura periodística. Vite distancia al periodismo porque es un talentoso literato. Cuando se lee, da la impresión de que uno asiste a la exposición minuciosa de un fotógrafo de almas… de un alquimista del espíritu.

Tras llevar su exitosa novela Bajo el cielo de Ak-pulco al público francés y lograr atraer la atención del mercado editorial egipcio con Parábola de la Cizaña, Federico Vite carga bajo el brazo los libros Carácter (Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano 2015) y el libro de relatos Cinco Maneras de Incendiarse (Editorial Praxis, 2015). Su producción y su nombre aparecen en las librerías del país desde la década pasada y permanecerán al menos por medio siglo más, afortunadamente.

El libro de relatos Carne de Cañón (Cuadrivio – D. G. P. Conaculta, 2015) es una propuesta de cinco relatos en 67 páginas, como una prolongación de esta obra original, inquietante, por momentos grotesca, sórdida, acerca de la condición humana en la que Vite, otra vez, asesta con tino y con acierto, las historias diversas y disímbolas que proyectan a personajes y ambientes puntuales y al mismo tiempo excepcionales, ante una situación que les supone un dilema, un conflicto, un trauma, un peligro, una tentación.

Corazón de Poeta:

El papá observa que su hijo preadolescente presenta maneras marcadamente afeminadas. En el fin de semana hará dos o tres cosas para resolver la situación. Vite hipnotiza y sabe adónde lleva. Al lector sólo le queda descubrir. El humor negro se alterna con el humor blanco de la mejor manera.

Ya tú sabes, James:

James maneja un transporte colectivo, su amigo el escritor lo aborda para sonsacarlo a la tomada y a la farra. De pronto en el camión se encuentra una morena de fuego que no tiene desperdicio: La aventura del sexo sexual es como la ocasión que hace al ladrón. A menos que la mujer en cuestión implique un peligro inminente.

Réplica:

Armando se divorcia de su esposa Angelina. Su afectación es grande. Armando desarrolla un proceso, sin adjetivos, en el que poco a poco se va transformando, física y psicológicamente, en la que era su mujer. Un relato estupendo, sorprendente, perfecto.

Diálogo con la sombra:

Las vivencias de la niñez son como la mañana que anuncia cómo será el clima mental, anímico, afectivo, de todo el largo día que es la existencia. La profundidad de los efectos por lo que se vivió o se dejó de; o lo que se tuvo o no, lo que se dijo o no; son los elementos de la reflexión que maniata a alguien que hubo de crecer y no por ello dejó atrás la carga que le dejó la experiencia temprana. Las marcas indelebles de sus cicatrices. Provenimos de nuestros primeros pasos, nuestros primeros años, y nos quedamos siendo.

Valadés & Company:

                Auténtico relato noir de excelente manufactura, homenaje al guaymense Edmundo Valadés, Vite caracteriza a un detective cuyos servicios son solicitados a partir de un triángulo avenido en conflicto y sólo esa manía de los hombres solitarios y oscuros de dar a toda costa con toda la verdad, llevará al trágico investigador y a sus incondicionales amigos al encuentro final y extático del caso criminal, aun a sabiendas que ahí puede acabar todo para él. Los callejones de la capital del país, un  picahielo ensangrentado, mujeres sinuosas de lenguaje procaz, un ex militar con causa , un bar, un hotel de mala muerte, policías malditos y corruptos, todos los elementos de un relato policiaco para disfrutarse desde la primera hasta la última línea.

Tras la repartición de plazas en el olimpo de las letras nacionales en el siglo XX, esas que tienen a Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Leñero, Poniatovska, Monsiváis, Revueltas, José Agustín, y muchos otros en los recintos consagrados de las librerías, como los escritores famosos de finales de siglo, incluidos los ya posicionados Juan Villoro y Enrique Serna; surge esta nueva camada que ya lleva camino recorrido y que se vuelven obligados para la comunidad de lectores del México de hoy: Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez Castañeda, el ya extinto Ignacio Padilla, todos ellos firmantes del movimiento del Crack en los noventas. Después Álvaro Enrigue, Alberto Chimal, Bernardo Fernández, Bernardo Esquinca, Francisco Haghenbeck, David Miklos, y varios otros  Y en esa misma tradición surgen Federico Vite, Rodolfo J. M., Antonio Ramos Revillas, Luis Jorge Boone, Antonio Ortuño, Imanol Caneyada, Hilario Peña, Daniel Salinas Basave, Carlos Velázquez, Carlos Sánchez, de forma que la rica oferta de literatura tiene a buen resguardo las necesidades lectoras de este joven y convulso país.

No ganaremos el mundial de futbol… pero seguirá habiendo libros.

https://www.youtube.com/watch?v=2vE3JiOBRdQ

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