LA IDEA DEL LUNES/ROBERTO VIÑA Y UNA MEDEA QUE SE DIRIGE A SU PROPIO DESTINO

Foto: Bruno Herley.

 

Reynaldo García Blanco

Me han contado que Lezama Lima, cuando se hablaba sobre el acto y disciplina de la lectura acostumbraba decir que había que leer a los clásicos, luego a los clásicos y finalmente entonces, a los clásicos. Viene a mi esta memorabilia luego de haber terminado de leer Medea maelstrom, de Roberto Viña (Ediciones La Luz, Holguín, Cuba, 2016) pues más allá de las claras referencias o intertextualidades que nos hacen poner los ojos en un aparente pasado que al decir de Claudio Magris se repite unas veces pendular y otras como un mazazo que nos quita el aliento, Viña contextualiza, nos ata, nos permea e implica con espacios, personajes y situaciones que sin miramiento alguno resultan tan dolorosas como cercanas.

Medea sigue siendo esa mujer que trasmite pavor pero a la vez le ronda “un algo” que fascina y que en esta ocasión el autor ha delineado con destreza. Como lo atroz de la belleza de la que hablaba Rilke en las Elegías de Duino volvemos asistir a las traiciones, al fratricidio, al desquite, a la represalia donde se borran todas las fronteras de lo posiblemente humano ¿Nos dice algo esto en los tiempos que corren? ¿Traicionar la patria? ¿Traicionar al padre?
Aquí el conocido remolino de las costas meridionales del archipiélago noruego se torna metáfora, sinónimo de viaje y exilio. Un viaje al yo profundo. Un exilio rudo y marcado por la historia.
En la edad de todo hombre hay un tiempo de tener veinte años y salir a buscar un vellocino de oro. Dígase en las naves de Tarsis, en frágiles bambúes o en una inmensa cascara de nuez. ¿Quién no ha tenido en la familia o un conocido con las características de Jasón?
Apsirto es otra metáfora. Es parte de los niños errantes. Es parte de los niños del martirio. Un parlamento de la Nana nos dice: ¿Qué amenaza representa un niño con aroma de selva, a hierba cortada, al pan recién horneado? Dime maldita estúpida, qué odio te llevó a tomar esta decisión contra un inocente…? Con anterioridad Medea diciendo de sí misma plantea: Medea es una mujer que se dirige a su destino. Y Roberto Viña, mueve sus piezas en un ajedrez donde la bodega, el camarote y la cubierta de la nave Argos se hacen símbolo, campo minado y un referente cuyo escenario se vuelve revelador.
¿Hay algún nexo entre una isla marcada por la maldita circunstancia del agua por todas partes y la Cólquida pasada por el tamiz de la literatura, la mitología y a la vez tan significativa y dolorosa? Una pregunta para una respuesta que pudiera estar marcada por el Déjà vu que siente todo exiliado de país, de sangre, de corazón, de sí mismo.
He dejado para último asomar el hálito narrativo que se organiza en torno a marineros una nana, un niño llamado Apsirto y dos personajes cardinales: Medea y Jasón que anuncian a un Roberto Viña que si se lo propone puede darnos piezas narrativas atendibles y estoy pensando en ese ejercicio que se llama novela. Herramientas y energías no le faltan.
A manera de una nota de aclaratoria el autor nos recuerda que una versión de esta obra con el título de Medea Argos Estigma obtuvo el 2do Premio del Concurso Internacional de Teatro « Casa de Teatro » 2011 en República Dominicana, y fue publicada en ese país, como parte de una antología. Al ser inédita en Cuba, el autor considera esta entrega de Ediciones La Luz, Holguín, Cuba, 2016, prologada por el crítico e investigador Eberto García Abreu, como la versión definitiva.
Bienvenida entonces esta Medea que a la par de certezas nos deja muchas interrogantes. Certezas e interrogantes que ya Viña ha tenido a bien a manera de provocación mostrarnos en Amnesia del infierno (Casa editora Abril, 2015); Eros Verbum (Sed de Belleza Ediciones, 2014) y Anatomía del purgatorio (Ediciones Matanzas, 2011).
Gracias entonces, por permitirme entrar a esta nueva Argos y asistir como remero voluntario a una Medea que se dirige su propio destino.

 

Reinaldo García Blanco (Sancti Spíritus. 1962). Poeta y escritor radial cubano. Ha publicado entre otros: Perros blancos de la aurora (Editorial Orientes, 1994); Adiós naves de Tarsis (Ediciones Vigía, 1995); Instrucciones para matar un colibrí (Ediciones Santiago, 2002 y España, Diputación de Córdoba-Ediciones Unión, 2004); Campos de belleza armada (Ediciones Unión, 2007), ganador del Premio Casa de las Américas 2017, en el género de Poesía, por su poemario “Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa”.

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