La guerra y sus latitudes: del twitter a la bala.

Ilustración: Bruno Herley

Bruno Herley

Viendo los tuits de Trump, tenemos que tomar en cuenta que ya estamos en guerra.

Cuando Facebook se convertía en una moda (después veríamos que no era una moda, sino una extensión mental de nosotros) encontré a un amigo con el cual tenía tiempo sin platicar y, creyendo en la magnífica vida que mostraba en la red social, le hice una broma en referencia a ello. Su reacción de molestia me permitió descubrir que en realidad le iba de la mierda. Desde entonces miré a la red social como un corral que nos proyecta al mundo mientras nosotros jugamos con el marketing de nuestra vida: la percepción es más importante que la realidad.

Unos años antes, allá por el 2005, un par bien conectados con toda la cuestión del tema bélico en Estados Unidos, el general James Mattis y el teniente coronel Frank Hoffman, ambos estadounidenses, publicaron el artículo La guerra del futuro: la llegada del conflicto híbrido, donde reconocían explícitamente la superioridad militar de su país y que, gracias a ello, otros actores de menor rango llegarían a la conclusión que la única manera de hacerle frente al poderío Americano sería empleando otros modelos no tradicionales de guerra.

Pero fue el conflicto entre Israel y Hezbolá, en 2006, el cual dio un impulso para poner las bases de lo ahora conocido como guerra híbrida. En esa batalla, la milicia chií libanesa fue capaz de mantener a raya y hacer retroceder a las fuerzas de defensa israelí, el complejo militar más grande de medio oriente.

El conflicto que viene a reafirmar el concepto híbrido de la guerra, sería el enfrentamiento llevado a cabo al este de Ucrania: la guerra del Donbáss, donde se ve inmiscuida una serie de intereses políticos y militares (a la usanza de la guerra fría) tanto de occidente como de Rusia. De esta última se tiene la sospecha de haber utilizado la guerra hibrida en respuesta a la expansión de los intereses occidentales a un lado de su frontera.

¿Qué es?

Los elementos de la guerra híbrida son los siguientes: lo primero es que sus objetivos se basan en términos militares y políticos, hace uso de medidas no convencionales con operaciones de inteligencia, como sabotaje, información y desinformación, medios de comunicación y presiones políticas y psicológicas. Dos elementos importantes la hacen eficaz: los agentes (o milicias) con aparente independencia y la mass media como frente de guerra psicológica, cuya meta es darle un cariz, hasta cierto punto, de lucha justificada. Cambiar o imponer la percepción es parte sustancial para golpear al enemigo más allá de la primera línea de batalla.

En los dos ejemplos citados –guerra de Donbáss y Hezbolá vs Israel- la guerra en las redes sociales era (y es) parte intrínseca de las operaciones militares: alcanzar la mente del enemigo para bajar la moral y hacer partidarios entre la comunidad internacional.

Más allá de la discusión de si Hezbolá es una milicia, ejercito convencional o grupo terrorista, la organización logró emplear este tipo de guerra de manera eficaz contra Israel y, de cinco años a la fecha, en el conflicto Sirio. El empleo de armas ligeras y armas de precisión, le confieren una gran movilidad y una plataforma para llevar a cabo una ofensiva mediática con sus operaciones de combate transmitidas en vivo o reportajes de sus victorias y avances sobre el terreno (al puro estilo de los periodistas empotrados en las unidades militares estadounidenses en su avance a la invasión de Irak). Igual pasa en la lucha de Donbáss, donde hay canales especializados en YouTube que realizan crónicas de los combates de las milicias pro-rusas.

Las redes sociales se han constituido en la esencia de la guerra híbrida: la lucha por las mentes. No hay algo más impactante y convincente que ver la muerte del enemigo o la súplica de éste por su vida: eleva/decae la moral. Es entonces que nos encontramos con muchas realidades a las cuales se le agregan elementos ya conocidos, como en el marketing, para que el cliente se sienta cómodo a la hora de escoger; esto ayuda a una pasteurización de la guerra donde no importa la raíz del conflicto, sino la victoria a cualquier costo, convertida en una película de policías y bandidos vista desde la comodidad de casa, obliterando el sufrimiento y el horror.

Si bien es cierto que esto no es nada nuevo, la diferencia radica en que los medios de comunicación eran una herramienta en los conflictos de guerra convencional, ahora son la guerra misma, representada como un producto de consumo. Facebook, YouTube, Instagram y Twitter, son campos de batallas donde hasta el sonido ensordecedor de un arma suena como un pequeño golpe sobre una caja de regalo.

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