La fiesta de los libros

L. Carlos Sánchez

Obregón tiene talento. La contrapropuesta de las manos que manchan. De las calles como una bruma las voces se levantan y andan, dicen, proponen y construyen.

El asfalto le dice adiós a los coches. Por asalto la violencia febril y enigmática de los libros toma ese lugar en medio del palacio y la plaza Álvaro Obregón. Hay canto y ritmo. Una rola que hace bailar. El recuerdo latente de los años que dieron gloria a una época. La Tierra es una agrupación musical que acompaña la oferta literaria.

Bailar al son de letras y requintos. Una voz añeja que defiende la pasión. Los muchos morros, y los que no, arman una coreografía desde la improvisación. Afable contrapropuesta al ritmo punzante de las notas que manchan los medios cotidianamente.

Esa noche de la Fiesta de los Libros (donde varias instancias se coordinan para hacerlo posible), se presentó la garra desde la memoria. Vámonos a la guerrilla de Chihuahua. Al aire libre, como la más perfecta metáfora, porque el autor, José Luis Alonso, rememora en el contenido del libro los días de encierro. La lucha de los ideales que desencadenaron en represión.

Aturde de misericordia, dan ganas de tomar la bayoneta del compromiso y andar por esas calles de esos años. La decisión de hacer para no morir de parálisis. Las mismas demandas, los mismos atropellos. Veinte o cuarenta o cincuenta años de diferencia donde ayer todo es tan igual como ahora.

Cuando Natalia dijo vámonos, salió por la puerta derecha y trasera hacia la banqueta, colocándose el pasamontañas y empuñando su pequeña pistola Beretta de 25 mm.

El inicio de esa aventura que desencadenó en las bases de un país que abrió su paso a las otras voces. La plegaria desde la pasión por hacer realidad un futuro promisorio para los muchachos venideros. ¿Qué tanto ha servido, estamos peor que antes? Las preguntas se responden según sea la mirada del lector.

Lo que sí es cierto es que José Luis Alonso ahora recrea esos años donde el sistema sometía (¿sigue sometiendo?) con descaro, con alevosía, con rencor hacia todo aquello que pareciera disidencia. Lo dice al aire libre. Como un disparo desde el recuerdo, la necesidad vital de que el tiempo no le arrebate su historia.

La Fiesta de los libros es el espacio más preciado para el encuentro con esas voces de guerrilla, con esos escuchas del ahora, protagonistas de la otra guerra, la que burdamente aniquila todos los días. Los libros, refrendo del escudo más óptimo para no involucrarse en la desgracia de la indiferencia.

Hay un stand donde la creatividad convoca. Las manos jóvenes manipulan el cartón. El hilo es la estética por donde corren las hojas de un cuaderno hecho a mano.

La Biznaga Cartonera montó su taller desde la generosidad. Los niños y las muchachas salen de esa carpa con el aprendizaje entre sus manos. La sonrisa de un foro donde la pluma tal vez llenará de trazos el blanco espeso de sus hojas. Quizá la más urgente historia que se confecciona en versos.

La Biznaga Cartonera es una editorial independiente que publica a escritores emergentes. Coordina talleres de diversos temas. La filosofía del arte, por ejemplo. O de escritura creativa.

Los saldos desencadenan en conocimiento. Pero antes la reunión de textos que ya circulan en publicaciones hechas a mano. Una maravilla al tacto, un olor a resistencia por demás plausible. Los libros y su contenido son un objeto que convocan al abrazo. Retenerlos para siempre como un recuerdo, como un acto de bondad que pretende tocarnos el interior. A leer, a escribir, a dibujar.

Ya en sábado la noche presta su serenidad y el escenario se abre a la voz de Francisco Prieto, el de la trayectoria amplia, el del oficio de escribir. Nos visita desde el de efe. Abre el micro y la voz tiende sus alas de conocimiento. Paco habla de El Quijote y su entramado. Le interesa escudriñar y desmenuzar el género literario que es la novela.

Ahí vamos de la mano de sus palabras, mirándolo también como un Quijote recorrer la vida, toparse con discos de acetato y reseñarnos su inicio como melómano, la música clásica que lo tocó como un marrón en plena frente y para siempre.

Paco Prieto se da. Cita la poesía de Juan Manz, el poeta oriundo de Obregón. Luego haba de Josefina Vicens, la mejor novelista de México. La pasión que imprime lo conduce a una sala de redacción donde una vez un torero criticado por la escritora, le lleva un ramo de flores a su oficina, como un acto de reconocimiento para sus letras.

Las palabras a borbotones. Porque un tema sugiere otro y luego otro. Y así. La conferencia que se convierte en conversación. La gratitud de espectadores que entre sus notas llevan varios títulos de libros sugeridos por Paco como una lectura imprescindible.

Al rato llegarán los muchachos del grupo Dos bueno seis. La garra otra vez nos hará su presa. Slamear será inevitable antes de que la noche se convierta en colofón del día. Mañana muchos libros otra vez.

 

 

Leave a reply