Insinuación de la niebla

Por Lenin Guerrero

Existe la común idea de que internarse en lo desconocido es la única opción para descubrirnos una capacidad de la que no teníamos noticia, bajo este argumento penetrar a lugares sombríos debería bastar para ser considerados valientes. En tal caso, al escritor hermosillense Iván Quintana del Castillo le sobrarían arrestos al menos creativamente, ya que la propuesta de su reciente libro Después de la Niebla: 20 relatos de misterio y sucesos inexplicables representa una incursión a un mundo del que no se sale espiritualmente intacto.

El sentido narrativo propio, los lugares conocidos vistos con otro semblante, Quintana recién ha sacado del horno un libro donde los personajes no son lo que al principio parecen, situación que embona a la perfección con los escenarios que ha escogido para recrear lo inexplicable.

– ¿Cómo fue que concebiste un libro de relatos misteriosos?

Cuando le comenté la idea a una amiga lo que me proponía, me preguntó si yo creía en ‘esas cosas’, la verdad es que el gusto por el género del relato de misterio siempre ha estado ahí, no únicamente escrito, por línea materna me ha llegado como tradición oral: era de juntarse por las noche y relatar historias en apariencia reales, uno los escuchaba sin saber que pertenecían a un género, es por herencia materna. Ya después vendrían Edgar Allan Poe y las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, donde se acentuó el gusto. No me dio por escribir y compartir sino ya ahorita, en la frontera de los treinta.

–En algunos de tus relatos los personajes entran en contacto con experiencias digamos “anormales” de las que forzosamente tienen que regresar, ¿qué representa la normalidad para Iván Quintana?

En el mundo de las letras y el arte buscamos desviarnos de ese camino de la normalidad que nos impone la vida, el arte nos ayuda a proponer o explorar las posibilidades de lo posible.

– ¿Has vivido alguna experiencia así?

No propiamente. Muchos de los relatos son producto de recuerdos, sueños, vivencias que se han quedado en mi inconsciente y afloraron así, como recuerdos de paseos familiares que después se transformaron en literatura. No he vivido ningún hecho así conscientemente, como te digo quizá en sueños, aunque algunos relatos sí están inspirados en vivencias reales.

Hay un juego de tiempos y lugares como en La Campana de Oro, recreado en el pueblo de Arivechi, recuerdo de niño haber viajado a la costa, y en la hora de la nostalgia, como a las cinco de la tarde, recuerdo haber escuchado a lo lejos las campanas, esa imagen está acompañada por un señor que contaba historias de Arivechi, así que el relato es un juego de realidades y ficciones. Hay mitos y leyendas que definen a los pueblos, en mi caso parto de un imaginario particular, pero al lector le pedimos que no busque en el libro personajes reales, que no vaya a buscar el puente de tres cerros que se menciona en un relato, es todo literario.

Empedernido escucha de Joaquín Sabina, Quintana también es un profesor de literatura que tiene en su trayectoria los poemarios Vicios y Vacíos y Heridos por la fuga del instante (IMCA, 2009), ha sido ganador del concurso de poesía Alonso Vidal y ha producido en cofradía con el escritor Luis Gavotto los libros de poemas Razones del instinto (La Cábula, 2003) y Transgresión de los labios (La Cábula, 2005), además de un centenar de fotografías en blanco y negro casi siempre en entornos sepulcrales. Quintana apunta:

En el mundo de las letras y la fotografía hemos querido construir un espacio libre. Luis Gavotto y yo empezamos con la onda del desnudo artístico del cuerpo femenino, y sin buscarlo llegamos a un estilo que quienes nos conocen y saben de nuestra obra fotográfica nos ubican cerca de lo gótico, lo extraño, los cementerios, las modelos amigas con apariencia oscura, nos encanta esa estética gótica.

–En tu experiencia como profesor de literatura, ¿qué piensas de la juventud actual, de su acercamiento a la literatura?

Sé que los jóvenes de ahora leen mucho, han repuntado las ventas de libros, a mí me desespera un poco que vivan pegados al teléfono, que vayan por la vida pegados al dispositivo, quizá el antídoto es la lectura sin importar el medio que se utilice.

Algunos profesores de literatura se han especializado en el canon o en profundizar en algún autor, a mí me gusta más la enseñanza a partir de algo que se conoce como el extrañamiento, los novelistas rusos decían que había que extrañar el lenguaje, hacerlo raro, caótico, romper las percepciones visuales, lo cotidiano, para provocar en el lector un sentimiento estético, conmovedor, mi propuesta sigue siendo romper los cánones de la enseñanza para buscar otro tipo de efectos que nos lleven a una dimensión didáctica.

– En tus palabras, ¿qué hay después de la niebla?

Me gustó el concepto porque la niebla evoca nostalgia, es un ente muy literario que vive entre la realidad y la ficción, todos los personajes pasan por un momento de niebla, al menos así lo veo yo, no sé cómo lo perciba el lector, es como una sucesión de imágenes a través de algunos lugares que he recorrido, alguna vez viajando desde Cananea a Banámichi y Ures me fueron surgiendo algunas ideas, todo me viene desde niño, con los relatos de mis abuelos maternos.

Creo que no busco innovar sino preservar nuestro relato de tradición oral, a lo mejor sí hay en el proceso algún chispazo neocostumbrista ya que no es un relato de pueblo, sino algo estructurado donde los personajes viven hechos… (no me gusta usar el concepto de lo paranormal, me parece que rompe lo literario) ni siquiera sobrenaturales, vamos a llamarle simplemente inexplicables.

Tenía la intención de que el libro tuviera un carácter triste y nostálgico a la vez, por primera vez me gustó leerme. Es el libro que más tiene de mí.

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