Abemvs Teatro

L. Carlos Sánchez

Algo tiene el muchacho. Ese algo que lo hace diferente. Quizá la energía, el deseo.

Dice lo que le toca vivir, desde la escena. Dice el mundo de su tiempo. Dice la violencia, el desamor, la apatía que somos ante la inmundicia.

Lo dice desde su pensamiento que a la postre desencadena en movimiento. Los cuerpos sobre las tablas. Las herramientas que indaga en sus lecturas y en la contemplación misma de las otras puestas que le ha tocado vivir desde la infancia.

Al tiro cuando la vagancia y el talento imbrican.

Cut López es director de la compañía Abemvs Teatro. El joven disidente de los convencionalismos. El que se aleja de los romanticismos ramplones, el que se arriesga y destaza un cuerpo humano en medio de la función, para que los espectadores lo veamos chorrear la sangre. Y lamernos los dedos de la conciencia en medio del torrente.

Incomoda el Cut. Incomplaciente.

Se acuerpa de un reparto por demás comprometido, con la más pura energía, vital, para desenvolver las acciones dramáticas.

En el Cut priva esa necesidad de acudir a la entraña del mundo que había, su origen. Sus puestas huelen a realidad, saben a verdad. Los temas que todos podemos digerir. Con un ritmo a veces vertiginoso, en ocasiones sutil pero siempre arropado de una energía centelleante.

En su ejercicio de director de escena, de director de la compañía, del Abemvs, tiene también un paso vertiginoso y de consolidación. Su nombre es garante. Si se asoma a la marquesina la reacción de espectadores es inminente. Y acudimos.

Acudimos como lo hicimos el jueves santo a Casa Andamios, donde también la referencia es de rigor, el síntoma de las cosas inteligentes e interesantes. Y acudimos entonces a eso de las ocho de la noche a presenciar la propuesta de Abemvs Teatro: Exequias 2019. Un resumen de diversas puestas que en paso de la vida, tres años de existencia, la compañía tiene en su acervo.

Para constatar o refrendar. Para digerir la fortaleza, el ímpetu, para corroborar que en Hermosillo la búsqueda de un lenguaje propio, existe. Y si alguien lo desarrolla es precisamente el Cut.

Conmociona ver los globos al viento como una especie de performance hacia la ternura, las almas que partieron. Porque entonces uno entiende que en medio de la devastación que es la violencia, un gesto de esperanza se convierte en la diversidad de colores que se tienden hacia el cielo. Y nacen ganas de vivir, otra vez.

Cada movimiento tiene su justificación. Los símbolos se manifiestan como un acto enorme de creatividad. La sangre incluso cobra su cauce como una rúbrica de la inmensa capacidad del amor.

Hablo ahora de ese fragmento de R&J, adaptación del texto de William Shakespeare, y que desencadena en el corazón de la cancha, en medio del barrio, con el solo de un requinto que nos hace estremecer.

Desde las alturas. En el techo de lo que es la casa. En la optimización de los espacios. Con una cerveza en la mano, paraditos junto a la pared. Desde allí para que no se nos escape nada. Desde allí para celebrar la existencia del Abemvs Teatro.

El tercer aniversario que son tres años de rasgarnos el pensamiento. Tres años de enviarnos a nuestras casas con un dardo clavado en la entraña, luego de mirar lo que propone. Tres años tres. A huevo.

 

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