Gordita: intento de asir la vida para seguir jugando

Gordita. Foto: Juan Casanova

Misuki Takaya

8:05 pm. Una música japonesa, alegre, rápida, con voces agudas y dulces, abre paso a Gordita, quien entra por el público buscando un bollito.

Gordita, esta puesta en escena, transcurre en Teatro íntimo de Casa de la Cultura, en contexto de la Muestra Estatal de Teatro 2018.

Gordita es una niña que desde el inicio de la obra hace verse, ya sea por su ropa y algunos modos estilo Lolita, por el volumen de su cuerpo o por esa energía que ejerce con público.

“Sólo se nos hace agua la boca con cochinadas”, dice Gordita sosteniendo en sus manos bombones o cacahuates japoneses que nadan en salcita naranja.

La dramaturgia es de Mónica Perea, y aquí la comida siempre está presente, podemos ver a Gordita deleitándose con unos bombones o describiendo, como todo un sibarita, el sabor de los cacahuates.

En el monólogo, la protagonista habla del consumo de dulces, de la comida de su abuela, del rechazo de la comida que hace su madre, del daño que le hace la salsa, del padecimiento de gastritis y de la dieta a la que se somete. En medio de la comida, sabemos que sus padres trabajan mucho y que ella pasa su mayor tiempo sola.

La relación con  la comida prevalecen en la obra, pero en la exposición inocente de esta fijación, subyacen otros temas: la condición vulnerable de una niña que carece del buen cuidado de sus padres, el duelo y el bullying escolar. Sin embargo hay fuerza y voluntad para bailar, jugar y ¿por qué no? cambiar para llegar a  ser “La reina de su escuela”.

La abuela es quien mitiga las ausencias paternas y se vuelve aliada en estas dificultades, pero al fallecer, las cosas se complican de nuevo y los bombones se convierten en consuelo constante.

Ante la nobleza de los primeros años, “Ser la reina de la escuela” se convierte en una promesa, que rinde homenaje a su abuela, pero mantener “dieta, ejercicio y agua”, es algo arduo cuando uno está solo.

Gordita: intento de asir la vida para seguir jugando y bailando y un llamado para nosotros los adultos a escuchar a los niños.

“A veces me siento como una bailarina profesional de esas que salen en la televisión. ¿quieren ver mi baile?”. Gordita, invita a los niños a bailar, no pasan ni diez segundos de su convocatoria cuando los niños comienzan a bailar, algunos desde sus asientos, otros arriba del escenario.

El montaje, dirigido por Tristana Landeros, es hábil en su relación con los niños, proporciona un tiempo para bailar, opinar y hasta comer. La obra es consecuente con sus demandas y  ha convertido el teatro en un verdadero foro donde se escuchan las voces de estos pequeños que denuncian: “A mí también me regañan por subir los pies al sillón” “me hacen comer verduras” “me mandan hacer la tarea”

Nabila Nubes, quien da voz a Gordita, confiere un personaje de grandes gestos, tierno y carismático. Gran destreza para conectar con los niños, adquirida quizá por experiencia, pero sobre todo por amor a lo que hace. Se dirige a ellos como sus cómplices, los hace camaradas  y los niños agradecen estos gestos con un gran abrazo de oso.

Al terminar la función, Nabila menciona que la obra está hecha para incentivar que los padres hablen con sus hijos.

Yo por lo pronto pienso en mis sobrinos, en los niños, pienso que tengo que escucharlos más. También cuestiono el origen de mis excesos: ¿de dónde provienen, por qué están ahí?

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