Godot en Las Lunas de Urano

Martín Salas Dávila

Fue una noche del 13 de marzo de 1781 cuando Shakespeare tocó los cielos. Fue la misma noche en que Frederich Wilhelm Herschel; músico, astrónomo y fabricante de lentes alemán; admiraba las estrellas con su telescopio, un artefacto inventado por él mismo en sus horas de ociosa libertad. En medio de la inmensidad celeste Herschel pudo apreciar un remoto punto verde que lo obsesionó hasta llevarlo a interminables madrugadas de estudio.

Al principio pensó que se trataba de una cometa, pero obligado por su curiosidad científica el astrónomo decidió profundizar más en el hallazgo. Gracias a sus conocimientos enciclopedistas Herschel pudo calcular la órbita del objeto. A partir de ese momento su primera hipótesis fue descartada pues logró concluir que aquella pequeña esfera de luz se trataba más bien de un planeta, el séptimo en el sistema solar, Urano.

Pasó tiempo para que Urano pudiera adoptar su actual nombre. El siglo XVIII lo conoció como la Georgium Sidurs (La estrella de Jorge), llamada así por el mismo Herschel en honor al rey Jorge III de Inglaterra. A finales de este siglo, en 1787, la Georgium Sidurs reveló a su descubridor sus dos lunas más grandes, Titania y Oberón. Surgió así entre los astrónomos de Urano una tradición, la de evocar las obras de Shakespeare en sus descubrimientos. Titania y Oberón son reyes de las hadas, personajes de la comedia Sueño de una noche de verano, obra escrita por William Shakespeare en el año 1600.

Los siguientes dos satélites fueron encontrados por el británico William Lassell en 1851, Ariel y Umbriel, haciendo referencia al personaje del poema El rizo robado de Alexander Pope. Un siglo más tarde, en 1948, el neerlandés Gerard Kuiper descubre Miranda, personaje de la trama La tempestad, también de William Shakespeare. En los 80s la sonda Voyager 2 descubre alrededor de 10 objetos más orbitando el planeta, Puck es uno de ellos, otro personaje de Sueño de una noche de verano. Hasta el día de hoy se han encontrado 27 satélites alrededor de Urano, todos con su respectiva denominación literaria.

Así Las lunas de Urano bien podrían tomar el nombre de Las lunas de Shakespeare. Hablar de ellas es hacer alusión a la dramaturgia de nuestro caballero inglés. Digo “nuestro” porque acá en Hermosillo nos apropiamos de él desde el 2016, año de la primera edición del Las lunas de Urano, Festival de Shakespeare en el Desierto. Un festival fundado y organizado por la compañía AndamiosTeatro cuya sede encontramos en la futura Calle del Arte, hoy conocida como Sufragio Efectivo.

AndamiosTeatro surge en 2009. A partir de este año el colectivo se ha dedicado a la promoción del teatro en los diferentes espacios ofrecidos en los distintos rincones del estado. Una de sus más grandes convicciones es el sacar el teatro de los ostentosos escenarios y llevarlo a las calles, a los barrios. “El teatro es un lugar de comunión con el otro, es un acto de amor…” es la consigna de la vocera del grupo Hilda Valencia, “Un amor, un vivir sin miedo, una libertad que es necesario universalizar”.

AndamiosTeatro le apuesta a su labor pues hay incandescencia en ella, hay una llama capaz de derribar muros, de amenizar el calor entre semejantes. El teatro tiene la capacidad de transformar todo lo que toca. Además de rescatar lo popular del teatro, Andamios en conjunto con otros colectivos teatrales como La Matraka y El Mentidero se han dado a la tarea de rescatar espacios públicos. Pedazo a pedazo se intenta recuperar la ciudad a través de la ocupación de sitios abandonados para volverlos puntos de recreación, arte y liberación.

Octubre del 2019 ha sido el mes de Las lunas de Urano, tercer Festival de Shakespeare en el Desierto. Un total de 73 artistas que en conjunto forman 9 compañias montan escena en 6 escenarios a lo largo de La Calle del Arte desde el 3 de octubre. El Parque Madero, Parque Juan Álvarez, La Matraka, AndamiosTeatro, El Mentidero y Teatro Alberto Estrella han sido testigos de este festín teatral que culminará el sábado 19 de octubre con la banda local Toque y Tono.

Tuve la oportunidad de acercarme a una de estas presentaciones el sábado 12 en la bien conocida fuente del Parque Madero, la compañía AbemvsTeatro trajo a nosotros su versión de la pieza Esperando a Godot, la clásica tragicomedia en dos tiempos del dramaturgo irlandés Samuel Beckett. Una obra exponente del llamado Teatro del absurdo, movimiento surgido entre los años 40s y 60s del siglo XX que se mantuvo fuertemente anclado en la filosofía existencialista.

El Teatro del absurdo suele tener tramas en apariencia sin sentido, diálogos inconexos, espacios y tiempos que sugieren una atmosfera de ensueño. Es un teatro revolucionario, busca generar cambios pensamiento social. Sus principales recursos expresivos son la metáfora y la ironía, de ahí se deriva su humor corrosivo. Tiende a ridiculizar las problemáticas humanas, a cuestionar preguntas sin respuesta como ¿Quién es Godot? El teatro del absurdo es también una vasta discusión sobre el papel del individuo en las sociedades modernas.

Esperando a Godot es una historia que se desarrolla en un paraje desértico bajo las ramas de un árbol seco que bien podría representar, dicen los críticos, la perdida de la fe y la esperanza. Sobre el escenario aparecen Vladimir y Estragón, dos vagabundos, bufones harapientos, que discuten entre delirios entrecortados su patética suerte. Han llegado hasta ahí para esperar a Godot, personaje omnipresente y sin rostro quien ha de resolverles todos sus problemas. Se suman a ellos Pozzo y Lucky (Fortuna). Pozzo es un hombre rico, un magnate capitalista que jala de a cuerda a su esclavo debilucho y andajoso de nombre Lucky..

Existe una relación amo/esclavo entre Pozzo y Fortuna. Entre Estragón y Vladimir hay una relación un tanto quijotesca. Son una suerte de Don Quijote y Sancho Panza, dos conciencias que se complementan, una más optimista que la otra. La obra culmina como empieza, con un Godot ausente y el desamparo de los personajes.

Godot, representación escénica de la compañía AbemvsTeatro, retoma de la obra de Beckett algunos diálogos y cuestionamientos y a la vez inserta otros. Con un sountrack novedoso y un humor más colorido – por no decir menos negro que el de Beckett – el grupo teatral hace de su espera algo más digerible y allegado a las necesidades del espectador contemporáneo. Por ello no encontramos en Pozzo un imponente hombre de negocios, sino una diva del siglo XXI. El tiempo espacio de la obra no converge en un paraje desértico, sino en el agua, dando a entender al público la alegoría del navegante, motivo común en la literatura y en la cultura popular. El navegante que se adentra a las aguas de la vida en búsqueda de su destino. Sin embargo en Godot los personajes no navegan, naufragan con la esperanza de que Godot venga algún día a darles norte.

La puesta en escena culminó con cierto optimismo.  Un cartel similar al usado en las marchas versaba Y TU ¿QUÉ ESPERAS? mientras los actores marchaban simulando una milicia. Con este cohetazo los protagonistas intentaron despertar de su vigila a los presentes y cerraron con broche de oro.

Leave a reply