Gladiola, olvidé mi máscara de super muñeco

L. Carlos Sánchez

Gladiola, olvidé mi máscara de super muñeco es un libro con formato especial, característico de libertad, lúdico, es un libro que su autor, Omar Gámez Navo, escribió pensando en los niños. Un incentivo para indagar la literatura, una oportunidad preciosa para interactuar con los papás.

Editado por Pinos Alados, con ilustraciones de Betsy Amparán, Gladiola, Olvidé mi máscara de super muñeco, resulta ser una carrera hacia la escuela, con la frescura que da el lenguaje y la imaginación, el autor imprime velocidad en sus oraciones, provocando con ello la emoción y las sonrisas para con el lector.

Interactivo, dinámico, claro y conciso, este ejercicio literario es una oferta para esas horas de convivir con los hijos, no hay pretexto para decir que no, la oferta para emplear el tiempo está en el nombre de este libro y su contenido.

Omar Gámez Navo, es un escritor rudo, que en sus anteriores entregas como ejemplares, retrata la vida suburbana y rural, la imbricación perfecta para esas noches de cantina donde los otrora campesinos, ahora ayudantes de albañil, depositan sus monedas en la contemplación de una chica que se mueve a ritmo de cumbia encima de una mesa.

Navo es también poeta, de evocación por demás entrañable, cómo soslayar Mamáchula, ese poema potente donde la abuela se viste de personaje y nos hace atizarle al fuego de las evocaciones, de cuando fuimos niños, adolescentes, de esa primera vez que una morra nos rompió el corazón.

No sé qué le ha pasado al Navo, el escritor corrosivo, el de los temas punzantes, el arquitecto de Al contado, de Voy a dar un pormenor y Rumor de aquellos pasos, para dar este giro en su búsqueda discursiva. Pero la lectura nos hace concluir su acierto. Porque en su nueva propuesta, quizá lo determine su faceta de padre, lo cual también nos cimbra y nos hace celebrar con alegría.

Desde las primeras páginas de Gladiola, olvidé mi máscara de super muñeco, llega el deseo, la necesidad, de tirarse de panza en el suelo y tomar las crayolas para seguir la ruta sugerida en la propuesta editorial. Colorear la camisa con el color que más combine con el peinado del personaje que también es narrador, por ejemplo.

Desde la primera hoja, este libro convoca a la identidad, rubricar la pertenencia es una convocatoria. Y saber que está dedicado a León Gámez, hijo del autor, es también saber que esta historia quedará inscrita en la vida del niño que somos todos.

Cuando está nublado siempre gano a las carreras, a las canicas, sonrisas y miradas de Gladiola: la niña que cuando me mira o me habla, parece juntar en un solo día el verano, navidad y el día del niño.

Estas imágenes como oraciones sugieren las vertientes del contenido de la historia. Pero el fragmento antes citado, es solo eso: la invitación a seguir y seguir la ruta del niño que va a la escuela y quien olvidó traer su máscara de super muñeco.

Entrañable la historia cuando aparece la lluvia. Nostálgica y divertida cuando se habla de la falda de Gladiola, esa que fabricaron los duendes del huerto.

Ahora que la tecnología nos favorece, busquemos en la web la manera de hacernos de este libro. Quizá sea buena inversión para la familia, leer en derredor de la mesa, debajo de un árbol, mientras la sonrisa de los hijos son reacción de la inmensidad que significa la literatura.

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