Finis país (Es decir, los límites)

 

 

 

Reinaldo García Blanco

 

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Finis país (a capella)
Estás ahí
como un inmenso pedacito de tierra
que Dios ha puesto sobre el agua

Estás ahí
como el toro que va rumbo al matadero
y deja un rastro de cenizas y aire

Hay una vicaria machucada
un jardín a la deriva donde juegan las niñas

Hay un Altazor que estalla
una madreselva donde todo se esconde y la ropa de los cordeles semeja un barco sobre la planicie. Estoy aquí bajo el cielo que me han dado y me pongo a dibujar el arroz y las viandas / los gatos y el mejunje / las sílabas y los muertos/ no soy más que otro cualquiera sentado de espaldas al mar y desoye el rumor de las barcas, el parloteo de los marinos, la espuma que dejan los pájaros cuando se internan en la montaña

No me tientes a decir la palabra crepúsculo
Esa discordia entre la claridad del día y las sombras chinescas que me aturden. No me tientes a caminar sobre las lajas pues tengo miedo de los hilillos de sangre que dejaron los perros

Este que ves temblar es uno de los que ha estado palpando la siempreviva y ha regado su perfume

Estás ahí
y nadie salta ese silencio de agua
esa neblina por la que adivino los cordajes de la ceiba
el laberinto de Creta que me va a perder a medianoche

Estamos aquí
piedra sobre piedra
ojo por ojo
lengua que han puesto bajo el mortero de las especias
para que yo invente el estío
para que yo invente os ciervos
para que yo me ponga una camisa de fuerza
y enarbole el vaho de la tarde
Esto ya no tiene límites
Ni las flores de aire que han puesto sobre el pretil
ni los abrevaderos que dividen a las provincias

Nada es palpable

He aquí
estoy sentado como un hombre que mira partir a su hermano a la guerra y el agua moja a las piedras donde yace un polvillo parecido al muérdago

Estas serán las últimas palabras que digan
de la corteza y la podredumbre

Esto ya no tiene cortapisa

Han cortado un bosque palmeras y no me atrevo a sembrar un almendro por el miedo a esa carne interior que me recuerda a una lagrima y sigo sentado como un hombre que dispone de sus denarios y pone en jaque la saliva y el tórax

Yo pude predecir estas batallas
dudar de la paloma que emigra y ahora es escombro
planicie
levedad

Esto no tiene periferia y han puesto el pie sobre una parte del mapa
allí donde hay un río y una mujer de cuello alto respira
y mordisquea las hierbas del viernes

Esto es un asunto de Dios y su diestra

Esta es la balada que comencé a cantar cuando no había nacido y no tenía un pasaporte un hueso una hoguera donde poner a secar las humedades del viento
¿Quiénes al fin convidados vienen a quemarme los uñas?

¿Cuáles sin otra fiereza pone cianuro y mostaza a la hora del crepúsculo?
Tales y Otros vienen a mi puerta yo les preparo cocimientos y ternuras me celebran las plantas y los gatos y yo voy por un poco de agua yo voy por un poco de confianza y extiendo el mantel de navidad y los perdono con euforia

Esto ya no levanta su cuaresma
veo pasar leves quincenas
me siento a esperar el cartero junto a la planicie

Es otro el hombre que dibuja la penumbra para que yo me pierda

No hay un jilguerillo para que me guie y me quede azorado de la miel
de la aspereza
de los címbalos

Finis país
al polvo voy
al polvo impuro.

 

Reinaldo García Blanco (Sancti Spíritus. 1962). Poeta y escritor radial cubano. Ha publicado entre otros: Perros blancos de la aurora (Editorial Orientes, 1994); Adiós naves de Tarsis (Ediciones Vigía, 1995); Instrucciones para matar un colibrí (Ediciones Santiago, 2002 y España, Diputación de Córdoba-Ediciones Unión, 2004); Campos de belleza armada (Ediciones Unión, 2007), ganador del Premio Casa de las Américas 2017, en el género de Poesía, por su poemario “Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa”.

 

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