En la curvatura de tus pasos

El manto aguarda para empaparse de sudor, en la tarde sabatina, cuando una cerveza destape su frescura en tu garganta. Volverás, hermano

L. Carlos Sánchez

De la serie El cuerpo es el paisaje más sublime de todos, de la artista visual, bailarina, Clotilde López:

Cuerpos

Los cuerpos emanan del cuerpo. Hay un lugar para tu hábitat, hijo mío, hermana del mismo dolor. Compañeros. La comunicación sensorial. La onda hertziana que nos habla desde los latidos del pecho. Un puente inquebrantable porque la voz es un eco que rompe las barreras silentes. Los silencios impuestos por las manos bruscas, qué crueles, qué absurdas, cuánta incapacidad para la reflexión. Porque a ellos se los llevaron ayer, a los otros los vimos surcar sus caminos desde su aura indómita, invencible: los invisibles que vienen a diario para susurrarnos al oído la grandeza de sus pasos por la vida. Los inquebrantables con sus nombres de hierro que nos punzan en la transpiración de nuestros cuerpos bajo el sol. Vuelven siempre, están aquí: como esta obra analogía de la habitación que somos y en la cual hospedamos para siempre la memoria de todos esos por quienes esperamos. Abrázame otra vez al despertar, hijo mío, compañera del mismo dolor. Con tu cuerpo estético, con la ternura de tu mirada en ocaso. Ven.

Rostros dos

Aquí lo dejaron. En la puerta de mi casa donde ha florecido un jardín. Con su mirada oculta, con las facciones apuestas. Aquí lo arrojaron. En el frontispicio del recuerdo, por donde siempre niño-niña-adolescente-joven hurgó la vida. Sobre una patineta, en el hilo que arrulló mil veces el giro de un trompo, en el salto de una cuerda, jugar a las comiditas. Vinieron de día, o de noche, antes del amanecer tal vez. No dijeron nada, solo arrojaron su aliento ya sin aliento, la historia de su nombre que florece incansable en nuestras memorias, porque los vimos, la vimos, lo vimos, crecer al lado del eucalipto, porque tuvo proyecto, se alzó a la vida con un bat donde las pelotas tuvieron alas y formaron una parvada de pájaros el domingo por la tarde. Y vuelve convertido en una esfera, para  alegrar los minutos que nos faltan por encontrarlo, para que no olvidemos la gesticulación que su nombre nos provoca al llamarlo. Siempre.

Oración

El hilo y la silueta. Vigía silente. Es un pico que evoca la existencia de un lugar sagrado adonde ir a llorar. Porque nos falta él, o ella que son ellos, los todos, los muchos. En la silla está un fantasma que tiene apodo, que clama prudencia con paciencia. Un páramo significa lo opuesto. Porque si no llega de madrugada llegará de tarde. La esperanza de verlo regresar. Un páramo no es un lugar vacío, porque las voces decimos el recuerdo. Lo que fue, lo que es, lo que está siendo. En la curvatura de tus pasos está la herencia de los niños, caminan igualito que él, que tú, por eso estás más vivo que nunca, más presente que ausente. El manto aguarda para empaparse de sudor, en la tarde sabatina, cuando una cerveza destape la frescura en tu garganta. Volverás, hermano, entonces la textura de la tela se posará sobre tu espalda, la ternura en la mirada estará sobre tus ojos, y abrirás de nuevo la casa que te espera.

One Response to En la curvatura de tus pasos

Deja un comentario