En estos tiempos nada fáciles el arte nos está salvando

Zahaira Santa Cruz / Foto: Ana Isabel Campillo

L. Carlos Sánchez

Aquí se habla del cuerpo y las nubes. Los motivos para crear. Se dicen las consecuencias del movimiento como una sanación. Se recrea el origen del oficio, su historia.

Zahaira Santa Cruz es bailarina de danza contemporánea. Actriz. Maestra.

Baila en los desiertos para la danza, baila en diversos foros, baila desde la mirada, ese universo que parece decirlo todo.

El planteamiento de la raíz. De esos años de infancia en los que Zahaira acudió a su primera clase con la maestra Graciela Ortega quien tenía una academia pedagógica de danza, en Hermosillo, dedicada solamente al ballet clásico.

“Y fue allí cuando muy niña a través de Graciela conocí al maestro David Barrón quien en algún tiempo nos dio clases de danza contemporánea, él tenía un proyecto y nos compartió un poco de lo que él hace.

“Eso cambió definitivamente mi vida, no específicamente las clases en aquel entonces de contemporáneo, sino todo lo que aprendí de Graciela, la disciplina, la constancia, la dedicación, la responsabilidad”.

—En este ejercicio de danza, ¿la bailarina o el bailarín conversa con su cuerpo, con sus órganos?

—Cuando decimos cuerpo para mí va involucrada la mente, porque es un todo, no hay separación, y claro que se involucra y es interesante cuando mencionas los órganos porque es desde adentro desde donde nos movemos, es desde las entrañas lo que nos activa el movimiento, es desde adentro donde tenemos nuestras memorias, donde se quedan grabadas nuestras experiencias y todo eso, creo, son nuestros motores para poder accionar a través de la danza.

—En esos motores están implícitos la emociones: ¿qué te funciona mejor, la alegría o la desolación, la nostalgia o la euforia, a qué es a lo que le apuestas para explorar?

—Creo que todas las emociones. Cada día somos distintos, cada día es un cuerpo distinto, no es igual el cuerpo y las experiencias de ayer y cómo despertó ayer, el ánimo de ayer y todo lo que haya vivido el día anterior a lo de hoy. Esto me recuerda a cuando hablo con mis alumnos y me dicen ‘por qué maestra me sucedió que ayer pude hacer estos giros, tuve esta sensación y me funcionó y ahora no’. Eso es lo rico, precisamente, porque hoy tu cuerpo es distinto, además del trabajo que realizaste ayer ahora tienes que buscar otras motivaciones o evocar otras emociones o sensaciones para poder realizar tu tarea, para poder accionar con la danza. Todas esas emociones que mencionas, funcionan. No puedo decir que prefiero una que otra.

—Hay una emoción que todos padecemos, que a todos nos aprisiona: el miedo. ¿Cómo lo vives o exploras o utilizas?

—El miedo está siempre presente, y el miedo es algo que se enfrenta a diario, es eso: enfrentarlo, darle la cara y de alguna manera con tu accionar en la vida, como le digo a mi hijo, hay que enfrentarlo y después lo venceremos. De esa manera lo vivo: dándole la cara porque al hacerlo el miedo se convierte en otra cosa. Siempre existe esa sensación de temor por ejemplo de que voy a bailar hoy, y claro, tengo que enfrentar el miedo, un miedo terrible que me hace pensar por qué estoy haciendo esto si me da tanto terror, por qué cuando se enciende la luz y estoy con toda la adrenalina presente en el cuerpo, pero precisamente también gracias a ese miedo es que estoy o que el cuerpo se encuentra listo para realizar lo que tenga que realizar, para enfrentarlo y una vez enfrentándolo ya se convierte en nada y llega a ser disfrutable.

Que el cuerpo hable por sí mismo

—En un acto de creación, independientemente que seas bailarina bajo la dirección de alguien, eres también tu propia creación, desde la entraña. ¿En esta propuesta de creación te estableces algunas premisas para darte al espectador?

—Hablas de una obra no de mi autoría, y me recuerda que el último trabajo que estuve realizando con un coreógrafo-director fue con el maestro David Barrón, y lo rico de trabajar con él es que te permite proponer, te da esa libertad, y él tiene esa claridad sobre lo que quiere, sobre lo que deseas y sobre lo que quiere de ti, de tu cuerpo, de tu mente, sobre lo que él sabe que puedes brindarle a la obra, eso es muy interesante. Gracias a esa libertad y esa confianza, de lo que tú como intérprete puedes proponer, sí me permito que el cuerpo hable por sí mismo, porque es como decir ya conozco la partitura, pero puedo jugar con el fraseo a libertad, le puedo dar estos matices con la libertad y con la experiencia que hay en mí. De esa manera es como me permito accionar en una situación como la que planteas.

—Tienes entendido que tu cuerpo, tu mente, tu propuesta coreográfica poética, afectará al espectador. En esta afectación para con el espectador, ¿te estableces un compromiso social?

—Tengo un compromiso. He estado tratando un tema desde el dos mil quince a la fecha, y fue cuando pensé que me sentía en el camino correcto porque tengo claridad de lo que quiero decirle a la sociedad. Y qué maravilla cuando se puede tocar al público, no sé si quizá transformar, pero sí mover alguna fibra en la persona que reciba el mensaje. Sí hay un compromiso más allá de lo hago por gusto, que sí lo hago, pero a través del arte podemos mover a la sociedad, sensibilizarla, crear conciencia de lo que acontece, precisamente en estos tiempos nada fáciles el arte nos está salvando.

—Existen fotografías donde el objetivo, como pincel es tu cuerpo, elemento primordial para esa propuesta plástica. ¿Cuál es tu interpretación sobre este acontecimiento?

—Hay una reacción sobre todo en estos últimos años. Antes, de muy joven, era ver la forma y decir y criticarme, analizar, pero ahora lo que me gusta de la experiencia de ir creciendo es que ves otras cosas, y más allá del ego también me pregunto qué sería lo que percibió el fotógrafo o la fotógrafa para que entonces le llamara a esa persona darle click en ese momento. Creo es interesante la perspectiva de quien está detrás de la cámara y esa es una de mis preguntas cuando veo alguna fotografía donde está mi cuerpo.

Me gusta compartir la escena

—Hay un término que mencionas y me parece toral en la vida: el ego. Quizá creamos por ego: ¿cómo hacer para superar esa palabra que quizá se convierte en un dique?

—No hace mucho platicaba respecto del ego del artista, ¿en dónde lo pones? Hay personas que lo sienten necesario, pero ahora, en este momento de mi vida, existe, por supuesto, pero creo que estorba porque le quita el motivo original de lo que queremos hacer, y creo que entonces ahí el compromiso que uno tiene con lo que va a exponer, a compartir con el espectador, se borra, simple y sencillamente porque: ¿qué quieres como artista? Sí quieres comunicar, sí quieres ser visto, por eso lo haces, pero también creo que tienes un compromiso con la sociedad, con el espectador, y lo que hago con el ego es dejarlo fuera porque en el momento de la creación no creo que me funcione, lo que necesito es lo que va a realizar mi cuerpo, qué acciones y sensaciones para poder crear el texto posible y poder compartirlo. Si nada más estoy pensando en que me voy a ver de esta manera creo que ahí se pierde el rumbo de lo que queremos decir.

—Bailar sola y bailar con reparto. ¿Qué diferencia hay y cómo lo vives?

—Bailar con reparto es muy divertido. Te puedes enfrentar a distintas maneras de pensar, a compañeros que tienen diferencias en cuanto a abordar una obra. Y en esto de estar en reparto sí es ceder, sí es un juego de cedo y propongo, escucho al otro: me gusta mucho, me gusta compartir la escena.

En el más reciente trabajo que estuve haciendo a la par con David Barrón, es un trabajo de mi autoría en compañía de una gran bailarina, cómplice de escena que me encanta, es Tiffany Solís. Bailar con ella no tiene precio, me fascina la química que tenemos, cómo no apoyamos, hay una fuerza increíble en ella y me encanta recibir y compartir.

Bailar sola en disfrutable y también está el compromiso de cómo llenas el espacio y cómo te apoyas también del espacio para que lo que tú quieres decir pueda tocar al espectador. Entre bailar sola o acompañada, no tengo preferencia, las dos maneras me encantan.

Bailar fue lo mejor que pude haber hecho

—Mientras conversamos las nubes están puestas. ¿Qué te hacen recordar las nubes?

—Me recuerda a cuando estaba yo chiquita e íbamos a Obregón donde estaba mi familia materna, también me recuerdan los viajes a Bacoachi, un pueblo en la sierra, pasando los pueblitos del río Sonora donde está mi familia paterna. Me gustaba acostarme en el asiento de atrás y verles formas a las nubes o simplemente ver cómo se mueven. Me gustaba la sensación de que me estaban siguiendo, o cómo se van transformando con el viento. En algún momento de mi vida mi mamá pintaba, y yo estuve en clases de dibujo y pintura, algo que me gustaba mucho hacer por el tipo de pincel, eran las nubes, mucho de clores en el cielo acompañado de nubes.

—¿Y estas nubes y estos recuerdos en algún momento detonan en el escenario?

—No lo sé, solo tengo el recuerdo de una coreografía donde estamos en el piso y esta sensación de estar acostada, de iniciar en el piso, sentir cómo se van encendiendo las luces y ver hacia arriba, sí me recuerda a eso, solo que aquí es ya con una adrenalina increíble, de alguna manera hay paz de saber que está el cielo ahí, que te está protegiendo el espacio, y en este caso es la estructura de la parte de arriba donde están las luces.

—Si tuvieras una última oportunidad de decirnos algo sobre la danza, ¿qué sería?

—Es muy amplio, difícil pero no imposible. Respecto de la danza estamos en un momento en el que padecemos de una situación que no nos está favoreciendo de la manera económica, aun así veo cómo compañeros suben a redes sociales sus momentos danzando y compartiendo con otros compañeros. Y creo que la danza es un camino para liberarnos, para ser uno mismo, para encontrarte con lo que haces. Hace pocas semanas compartí en mis redes unas secuencias sencillas que se realizaron para mis alumnos del sexto semestre de la Licenciatura en Artes Escénicas y decidí compartirlo justo por la sencillez y porque dije, mientras lo hacía, mientras lo grababa: esto es lo que yo hago, esto es lo que soy. No imagino mi vida sin bailar.

En algún tiempo estuve sin bailar, estuve en proyectos teatrales, que me encanta, pero cuando regresé a bailar fue lo mejor que pude haber hecho, yo me muevo, necesito moverme y la danza me conecta con la esencia, con quien yo soy. Es importante valorar las posibilidades corporales que existen en el ser humano, más allá de nuestras acciones cotidianas, y más allá del virtuosismo, que claro que es apantallante y es de admirar, pero creo que es invitar a conectar con quien tú eres independientemente de que seas bailarín o no. Muévete y explora con tu cuerpo otras posibilidades, deja que el cuerpo sane.

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