En esta obra todo mundo es intérprete

Yo soy el ogro, la princesa y el poeta

L. Carlos Sánchez

Auscultar y mirar de frente. Decir las cosas por su nombre. Reflexionar a través del movimiento del cuerpo que es la historia interior del ser humano.

En el marco del Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes, llega a Hermosillo, expresamente a Andamios Teatro, bajo el concepto de Teatro Indómito, el montaje escénico Yo soy el ogro, la princesa y el poeta, de la autoría de Ricardo Rubio, y bajo el montaje de la compañía Clica arte escénico y la Machina Producciones.

Como un ejercicio de comunicación previo a la presentación en la ciudad de Hermosillo, que acontecerá el 13 y 14 de noviembre, conversamos con la directora de la puesta en escena, Minerva Muñoz.

–¿Cómo ha sido el método de construcción?

–Nuestro proceso es completamente dinámico. Comenzamos con un entrenamiento desde un enfoque somático, es decir, integramos a través de ejercicios de movimiento y concientización del cuerpo, experiencias en los distintos planos del ser y con ello buscamos sensibilizarnos y hablar desde nuestra experiencia en el cuerpo, porque el cuerpo tiene toda nuestra historia. Nuestra construcción corporal, cómo nos movemos, cómo está constituido, la forma en que sentimos e imaginamos, todo esto es un reflejo de nuestra historia. Partiendo de esto pasamos a la verbalización, la socialización de la experiencia, de donde surgen anécdotas en relación a lo que traemos impreso en nosotros, recuerdos, de cosas sin resolver, conflictos y traumas. Con base en esto, construimos las escenas, que como te comento, son dinámicas. Con esto quiero decir que la obra tiene una estructura muy sólida pero también una parte improvisatoria. El público participa en la obra, dialogamos.  Los intérpretes de la obra interactuamos con el público, hablamos con ellos. No solo es un diálogo a través del cuerpo sino a través de la palabra. Hablamos de nuestras historias.

–¿Se han ido cumpliendo los objetivos en las presentaciones?

–La mayor parte del tiempo, sí. Afortunadamente hemos tenido públicos muy generosos. La obra nos va acompañando tanto a los “intérprete”, y voy a entrecomillarlo porque en esta obra todos somos intérpretes, se disuelve, se juega con la línea, entre quien es el público y quién es el intérprete, porque ellos son los verdaderos protagonistas.

La obra es interactiva. La pieza nos va conduciendo a todos quienes compartimos en el espacio escénico. Esto va permitiendo que el público entre en esta dinámica, abriendo un espacio de diálogo, de apertura, de escucha, y entonces la gente se anima a participar. Hemos cumplido con el objetivo porque la gente se abre y hemos sido testigos de situaciones muy fuertes. Esto siempre lo agradecemos porque abrimos este espacio de escucha, afortunadamente nos sensibilizamos, ellos y nosotros, y se da el diálogo.

–¿Cuál ha sido la reacción del público que te ha conmovido más?

–Te puedo comentar tres casos. En el primero, una chica nos compartió cómo estaba siendo acosada (de hecho, ella trabajaba en ese foro). Como estaba sufriendo no solo acoso sexual sino también acoso psicológico y laboral muy fuerte. Fue una presentación muy conmovedora, el público se sensibilizó mucho también, creando un espacio de contención, sosteniendo y de soporte para esta muchacha que nos compartió sus experiencias. En otra función, uno de los participantes nos compartió cómo él era un perpetrador de la violencia al sufrir de un alcoholismo exacerbado, muy agudo, y cómo esto ha afectado a su familia, fue una historia muy conmovedora, ya que iba con toda su familia. Fue una experiencia muy intensa ya que fuimos testigos no solo de la perspectiva de la víctima, sino de la del verdugo. Y otra participación que tenemos muy presente fue la de una niña pequeñita, como de unos cinco o seis años, que hablaba de una pérdida que tuvo, de una amiguita, de cómo eso le afectaba. No solo nos compartió sus emociones sino también de los recursos que ella desarrolló para poder sobrellevar esa pérdida. Fue una experiencia enternecedora ver como una niña tan pequeña compartiera de una forma tan maravillosa, clara y estructurada toda su experiencia y cómo ella hace para hacer llevadera su situación. Ha sido para mí, te puedo decir, la experiencia que más me ha conmovido de todas porque para mí fue un ejemplo de fuerza, de ecuanimidad, de inteligencia emocional. Realmente fue maravillosa esa función.

–¿El espectador puede ser otro al salir de la función?

–Seguro.

–¿Tú eres otra después de este montaje?

–Totalmente. Te comparto que ahora estamos en una segunda versión. Este es un remontaje bajo mi dirección de la idea original del coreógrafo y creador de la pieza de Ricardo Rubio. Estuvo con nosotros haciendo el montaje inicial. En ese primer montaje me movió muchísimo, sacó cosas de mí que según yo tenía resueltas. Te comparto que hubo sesiones en que yo no quería participar, en algunos ensayos necesitaba un poco de espacio porque me estaba viendo muy afectada al recordar, al revivir. Trabajamos muy intensamente desde las experiencias, desde las emociones y el cuerpo, para mí era como vivirlo de nuevo, me resultó muy difícil. Pero conforme la hemos estado trabajando y la hemos estado presentando, sin duda soy otra persona. Al principio de este proceso yo pensaba: nunca he hecho bullying en mi vida. Pero la cuestión es que no solamente el bulliyng es violencia, hay muchísimas formas en que las acciones y palabras pueden ser actos violentos y pueden afectar a otros. Fue entonces cuando me di cuenta que yo también estaba siendo no solo una víctima de la violencia sino también una persona que ejerce actos violentos. Este proceso me ha ayudado a poner más atención en cómo me expreso, en cómo me manejo con las personas, ser más sensible, con mayor apertura, escucharme y escuchar al otro. También las relaciones interpersonales de la compañía con muy diferentes.

–Con esto que me dices puedo pensar que nadie estamos exentos de la violencia.

–Definitivamente. Hay un dispositivo que fue creado por el Instituto Politécnico Nacional, que ahorita está muy difundido y es el violentómetro.  El violentómetro nos ha permitido aclarar las situaciones de violencia, apoyarnos en él para poder compartirle al público de forma clara que hay muchas formas de violencia: como el aplicar la ley del hielo, el ignorar, el jalonear, el bromear con los rasgos de las personas, cosas que tenemos muy normalizadas en nuestra cultura como ponerle apodo a alguien, y cómo esto puede afectar muchísimo a las personas. El violentómetro ha sido un recurso muy útil.  También hemos estado muy involucrados e interesados en la comunicación no violenta. La comunicación no violenta es un mecanismo de atención y observación hacia lo que estoy viviendo, a lo que estoy sintiendo, a mis necesidades para reflexionar en ello y buscar alternativas para comunicarme con el otro de una manera pacífica, compasiva, no violenta.

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