En día de madres: un baile desde el interior

Carlos Sánchez

Que bailar es soñar con los pies, dice en su afamado vals el flaco Sabina.

En el Cereso Femenil, hoy que es diez de mayo, se acata la premisa, se clausura el pudor: bailar es la consigna. La inhibición que deja de existir.

Porque es día de madres y para ello se organiza la fiesta, el concurso de belleza, la construcción de carros alegóricos. La transformación del espacio se dibuja inminente cuando el ingenio de las muchachas se ejerce.

De pronto una silla de ruedas es un auto de colores donde la candidata del pabellón Pitic arriba al escenario, frente a los jueces quienes en el curso de la algarabía decidirán qué equipo es el de mayor ingenio, la participante más bella, el rey feo que también es dama y se caracteriza de varón.

Una carretilla juega a ser un auto elegante. Una silla de oficina se transforma y es parte del desfile. Un carnaval donde todo es risa. A intervalos el llanto. Porque llegó el momento donde las candidatas leen sus mensajes para las madres.

Desde temprano, la fraternidad es un sol que alumbra el área de visitas. Hay mesas y el desayuno dispuesto: chilaquiles y frijoles refritos, refresco y conversaciones.

La añoranza siempre presente. Aunque disminuye en el momento de la rifa y esos obsequios que llegan a las manos de las muchachas con fortuna. Unos aretes, algún otro objeto que servirá para encender la sonrisa.

De pronto dos invitados cantan. Las morras corean. El escenario se convierte en un área de baile cuando una rola sabe a cumbia. Las palmas de las manos marcan el movimiento colectivo. Selena la inmortal convoca a Bailar esta cumbia.

Nadie dice que no. Los árboles más que testigos de la alegría, son comparsa, se menean al ritmo del viento.

Perfecta caracterización la de las chavas vestidas de chavos. La actitud parecería que les salva la vida. Ante la adversidad también la broma. Para que nadie arrebate la posibilidad de sonreír.

Un carnaval adentro. La similitud de una manifestación citadina, donde la competencia entre pabellones tendrá un ganador al final. Tepito, Pitic, La joya. De allí emanará el mejor de los equipos, de allí se levantará la victoria luego del dictamen que emitan los jueces.

Mientras esto ocurre lo bailado seguirá impreso en la memoria. El tarareo, la emoción. Porque es diez de mayo y todos provenimos del vientre de la madre. Aquí adentro, allá afuera, el origen es el mismo. Y la convicción inherente al ser humano es la búsqueda de la felicidad.

Es diez de mayo, día de madres. En la cárcel también se vive como un sinónimo de generosidad. Y un plus: bailar.

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