El poco hacer de las instituciones tiene algo bueno: nos independiza

Diálogos sobre cultura y sociedad

Michel Axel

Tres invitados que simbolizaba cada uno la visión desde el cine, la calle y la antropología. Una mesa, tazas de café y del otro lado, asistentes que representaban al ciudadano, pero también al artista; teatreros, bailarines, malabareros, escritores. La tarde del sábado entre cerros y libros, la casa morada.

Sacar la discusión de las redes más allá de las reacciones en Facebook para problematizarlas como comunidad es la intención de estos Diálogos sabatinos. Se abre la primera de tres rondas con una cuestión fundamental: definir la cultura. Cada ponente responde desde su pasión y trabajo cultural.

Un gran entramado de símbolos que problematizamos para encontrar caminos,el cine es vehículo de interculturalidad dijo Mónica Luna.

La cultura es como la sangre de un organismo: provoca conexiones para interconectarnos, señaló Pavel Cuauhtli desde la música y la idea de un escenario joven en Fiestas del Pitic hace 12 años.

Para René Córdova y el resto de los antropólogos la respuesta es más general: todo lo que hacemos los humanos y todo lo que nos hace ser quien somos. La ceniza de una fogata es cultural, nos dice, a diferencia de un incendio forestal no provocado.

El público piensa sus respuestas, difiere o asiente. Terminada la introducción la moderadora abre la segunda ronda para entrar en materia. ¿Cuál piensa que ha sido el impacto del trabajo cultural en la sociedad hermosillense durante las últimas dos o tres décadas?

Todos rememoran, inevitables las anécdotas y la nostalgia de la que pareció ser la mejor época para la cultura en Sonora; los 80’s. El sexenio del médico Samuel Ocaña fue fundacional, concuerdan; la creación del Instituto Sonorense de Cultura y la construcción de museos y teatros que hasta la fecha son pilares de la ciudad. Beltrones, por otro lado, fue el primero en tener un foro con artistas, sin embargo nunca ha existido un diálogo con la comunidad como tal, pues los eventos culturales dependen más del gusto de directivos que de las necesidades de los ciudadanos. Recordemos la visita de Placido Domingo: los personajes políticos viven en el Siglo XIX con la idea de que existe una alta cultura y que ésta tiene como finalidad otorgar un status. Si la década de los ochenta dejó las bases en infraestructura basta con ver el mapa de la ciudad para saber que las cosas no son tan diferentes que hace 30 años, a excepción de un polémico MUSAS y una Cineteca inacabada, vivimos un estancamiento ¿o retroceso? cultural.  Hace falta un diagnóstico muy serio de nuestras políticas culturales, concluyeron. Todo esto como una gran paráfrasis.

Llega la tercera ronda para aterrizar los planteamientos ¿Cuáles son los retos de la sociedad y, por otro lado, del Estado, en afán de enriquecer culturalmente a la ciudad?

Las instituciones ya no están funcionando y seguimos desatendiendo lo que somos como sociedad. La realidad es que la sociedad va por un lado y las políticas culturales van por otro. Tenemos artes y formas que no están protegidas porque no son legitimadas por instituciones, o sus directivos.

Busquemos -coincide el foro- la configuración de una política que nos agregue a todos, y sobre todo voltear las responsabilidades: la institución no debe producir sino administrar, y los recursos son nuestros. Habrá que ser multicultural, pero también intercultural porque estamos dejando fuera otras expresiones que nos aportan y modifican.

El gran reto es despertar, abrir los ojos con crítica sólida y no desperdiciar tanta energía en la queja contra las instituciones, dediquémonos como lo hacemos ya muchos en crear comunidad, sólo juntando al gremio es posible llevar a cabo festivales independientes. A fin de cuentas “el poco hacer de las instituciones tiene algo bueno, nos independiza”.

 

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