El Mayor Bohórquez

Jorge Ochoa
Nadie tiene la obligación bordada de pensar ni de crecer como el otro, claro está, y por ello quiero dejar bien sentado que mi nota de asistencia a este realumbramiento o florecimiento reunido en poesía,  es de pura y llana gratitud.
Mi vanidad es como todas y a nadie molesta, porque a señas de un presente tercamente descompuesto, me precio de haber conocido a un poeta de verdad; un poeta como tal,  que las cuarenta y ocho horas del día se  montaba a la valentía y a la estética; que con el aire cuaresmal y vespertino se desangraba con el sólo zureo de las pitahayeras y las tortolas; dicharachero, pundonoroso como ninguno, y nadie como él fue de una vanidad natural en la acción de la cocina, porque al momento de la creación teatral o de la lírica, a un mismo tiempo, repito, nadie como el Mayor Abigael,  poemó las albóndigas gigantes con picante alborozo, ni sazonó con albahaca tan fodongamente el picadillo.
Por ver reunida la obra poética de  Bohórquez en un tomo elegante y sobrio, quiero dar  mis gracias personales, públicamente, a  tres grupos de personas para mí harto importantes y a todos por igual. A los aficionados, autoridades y duchos en la materia, que han hecho posible mostrar al universo esta otra obra como carta de presentación de la poesía americana; a la albacea, parientes, instituciones, amigos y vigías, quienes han hecho posible el prodigio, y hacen del conocimiento general la obra de Abigael Bohórquez García: ellos saben sus nombres; pero, quiero agradecer de  manera especial, muy especial y sincera, a los detractores de siempre, porque si han tenido conocimiento de la razón poética de Abigael y tienen los elementos suyos para contradecirle, perfecto, porque nadie tiene la obligación de pensar como el otro, ni de callar; a los prejuiciados y los prejuiciosos, porque a ojos abiertos ponen cianuro a cuanto señalen sin el más mínimo principio, y se echan al abarranco encandilados por juicios celestes y morales hasta las náuseas, porque, pese a todo, así como aparecen se caen; gracias a ellos, de verdad gracias, porque gracias a estos es que ahora nos encontramos aquí.
Nosotros, los defensores a pedradas de la obra bohorquiana, no dejaremos de sumarnos nunca, a quien sólo tuvo en corazón y mente, una eterna y siempre viva cita con lo humano. Yo, por todo lo que debo a este Mayor, igual que el trébol y sus puntas, crezco sin hacer barullo como dice el Atahualpa.

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